Notas
NOTA DE INTERÉS


22/01/2022

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RECORDAR


Ya está. Ya llegó. Esta noche Cosquín comienza una vez más, en esa repetición o loop hermoso que se frenó por el virus (de manera presencial) después de repetirse durante 60 años. La edición N° 62 ya es una realidad y con la ilusión de estar a la altura de homenajear de la mejor manera al escenario, que desde hace 50 años lleva el nombre de Atahualpa Yupanqui: lo que significa su historia, lo que significa en el ahora y pensando a futuro.  

Esta noche a las 22, cuando el Maestro de Ceremonias infle el pecho para dar la bienvenida, será para llenarse los pulmones y las ganas de vivir otro Festival. Una bocanada de aire fresco hecho música, para cortar con el agobio sofocante del calor y del Covid, que nos dejó hace un año sin la Semana Nacional del Folklore. Un viento, el mismo que curaba la tuberculosis cuando todo esto comenzó, que necesita curarnos el encierro, la falta de contacto, la falta de noches de magia. Un soplo de aires nuevos, para que la música de raíz los tenga en nuevos y nuevas referentes. Para que nadie quede afuera de esta Fiesta.  

Esta noche volverán los abrazos (a la distancia). Los codazos, serán una muestra de cariño para quienes Cosquín es punto de encuentro, de momentos inolvidables y de anécdotas por vivir. Se abrirán las palmas para aplaudir y se cerrarán para saludar y guardar así, con fuerza, el deseo de que todo esto pase lo más rápido y si no, lo mejor que se pueda.  

Sonarán las campanas con más fuerzas que nunca, porque verán a la gente volver, un poco distanciada un poco no, como en un peregrinar de esas cosas que nos llegan al alma. El milagro empezará a asomarse cuando exploten en el cielo los fuegos y en el suelo se enciendan los de los artistas.  

Más que nunca “el destino del canto” deberá ser “serio” para estar “ligado al destino del hombre” como recordase Atahualpa sobre su discernimiento de lo que valía la pena escuchar.  En tiempos donde no sabemos dónde vamos a parar, en tiempos donde la tierra se quema sin importar ya nada, Yupanqui estará velando desde algún lugar por un “canto con autenticidad” para que sea la llama de nuestra música la única que se mantenga prendida. Esa que se podrá ver en la muestra itinerante del poeta “Tierra que anda”. Andarán muchos por el escenario: consagrados y quienes quieran consagrarse y ser bendecidos por alguna de las nueve lunas. La gente esperará que rindan culto a “Don Ata” y que, como él, no se rindan para buscar la profundidad del quehacer artístico. Lo único importante será esa búsqueda, no quienes la realicen. Ya el Pre-Cosquín, en sus 50 años, ha sido histórico y fue marcando el camino de cómo debe ser un Festival: con grupos de malambos mixtos, de mujeres; con artistas folklóricoss de la comunidad LGBTQ +; con Tres Cuartos Vocal logrando inclusión para que estemos completos; regalando algo maravilloso como fue la participación de Ferni de Gyldenfeldt, cantante trans no binaria, quien por su accionar logró que no haya distinción de género en categorías del certamen. Si bien “no ganó”, sacudió la modorra que algunos festivales y ambientes tienen desde siempre con las demandas actuales, como el cupo femenino. Cosquín es hermoso por donde se lo mire, pero también ha tenido errores históricos, como cuando la Comisión no quiso que cantase Mercedes Sosa. La historia debe empezar a cambiar el curso, para que nos moleste que Nenette se tenga que haber llamado Pablo del Cerro. Tanto aquellas veces, como en esta, hay que empezar a entender que no importa el género si no lo que genera.

El regreso a la presencialidad va a estar regido por las normas y los protocolos que exige el momento: presentación del pase sanitario, sea el carnet vacunatorio, el Pase Sanitario Ciudadano digital o la aplicación Cuidar 3.6. Pero también para volver a presenciar el Festival en carne propia, también habrá protocolos: en tiempos digitales y de shows vía streaming el estar en el mismo lugar será una emoción inmensa y hermosa; el pase a la Próspero Molina será la sonrisa que no podremos sacarnos de la cara y el cuidado a aplicar será el de hacer bien las cosas, para volver a encontrarnos más seguido. Porque no es que no ha habido vida en Cosquín, todo lo contrario: la Comisión llenó de peñas y actividades en todo este tiempo. Pero Cosquín en enero es -muchas veces- más que el primer día del año. Es comenzarlo realmente, bajo el manto del Pan de Azúcar, mirando los ojos y las manos de los artesanos, recorriendo las muestras, las charlas, los poemas que están por ahí asomando entre los árboles de la ciudad, entre las notas de Marina y sus cantos. Es el baile, la danza, es quienes bailan, se expresan y festejan con el cuerpo, después de tanto daño. ¡Si hasta el Patio de la Piry, que es hermoso siempre, tiene algo especial en esta parte del año!

Porque en enero festejamos la “Constancia de lo permanente”, con Mareco por ahí hablando, porque Cosquín es estar ahí y pensar cómo volver al siguiente año; porque Digiano charlará del canto popular, sabiendo que para que sea permanente y trascienda debe ser sincero y sin engaños; porque Cosquín es un viernes donde Silvia Majul, revive a Hamlet Lima Quintana para que ilumine como esas personas que son así, necesarias. Muchas de ellas estarán estos días, trabajando, cubriendo, escuchando, analizando. Porque parte de su vida es Cosquín, como la de Rubén que desde Villa María con su nieta empezará a bailarlo; con “la” Fer, que sigue siendo ella, que no negocia nada, como la esencialidad “del Cosquín” que es sagrado. Andarán varios duendes propios de este Festival, por otras partes: Emmanuel saltando y danzando, Painé sabiendo que siempre está cerca, como Rosario, o Gime que lleva a la ciudad por todos lados, por ejemplo en el sur que es su norte; Mauro y Magdalena, retratando bien alto, mientras que Daniel nos haga reír por lo bajo. Cosquín será una nuevamente Cosquín, cuando Eduardo, Mario, Marcelo, Fede y Alejandro entren en un abrazo, cuando Sergio y el “Pelado” sigan enseñando con la tinta; cuando quienes sacan fotos capturen con la sensibilidad que los caracteriza todo lo que pasa en la Próspero y que a la piel eriza; cuando la memoria me traiga la primera emoción de hace diez años.  

Que Cosquín comience a cantar y a contar, porque tiene mucho para hacerlo. En el año de las bodas de oro del nombramiento del Escenario Mayor, que vuelva a brillar, en honor al homenajeado. El que en 1972 con “su rostro aindiado bajo las poderosas luces de los reflectores, transfirió el homenaje a los precursores, a los luchadores del movimiento folklórico que murieron sin haber contemplado la realidad triunfante que él veía”. Que la memoria se siente a ver el espectáculo, que ronden los Buenaventura Luna, los Andrés Chazarreta, los Guarany, las miles y miles de Mercedes Sosa que nunca llegaron. Que sea una edición a la altura de la historia, con Atahualpa como abanderado, quien sabía que “el éxito hasta se puede mendigar, solo la gloria se conquista”. Que Cosquín comience a cantar y a contar, que quienes levanten la voz frente al público lo hagan queriendo la gloria en homenaje a Yupanqui y en semejante escenario. O por lo menos, haberlo intentado. 


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