Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA

19/07/2009

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RECORDAR


En la semana de reapertura de los teatros, el cuarteto salteño integrado por Rodrigo Villarreal, Iván Vera, Juan Peñalva y Facundo Rufino deslumbró el pasado viernes, en el ND Ateneo, a una multitud de fanáticos que llenaron el teatro llevando consigo un recuerdo a puro folklore, en un recital de casi dos horas que contó con la presencia de Abel Pintos.

Ni una sombra pudo encontrar lugares libres en el recinto y tal es así que antes de la hora pactada, los músicos salieron al ruedo, rememorando las épocas doradas del folklore, con tres guitarras y bombo, en defensa de las raíces, de lo considerado antiguo y casi olvidado; sin pedir permiso en un escenario oscuro. Los instrumentos encima dieron pie a la tenue luz roja avivada por una lluvia de globos multicolor que se perdieron en el esplendor del escenario, cuando sonaron “Padre del carnaval”, “Zambita de piel morena”, “El que toca, nunca baila”, “Al jardín de la república” y “Cantores del Alba”. La gente, de pie, ya comenzaba a agradecer semejante muestra de canciones.

Las chacareras “Aunque no quiera yo” y “Domingos santiagueños”, provocaron la desinhibición de los bailarines que comenzaron a acaparar los pasillos pero fue recién en ese momento, los primeros sorbos de agua auxiliadores, el descanso y el saludo a la multitud, que entre jóvenes y mayores, repicaban en palmas la predisposición de los artistas por cantar y dejar hasta el último aliento en cada estrofa.

“Estamos realmente muy contentos porque han venido ya que pensábamos: qué hubiésemos hecho si no venían; nosotros somos el 20% del show, todo lo demás lo ponen ustedes…”, exclamó emocionado Villarreal y posteriormente, el toque romántico folklórico de Canto 4, donde el color de las voces, los coros y matices quedaron manifestados en las zambas “Como el río” y “Nuestro adiós” y para variar, el himno de Benito de Jesús “Nuestro juramento”.

En otro bloque del recital, las canciones cubrieron los ojos risueños de las fanáticas con “Para volar”, siguiendo “La pura verdad”, a ritmo de guitarra y charango y “Ay! amor”, con arreglos de acordeón.

Con gran capacidad de cambiar los aires festivos a pensativos, unas notas dulces de teclado dejaron a “Sin vos” andar por el escenario, esa misma plataforma que más tarde sorprendería con la presencia de Abel Pintos para interpretar “Confesión”, canción que además, está grabada en el disco Canto 4.

“Gracias por ser buenas personas, pero por sobre todas las cosas, ser grandes amigos”, comentó Pintos agradecido por la invitación que rememoró los encuentros cotidianos entre los artistas, por trabajo, tras una guitarreada o un asado, pero la reunión no terminó allí porque, antes de retirarse, dos zambas lo encontraron a Abel con la ovación merecida en “El beso” y “Cuando ya nadie te nombre”.

Para seguir la fiesta, a ritmo e introducción de “La Saya” sonaron “Veneno para olvidar” y “Canción y Huayno” y el baile ya era oficial entre toda la gente, en las butacas acompañados de palmas con “Hasta la salida del sol”.

El agitado movimiento entre los espectadores no fue impedimento para que coreen “Sombra herida” y el clásico “Recuerdo Salteño”.

El adiós era inminente pero, como en los viejos patios de tierra, las parejas ocuparon ambos pasillos laterales y bailaron al ritmo de “Chacarera del rancho” y “Chacarera de un triste”, mientras unas seis mujeres del público lo hicieron directamente en el escenario, detrás de los intérpretes.

Parecía que Santiago del Estero se apropiaría del adiós pero fue Salta con su himno, el aplauso y el pañuelo en “La López Pereyra”.

La multitud no los dejó irse por lo que cerraron, junto a Abel Pintos con la zamba “Jamás”, con la fuerza imitadora de Los Chalchaleros y la propia identidad de Canto 4.

A la noche porteña la cubrió un manto salteño, con aires de recuerdo, de nostalgias, con baile y la alegría en cantores que supieron transmitir la voz de sus raíces, e hicieron olvidar una pandemia que asustó al país y en una lucha constante, el cuarteto norteño le ganó la pulseada a la gripe olvidada entre los aplausos de cada corazón que llenó el Teatro ND Ateneo.

Nota: Jorge Gonzalez

Fotos: Santiago Loufedo


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