Notas
ENTREVISTA


02/11/2021

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RECORDAR


Barro lanzó “Canciones como flores”, su segundo disco editado en forma independiente, disponible en las plataformas digitales del sello Shagrada Medra.

 Barro: Cintia Amorela Bertolino, voz y percusión, Franco Bongioanni, voz y guitarras, Gonzalo Díaz, percusión, teclado y coros y Agustina Cortés, saxo, teclado y coros. Las instrumentaciones contemplan una variada paleta tímbrica, que incluye desde cotidiáfonos hasta un sintetizador.

Barro propone una forma santafesina de decir y cantar, moldeada por la diversidad musical que nos atraviesa. Canciones que nacen de una mirada sensible, construida revolviendo la mochila cultural y usando sin prejuicio lo que hay en ella: tradiciones heredadas, impuestas y las que elegimos como propias.
La música, para Barro, es sostén, impulso, combustible esencial para vivir.  

  ¿Qué buscan transmitir en “Canciones como flores”?  
Una forma de hacer música, un proceso de producción artística que trasciende lo musical, se abre al juego, al diálogo de vertientes culturales que nos habitan, nutren e interpelan. Una dedicación plena, artesanal, al servicio del mensaje poético y su poder transformador.

  ¿Cómo fue el proceso de gestación del disco?  
La creación de cada canción se dio individual y colaborativamente en algunos casos. Luego el minucioso trabajo colectivo de laboratorio en el armado de arreglos, en elegir tímbricas, explorar texturas, capas rítmicas. Entregarnos al juego y goce para encontrar esa trama-paisaje sonoro que enfatizara cada canción.
Así llegamos a realizar este álbum con un repertorio armado que ya tenía un recorrido en vivo por escenarios.  
El proceso de producción específico (grabación y mezcla) duró dos años. Trabajar en estudio propio nos permite tomarnos el tiempo para probar, elegir y experimentar para llevar esas canciones y arreglos al lenguaje de la música grabada con códigos y posibilidades diferentes al de la música en vivo. Tratamos cada canción como un micromundo, cargado de sutilezas, planos sonoros.  
El Máster fue de Nahuel Ramayo que aportó con dedicación y sutileza ese último toque sonoro.

  ¿Cuándo y cómo aparece Barro?, ¿Cuál es su búsqueda artística?  
Desde 2006 Barro fue un espacio para encontrarnos a crear canciones que hablen del lugar y el tiempo que habitamos, por ello es difícil definir un género específico de lo que hacemos, usamos lo que llevamos en nuestras mochilas culturales como materias primas: la infinita riqueza de los folclores afro-latinoamericanos, el juego armónico e improvisatorio del jazz, la potencia del rock, el contrapunto y la sutileza de música de cámara. Nuestro trabajo es moldear, combinar, yuxtaponer esa materia para construir el sentido de canción.  

  El litoral, sus calles, sitios emblemáticos, es decir, el contexto, es, en verdad, el que sugiere el sentido profundo del disco ¿Es así?, ¿Hay algo más que quieran decirnos?  
Sí, sin duda nuestro entorno está muy presente siempre en lo que hacemos. Asimismo, también aparecen otros lugares: viajes, paisajes ante los cuales nos sentimos pequeños, y personas que nos cruzamos en esos caminos. Experiencias que nos enriquecen, transforman en el intercambio, incorporando maneras de hacer, pensar y sentir la música y la vida en general.

 ¿Con qué tipo de folklore y música en general se sienten más identificados/interpelados como oyentes y músicos?  
Cada uno transitó un recorrido muy rico y diverso en cuanto a vertientes musicales. En ese vasto universo aparecen el jazz, el rock (tanto Spinetta como Bjork), los folklores afro latinoamericanos (la música de Brasil, el Candombe, Altiplano, Litoral, Violeta Parra, Yupanqui) y hasta la música clásica. Pero más allá de esas influencias nos sentimos identificados con artistas contemporáneos, cercanos, amigos: Seba Ibarra, Julián Venegas, Soema Montenegro, Seba Macchi, Juanito el cantor. Y no tanto por las semejanzas externas de esas músicas sino por la búsqueda de cada una de su singularidad, que es más “para adentro” que intentar de definirse en un género musical preexistente.  

  Pasa algo trágico con los ríos de nuestro Litoral en relación a sequías y lo mismo con otros aspectos que afectan a nuestros recursos naturales ¿Qué pueden decir al respecto?  
En ciclos de crecida y bajante se evidencia la conflictiva relación de nuestra manera de vida como sociedad “civilizada” y la naturaleza. Cuando suceden esas catástrofes vemos que nuestro hacer como sociedad en general agrava la situación: cómo construir y administrar ciudades, cultivar arrasando con bosques nativos, y un larguísimo etcétera que nos deja al borde de un lugar de no retorno sobre el cambio que provocamos en el entorno natural. Perdimos la conciencia de que somos parte de un todo, un gran organismo vivo que es nuestro planeta tierra, obnubilados por la idea de acumulación y progreso económico desenfrenado. Así, toda acción que proponga otra lógica, por mínima que sea, es un acto de resistencia: entender otras maneras posibles de vincularnos con la naturaleza, están siempre ahí nomás, al alcance de la mano.
 
  ¿Qué significa ser parte de este gran sello independiente?  
Integrar el exquisito catálogo de Shagrada Medra nos colma de alegría, nos honra y sentimos que nos amplía la familia, creemos fuertemente en el trabajo colectivo para crear, visibilizar y desarrollar nuestra rica diversidad musical. Celebramos desde siempre la valiosa y amorosa labor de Carlos Negro Aguirre y Luis Barbiero ya que gran parte de ese catálogo integra nuestras discotecas y son parte de nuestra escuela musical.

  ¿Algo más que quieran decir?  
Destacar algo muy importante para Barro: lo visible. Producciones fotográficas de Pablo Martínez, la implementación gráfica de Té de Tintas y el arte de tapa de Jesica Bertolino, que nos acompaña desde siempre en la “pata visual” del proyecto. Su minucioso trabajo comparte el espíritu de cómo entender el oficio de artista, obreras y obreros puestos al servicio de algo más grande, que nos trasciende, contiene y hermana.



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