Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


19/02/2009

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RECORDAR


Ayer, los jujeños desataron una fiesta que colmó de alegría a la Bodega Encantada. En la noche anterior, Gieco pintó un homenaje por cada estrella. La Yunta, Bruno Arias Rafael Amor se destacaron por igual en el festival.



El ritual vuelve a repetirse, puntual. Hay lugar para todo tipo de propuestas sobre el escenario “Payo Solá” (en homenaje al bandoneonísta carpero que popularizó la frase “El que toca nunca baila”). El clima es agradable y la lluvia sólo una amenaza.

La segunda jornada ya está en movimiento. Los primeros en sobresalir son Julián Humarán y Gustavo Paéz, que con el nombre de La Yunta llevaron a lo más alto al Jardín de la Republica.

“Tucumán adentro” sonó como una escarapela de su propuesta y dio paso a temas clásicos como “Viene clareando” y “Luna tucumana”. Entre la ovación del público, La Yunta se despidió con “Mi negrita”, dejando a todos con ganas de más.

Vale 4, que pareciera jugar de local, no pudo sobrepasar los constantes problemas con el sonido. “No puede ser que en todo el recital no suene ninguna de las dos guitarras”, reclamó uno de sus integrantes tras la actuación.

Pese a ese inconveniente, los salteños se la rebuscaron para brindar un espectáculo a la altura de las circunstancias. “La repiqueteada”, la impactante versión de “El seclanteño”, fue un anticipo de lo que cantaron antes de invitar al santiagueño Franco Ramírez.

Pasadas las 2 de la mañana, un León andaba suelto por Cafayate. Con luz tenue, una pantalla gigante se posaba en el centro del escenario para proyectar la vida del santafecino. Entonces, una sombra tomó color y el delirio estalló.

León Gieco arremete con una seguidilla de canciones para que la noche sea definitivamente inolvidable. “Carito”y “Cachito, campeón de Corrientes” se mezclaron con los cientos de rostros de aquellas mujeres que hicieron grande a la humanidad.  Así, “La memoria” trajo -en imágenes- a personajes como Las Abuelas de Plaza de Mayo, aplaudidas de pie en cada una de sus apariciones.

Pero los homenajes no se hicieron esperar. “Guitarra” (letra de Atahualpa Yupanqui y música de Gieco) hizo correr algunas lágrimas al nombrar al padre del folklore. El reconocimiento a los inmigrantes llegó con “De igual a igual” y el recuerdo del Padre Mujica con “Por favor, perdón y gracias”.

La esperanza se sintió al son de “Yo soy Juan”, en referencia al ‘último nieto aparecido’, mientras que el dolor caló profundo con las estrofas de “El ángel de la bicicleta”, que refleja la historia de Pocho Lepratti, asesinado de un balazo.

“Hace tanto que no vengo a Cafayate, que tengo ganas de cantar todas las canciones”, expresó un León Gieco emocionado antes de llamar a los últimos consagrados de Cosquín: Los Huayra, con quienes entonó su himno ”Solo le pido a Dios” para que la Bodega explote de encanto.

En seguida, lo más refinado del cancionero jujeño se enamoró de la voz de Bruno Arias, que irrumpió en el “Payo Solá” para darle un broche de oro a la segunda velada. “Changuito voz de urpilla”, “Locallito”, “Guanuqueando” y “La vi por vez primera” fueron algunas de las canciones que el público recibió con admiración y respeto.

“Me declaro en contra de las minas”, dijo Arias y soltó una im-pre-sio-nan-te versión de “Zamba de los mineros”, casi a capella, que lo encontró mezclado entre las plateas. Esa misma que se resistía a dejarlo ir.

En la tercera noche, la luna ya se dejaba contemplar sin pudor. Otra vez el festival más importante del norte argentino volvía a palpar la suave mística de su encanto. Había alegría, pero sobre todo, un espíritu serenatero que trasciende estrictamente lo musical.

¿Los responsables de ese clima? Los Tekis, que una vez más contagiaron con sus carnavalitos, sayas y ritmos latinos a una Bodega Encantada que quedó hechizada en plena madrugada.

La Serenata a Cafayate muchas veces es testigo de momentos irrepetibles de nuestra música, la entrega de Los Tekis fue uno de ellos. “Carnavaleando”, “Pensando en ti”, “Diablero” y “Llorar, llorar, llorar” fueron los primeros temas que desplegaron sobre las tablas.

Anticipando lo que será su peña en Tilcara, donde grabarán un DVD para coronar el décimo trabajo discográfico en su carrera, hicieron delirar a fuerza de “Llegó el carnaval” a un público entusiasta que llenaba de saltos, trencitos y canto a una tercera jornada, que sin duda quedará en las páginas de la historia grande.

Antes, el poeta consagrado Rafael Amor dio cátedra con su dicción y acaparó la atención de los presentes. “Bendita la raza negra” y “Corazón libre” fue el epilogo de una actuación de excelencia.

Luego, Matacos puso al palo la chacarera y dejó el terreno apropiado para que Elpidio Herrera y las Sachaguitarras Atamisqueñas llenen de admiración con sus instrumentos. Una tras otras las chacareras, con bailarines aficionados sobre el escenario, “La tentación” hizo poner de pie a todas las almas congregadas.

Así, luego de una modesta apertura de la XXXV edición del festival, el espíritu serenatero volvió a despertar a los duendes de la Bodega Encantada, y con un grito bien alto, los visitantes entonaron el veredicto final: “¡Alegrate, Cafayate!”.


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