Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


12/09/2022

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RECORDAR


En la noche del sábado Horacio Banegas presentó “Santiago es Pueblo que canta”, donde compartió el escenario con su linaje y con el público, su familia ampliada, que lo sigue a sol y a sombra por todos los rincones del país. ¿De dónde sale esa fidelidad, ese vínculo inquebrantable? Probablemente en la coherencia que el compositor supo construir y sostener a cada paso: “Con los años fui desechando el ego y la soberbia, porque fui aprendiendo que la chacarera, la vidala y la canción son más inmensas y trascendentes que yo. En estos tiempos vertiginosos el acto desesperado del ser humano de deslumbrar, los que son músicos se distinguen del resto porque tienen un proceso de formación y comunicación más íntimo, más de ceremonia consigo mismos, y seguramente cuando termine el show, en la oscuridad se escucharán sus latidos, su respiración, y las caricias a su guitarra”, apuntó antes de desgranar melodías en La Trastienda.

El encuentro se inició puntual, a las 20:30 y fue, de principio a fin, un ritual donde la tradición popular se abrazó con lo eléctrico, con distorsiones y pogos incluidos. La canción que dio nombre al espectáculo fue coreada por los asistentes, y entonces Horacio expresó “Estoy agradecido, me siento honrado por compartir este momento. En el mundo pasan cosas feas, pero la música es una caricia al alma, así que cuando tengan ganas de cantar, canten”, dijo y le abrió paso a la hondura de “Solar de mi niñez”, que se potenció con las cajas copleras sostenidas en alto por sus hijos.

Ellos mismos, “Jana” y el “Mono” activaron sus pedaleras para los ecos insistentes y rockeros de “Corazón de la salina” que se actualizó al hoy, desde su origen en “La ciudad desierta”, el trabajo que el copositor lanzó en 1998. El viaje por tiempos de chacareras siguió hacia atrás y llegó hasta 1991, y todo fue fiesta de palmas y danzas con “Mi origen y mi lugar”, un clásico que hace más de dos décadas nombró a otra de las placas del artista.

El itinerario pasó del retorno a la niñez con “Huayno de mi infancia”, en un instante que despertó alegrías y emociones. En seguida, la celebración fue indudable con “Para cantar he nacido” y aquellos versos contundentes e imperecederos de Bebe Ponti: “Si el canto no se levanta/ como la hoguera del fuego/si no libera las penas/de los que están en la tierra/de nada sirve que suene/la voz de la chacarera”.

La propuesta prosiguió con la primera zamba de la noche “Que tienen los sentimientos”, que regó pañuelos celestes y con wiphalas en las manos de ocasionales bailarines. “Los trabajadores entraban con sus carros al Río Dulce y cuando venía la creciente, no comían. Era el centro de sus vidas, la comida de sus hijos, de sus familias” expuso Banegas, reflexivo tras “El arenero”.

En una pausa de la música, el anfitrión dedicó palabras de gratitud hacia sus seguidores “Es muy lindo ver a los habitués de la primera fila”, afirmó y recordó puntualmente a “Chiche” Vázquez: “ella siempre estaba en nuestros shows, hoy nos acompaña desde arriba y están aquí sus hijos. Muchas gracias” dijo y trazó uno de los puntos más conmovedores de la reunión.

Luego, Cristian, el “Mono”, Banegas entonó una particular versión de la “Chacarera para mi vuelta”, que hermanada con la copla, danzó con el aire, y novedosos acordes en su bajo de seis cuerdas. En seguida Enzo “Jana” Banegas hizo lo propio con la magia de su guitarra en “Cenizas de mis años” que se transformó en un tríptico familiar, soportado por Franco Giovos en batería y percusión.

Más tarde, la rítmica festiva de “Corazón salavinero”, “Florcita i’ tusca” y “Semillitas” invitó a los asistentes se levantaron de sus asientos y danzaron con las canciones. Entonces, el anfitrión aclaró “Queríamos presentarles estos temas nuevos, que estamos tratando de dejar en el próximo disco”.

  Colores del Norte  
En paralelo, las zambas arribaron con “Ángel”, “Niña de julio” y “Rubia Moreno”. Tras el romance, las palmas poblaron la sala con “Hilando sueños”, donde la banda mostro complicidad, precisión y disfrute. Seguidamente, “Coplas del silencio”, “Sueño de amor”, “Guitarra de sal” y “Nostalgias Campesinas” enriquecieron el paisaje sonoro de la velada.

Con la insondable “Canción del quenero”, se desgranaban las melodías finales de un concierto que se extendió por casi 90 minutos con un popurrí que incluyó “Hermano Kakuy” y la “Chacarera del Cardenal”. De nuevo, en diálogo con el público –en el que se contaron figuras del folklore como “Musha” Carabajal, Miriam Talone y César Tapia- Horacio comentó: “Gracias por seguir manteniendo esta llamita de nuestra música popular”.

Los asistentes retribuyeron con aplausos el mutuo amor por las canciones que este compositor ha sabido instalar en el ADN del pueblo, seguramente a la espera de un pronto reencuentro a través de piezas que conmueven por su poesía, en el escenario y en cualquier parte.


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