Notas
ENTREVISTA


04/07/2019

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RECORDAR


En Vuela Chiringa su música converge con los aspectos más personales de cada integrante: Silvia Juan Bennazar (voz), Santiago Torricelli (piano, coro y arreglos musicales), Rafael Delgado (violonchelo de 5 cuerdas), y Lucas Trosman (percusión).

El folklore latinoamericano se renueva en Argentina: Vuela Chiringa editó su primer disco "Tonadí", donde cruzan músicas de Simón Díaz, Sebastián Monk, Luis Salinas y Lisandro Aristimuño, entre otros. FC entrevistó a Lucas Trosman.

¿Cómo surgió el cruce de la música argentina y latinoamericana de raíz folklórica, en un formato de sonoridad camarística?
Primero, todxs los integrantes de Vuela Chiringa tenemos una buena cuota de formación académica. Para varixs de nosotrxs, fueron nuestros primeros estudios musicales. Vuela Chiringa para explorar música latinoamericana y buscar identidad propia que contenga asimismo, individualidades del grupo.
Segundo, la particularidad de la instrumentación que compone el grupo y arreglos de Santiago Torricelli, conectan esos universos entre lo popular y académico, y en ese cruce encontramos nuestro propio sonido.

Yendo al título, ¿cuál creen que es la epifanía para el oyente?
Somos conscientes de que Tonadí remitiría a “tonada” o hay quienes piensan que es un concepto inventado. Este costado críptico es de lo más interesante, e invitamos a quedarnos con su sonoridad o musicalidad propia. Tonadí es una canción de Sebastián Monk, a quien homenajeamos así, y que resume el cruce entre las raíces y lo contemporáneo.

¿Cómo definirían la esencia de Tonadi?
Claramente hablar de “música popular con sonoridad camarística” nos identifica bien con nuestro trabajo. Tonadí tiene 11 canciones, que incluyen autores contemporáneos, otros muy transitados, pero quizás no tanto en esas canciones y algunas más clásicas, interpeladas por nuestra mirada.

Cada tema tiene su propia textura y concepto, que trabajamos con mucho cuidado, dándole un marco propio a esa historia que contamos. Le hacemos preguntas a cada canción, y ella nos devuelve preguntas. En ese encuentro, aparece esta esencia e identidad propia.

Más en concreto, desde lo interpretativo, explotamos al máximo nuestros recursos para que nuestras relecturas de estas canciones inviten a un nuevo viaje, explotando recursos tímbricos de cada instrumento y cuestionando roles que cumplen en general los mismos.

¿Qué los llevó a agruparse en Vuela Chiringa?
Nos conocimos de a unx, por compartir escenario o grabaciones. Silvia y Santiago compartiendo sus proyectos solistas. Rafa grabó en aquel primer disco solista de Silvia, y lo conocí a Santiago en un ciclo que organizaba en Espacio Tucumán al cual invité a tocar (y luego esa invitación volvió).

Primero nos convocó la afinidad musical y deseo de compartir un proyecto grupal. Luego encontramos un norte en común, que tenía que ver con no hacer sólo folklore argentino, sino pensarnos como grupo de música latinoamericana de distintos tiempos. Luego cada quien aportó lo suyo, y ahí consolidamos y bautizarnos “Vuela Chiringa”, a fines de 2016.

¿Hacen falta más esfuerzos institucionales por difundir este tipo de música que hacen? Esto podría responderse en varias direcciones y varias carillas. Es un tema que me interesa e infla un poco las venas.
Sin dudas, más allá del género que elegimos para expresarnos, hacen faltan políticas de estado que ayuden a sostener la producción de música y arte independiente en general (y además incluya a espacios culturales independientes y al mismo público sin los cuales el mensaje quedaría incompleto). Hay diferentes subsidios y convocatorias, pero son para propuestas puntuales, y hacen falta políticas que den continuidad en la circulación del público, y músicos por diferentes espacios independientes, que ya existen y trabajan sostenidamente desde hace años.

Específicamente en música latinoamericana y folklore argentino, hoy hay una lógica de mercado global y neoliberal, donde estamos sobreexpuestos a música comercial, sin ningún poder de decisión. Conocer música de este tipo, para quien no la conoce, implica gran esfuerzo de investigación, porque no está a la mano. Y hoy, la cultura de las ‘aplicaciones móviles’ nos invita a resolver todo desde la cama y con el celular, y no a buscar nuevas músicas y animarnos a ir a un concierto de un grupo nuevo.

Igualmente, tampoco es que considere que la falta de políticas institucionales sea culpable de todos los males que a lxs artistas nos toca. También tenemos que hacer nuestra propia revisión, y comprender que generando colectivos amplios con compromiso de trabajo, es como en la historia de la música argentina se visibilizaron movimientos culturales. La individualidad, hoy tan a la mano, y el famoso ‘ego del artista’ van en contramano de estos encuentros necesarios.

Tal vez, como conclusión del trabajo que pensamos, digo que llevar adelante la producción de una obra de música independiente, relacionada con nuestras raíces, implica mucha energía, y desde ya, dinero. Así, es muy necesario estar convencido de lo que uno hace.


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