Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


Fotos: Eduardo Fisicaro

11/07/2019

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RECORDAR


Una evocación. Eso es Por ella Cantamos. Cómo traer al presente en un verbo aquella tanda rebelde de 13 conciertos en el Teatro Ópera, en 1982, que empezaron a anunciar el fin de la última dictadura cívico-militar y el regreso del exilio de Mercedes Sosa, quien, ahora, vuelve a latir sobre el mismo escenario. Esta vez, el grito libertario emerge desde sus amigos y amigas León Gieco, Víctor Heredia, Piero, Pedro Aznar, Liliana Herrero, Soledad, Alejandro Lerner, entre otros. A 10 años de su partida física, a sala llena, en el día de su cumpleaños, el homenaje a la voz de todos conjuga al recuerdo cotidiano para volverlo mágico.

Es feriado de 9 julio. El día de la Independencia. Felipe Pigna camina la calle Corrientes en los minutos previos al inicio del homenaje dirigido por Poppi Spatocco, el director musical de La Negra. Un pibe se acerca para invitarlo a una acción cultural. Es que la fila anuncia una sala colmada y capacidades agotadas. El mismo Pigna redondearía luego en un concepto lo que significó la mujer que todos sienten: “Mercedes es la mejor versión de la Patria”. Si, están todos y todas.

Las puertas se abren para la entonación del himno con todos los que ya homenajearon a la negra. Son, casi, los mismos que participaron del primero de los tributos, en Cosquín, cuando el espíritu de la cantora del pueblo se adueñó de esos aires. la banda sonora es la que acompañó históricamente el mensaje en la voz de la tucumana: Colacho Brizuela, Carlos Genoni, Rubén Lobo y Beatriz Muñoz. Spatocco es el artífice.

Los coros de la sala repleta son espontáneos, políticos. “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”, saluda el público. Nora Cortiñas recibe el calor desde las primeras filas. La comparación con los conciertos de 1982, cuando Mercedes regresó del exilio, se vuelve inevitable. El abrazo a las Madres, desde el legado de la tucumana, alcanza un nuevo capítulo. El anterior fue durante los conciertos “Los 150” realizados en la Fundación Mercedes Sosa, a beneficio del espacio que soñó la negra y su hijo Fabián Mathus.

Alejandro Lerner, Liliana Herrero y el dúo Orozco Barrientos se juntan sobre el escenario para hacer la de Fito Paez: Yo vengo a ofrecer mi corazón. Liliana se queda a solas, luego, con una versión de Guitarra dímelo tú. Araceli, la hija de Fabían, es musicoterapeuta y se sienta en posición de indio sobre una silla para cantar Zamba del que anda solo. Las canciones transcurren. las emociones también.

La primera ovación baja de las tribunas: Como la cigarrra, la sonoridad del exilio, regresa en voces de un trío de peso: León Gieco, Piero y Lerner. “¡La negra está entre nosotros, León!”, grita una mujer desde la platea. La canción avanza, como la emotividad en los ojos de los que conectan con lo que sucede.

“Mercedes, me hace bien escucharte”, redondea Hebe de Bonafini, la otra “mama” -así, sin acento- quien llegó en uno de los tantos videos que se proyectan sobre la pantalla gigante. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, vislumbra otro mensaje, también grabado, igual de sentido.

El tercero de la tanda es el Chango Spasiuk. “Mercedes tenía un magnetismo hermoso y te daban ganas de quedarte al lado de ella y no moverte. Ta generosa, tan inmensa, imposible de reemplazar”, recuerda el misionero y responde el concepto: “Ella no sabía cómo hacer para darnos una parte de su espacio y que todos los músicos pudieran crecer”.

Y la música sigue. “Esta canción me tocó escribirla cuando no se podía cantarla. La primera que me dijo: ‘Yo te la canto fue la Negra’”, recuerda Alejandro Lerner antes de cantar Indulto. El que regresa ahora es Piero para elevar un coro en Soy paz, soy pan, soy más y un Ópera iluminado se encamina hacia lo histórico. Es el turno de Franco Luciani, quien parece dirigir el pulso de su armónica con la mano que le queda libre y se lanza de lleno a lo exquisito con Piedra y Camino. “Nuestros jóvenes y adolescentes no se queden sin saber quién es mercedes Sosa. Tenemos ese compromiso”, advierte, emocionado.

Una “Sole” en jeans aparece sobre el escenario pero el público no la reconoce al instante. Madura la tarde y el encanto de la santafesina se empareja con Pedro Aznar en una magnífica versión de Zamba para Olvidarte. Las voces, el encuentro, el diálogo de Luciani se juntan con las imágenes que se proyectan atrás, en la pantalla, desde donde Mercedes parece emerger. El teatro ingresa en la suavidad de un coro que cae, de un público perplejo de belleza.

“Ella eligió no conformarse con el fervor ese un mensaje justiciero. Sino que envolvió ese mensaje con un contenido artístico. Yo he grabado estas palabras, únicamente, para hacer saber que la extraño”, dice Alejandro Dolina, en otro video. “Su canto sigue siendo luz y bandera. Mercedes es de las personas que nacen para siempre”, acierta, también desde la pantalla, Teresa Parodi.

Ojos de cielo, Razón de vivir traen a Victor Heredia a la par de Julia Zenko sobre el escenario. Va a parar al corazón el trío que incluye a La Sole. Heredia recuerda su inicio en la música y la mano de Mercedes extendida. La cantora de Arequito, íntima, regresa para ser voz en Zamba para no morir. Logra lo excelso y cierra con una sonrisa que lo dice todo. El público corona el momento de aplausos.

Gracias a la vida, una que Mercedes abrazó con su brazo de Patria Grande hasta llegar a Violeta Parra, queda en manos y voces de Bruno Arias, Liliana y Zenko. “El próximo será nuestro día de la independencia”, dice Liliana y estallan aplausos. “¿Dónde me ubico Poppi? ¿Tengo que ir para acá?”, continúa, entre risas, la cantora y profesora de filosofía. “Siempre a la izquierda, Liliana”, responde Poppi desde el piano.

Tres más que en soledad discurren la obra de la negra son, por separado, Lito Vitale, Zenko y Arias. El primero, instrumental, desde el piano que cedió Spatocco. Zenko, amarrada a un pañuelo verde, en la más precisa versión de la tarde-noche: Oh qué será. El jujeño, pone la dulzura en Volver a los 17. Pero la algarabía regresa cuando irrumpen en el escenario, nuevamente, los Orozco-Barrientos. Ellos traen la energía cuyana que, como un vicio alegre de cueca, se convierte en Calle angosta. El público, que ya atravesó distintos estados, celebra.

Para el cierre están todos, incluido los organizadores que no quieren perderse lo que quedará grabado en sus retinas, que ahora brillan al reflejo de la luz que sobra en el escenario y llega al final de los pasillos. Arriba, Solo le pido a Dios y Jardín de la República serán dos canciones que anuncian el final. La primera la cantan Gieco, Arias y el dúo cuyano, y la segunda León en soledad.

Todos regresan al escenario que recibió del exilio a Mercedes en 1982. Juntos, como, seguramente, a ella le gustaba. Inconsciente colectivo, Cuando tenga la Tierra y María María son el punto suspensivo de una juntada para bracear el legado inmenso de la cantora de América, de epicentro tucumano. “Gracias a ustedes, que vinieron hoy, la fundación -Mercedes Sosa- puede respirar un poco hasta el año que viene, cuando volvamos a hacer lo mismo. Gracias a todos los que se prendieron en esta”, pone el afecto en palabras Gieco. Impulsor de la movida, amigo de ella y de él -Fabián-, quién sentirá el mismo alivio, en alguna parte del cielo.


Por :

Jero Galarza

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