Notas
NOTA DE INTERÉS


30/05/2020

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RECORDAR


Hace apenas un año, el 30 de mayo de 2019, el universo de raíz escribía otra de las páginas tristes de su orfandad, por  el fallecimiento del músico y luthier santiagueño Elpidio Herrera, creador de la sachaguitarra.  El fundador de Las Sachas Guitarras Atamisqueñas,  murió como consecuencia de un accidente cardiovascular, a los 71 años, en de Villa Atamisqui, donde nació,  al sureste de la capital de Santiago del Estero.

 “A Elpidio se lo va a recordar como el creador del último instrumento hecho en la Argentina”, dice León Gieco en el documental de Lorena Josami “Sachaguitarra, el sonido del monte”, y agrega que es: “El Keith Richards de Atamisqui”.

Criado en un ambiente de músicos, de niño comenzó a tocar la armónica y la guitarra. Su padre era guitarrero y orfebre, de él aprendió a trabajar la madera. Cursó sus estudios secundarios en una escuela técnica, donde años más tarde se recibió de profesor de matemáticas. Con la idea de hacer música que representara a su pueblo,  en 1970 creó la sachaguitarra, un instrumento que combina la guitarra, el violín y la imaginación de su autor.

Para recordar a este inmenso creador, FolkloreCLUB dialogó con su hijo, Manolo Herrera, quien compartió un puñado de vivencias  y aseguró que su padre soñaba con que “algún día todos toquen sachaguitarra”.

A un año de su partida física ¿Cuáles han sido las mayores enseñanzas que te ha dejado tu padre?
Las enseñanzas,  todas.  Porque en cada paso que hago siempre estoy pensando y tratándome de acordar todo lo que charlábamos. Uno sabe que (un padre)  no va a ser eterno y las charlas que teníamos me las guardo siempre, los  consejos. A lo mejor , cuando él me hablaba no entendía mucho, pero hoy me doy cuenta. Por ahí algún paso que debo hacer musicalmente, cómo actuar ante la gente. Voy recordando cosas que por ahí me decía en las charlas. Hemos compartido muchas cosas,  yo siempre pegado al lado de él. Así que todo , hasta el mínimo detallecito me acuerdo. Tengo toda su enseñanza.

Alguna vez afirmaste que  intentarías continuar con su legado ¿cómo llevas hoy esa tarea?
Bueno,   en el tema del legado nunca me ha gustado a la palabra “heredero”. Siempre he dicho que” heredero” es como si te impusieran algo. Y yo siempre te he hecho estas cosas porque me gustan. Siempre lo decía mi viejo también: “esas cosas las tienes que hacer,  primero,  porque te gusta y después disfrutar. Y creo que lo disfruto hasta el día de hoy.... Con un saborcito ahí... No sé qué palabra utilizar... Al no estar él, porque para mí era todo él. Mi hermano dice que mientras suene la sachaguitarra va a estar él. Me aferro a todo lo que ha dejado en su música y sus letras para estar junto a él.

Entre todas las cosas que dejó, Elpidio tenía letras  que tu madre atesoró ¿hay algo que puedas contarnos de eso, algún mensaje o palabra para compartir?
Sí. nosotros veníamos componiendo los últimos días, siempre veníamos haciendo algo. Nos habíamos juntado más,  aprovechando las pausas de actuaciones,  para componer. Yo tenía algunas letras y él  les ponía melodía y sino al revés, buscábamos algo.


Ha dejado muchas frases escritas en un cuaderno. También las decía:  “si la fuerza de los jóvenes se uniera a la sabiduría de los viejos...”. Después,  cuando alguien no le entendía decía:  “al que no le gusta la criollita,  a la traviata” También recuerdo que siempre decía: “qué lindo cuando hablan de mí, me hacen acordar que estoy vivo”.

¿Continúas construyendo sacha guitarras? ¿Considerás que el instrumento debería propagarse más en nuestro país, como lo ha hecho en Alemania, por ejemplo?
Si no se construyeran más sachaguitarras,  lo estaría desilusionando. Porque él siempre decía que no quería que se quede ahí nomás,  que ojalá hubiera muchos que la ejecuten.  Yo creo que hoy en día muchos están descubriendo el instrumento, creo que antes le tenían miedo o algo así. No sé , como si la vieran como  algo difícil,  raro,  extraño. Pero se han dado cuenta que es un instrumento que suena similar al violín,  no es un violín. Suena y se pueden hacer muchos sonidos.

Elpidio siempre decía que la sachaguitarra es un instrumento para tocar con la imaginación. Bueno,  ahí está la imaginación,  donde tiene que aparecer el ejecutador. Ojalá un día sea un instrumento de todos, como él también lo ha soñado: que todo el mundo toque sachaguitarra.

Tu padre primero fabricó su caspiguitarra, luego una vecina aportó una calabaza "para hacerla sonar" y Sixto Palavecino la bautizó Sacha, por su evocación al monte y sus misterios. Fue una construcción colectiva, comunitaria ¿Creés que eso definió su sonido, tan particular?

Mi viejo había hecho una tabla encordada. El recordaba que sus padres decían que, al no poder comprar una guitarra de tienda,  hacían su propia guitarra: a una tabla le ponían cuerdas y le llamaban caspiguitarra. Con esa ocurrencia,  dándole forma,  ha llegado al programa de “El alero quichua santiagueño” donde Don Sixto (Palavecino) sugiere cambiarle el nombre de  caspiguitarra -guitarra de madera o de palo-  y ponerle sachaguitarra,  en homenaje a la gente del campo,  a la gente sufrida del monte.  Sachaguitarra:  guitarra del monte.

El programa era muy escuchado en aquellos tiempos, todavía está,  y una señora viene con un porongo,  un mate gigante,  y le deja mi abuela diciéndole “Elpidio es muy ocurrente,  capaz que se le ocurra hacer alguna guitarra con esto”.  Bueno,  esa señora le estaba dando una idea,  sin saberlo.  Entonces él  la fabrica, le hace una caja de resonancia a su sachaguitarra,  que ya la tenía. Un amigo se enamora de este instrumento y le dice “si vos me hacés una,  yo te consigo un porongo más grande,  un mate más grande”. Esa primera sachaguitarra,  de un mate gigante,  sufre todas las investigaciones. Porque no conformándose con que suene solamente como guitarra,  empieza a buscar cosas hasta que logra hacerle el sonido del violín y  queda identificada así , con los dos sonidos.

Los sonidos que tiene  yo creo que son vivencias también que él ha tenido. Me acuerdo que siempre en las tardes estaba con la guitarra buscando algo.  Él decía:  “busco qué... no sé”. Y era eso:  buscar sonidos,  investigar algo,  técnicas -por decir así-  del instrumento y creo que ha logrado muchas cosas.

¿Qué recordás de la grabación de Huañoj Tacko, el último trabajo que registraste con tu padre y las sachaguitarrras atamisqueñas?
En el último disco él me había dado ya el paso a ser el director,  el productor del grupo con el que ya hemos grabado cinco discos, las últimas veces con el sello Melopea. Y yo ya venía manejando,  eligiendo los temas, si había invitados. Me encargaba de todo eso. Creo que él tenía una confianza grande en mí que me ha motivado también a tener, por decir así,  mucha responsabilidad. Siempre he asumido con responsabilidad en lo que me gusta y él no tratar de desilusionarlo.

Por ahí,  sí dudaba de algo, sí sentía que algo estaba afuera de la línea de la sachaguitarra,  del estilo, lo planteaba con él, lo charlaba,  le explicaba por qué. Y él me decía “yo confío en vos”. Creo que nos poníamos de acuerdo. No queríamos que la sacha  sea- lo que se dice- tradicional o de proyección. Creo que siempre hemos apuntado a que esté vigente. A eso íbamos.


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