Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


Fotos: Diego Nucera

22/06/2019

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RECORDAR


“Mi hijo tocaba el violín en casa, cuando era chiquito, y él le decía: ‘toca bajito, si los otros tocan fuerte, vos tocá bajito’”, rememoró el Tata Cedrón, sentado en una silla en el centro del escenario del Teatro Ópera, antes de que un aplauso pleno se apodere de la escena. Fue el primero de los momentos formidables que tuvo la noche donde la celebración y la ofrenda se unieron para abrazar al legado musical de Jaime Torres, a seis meses de su partida.

Los primeros acordes de charango comenzaron a sonar a las 20. Fortunato Ramos fue el primero en transportar la energía andina al Ópera, donde la puntualidad rindió el primer homenaje genuino. La banda sonora que acompañó durante 20 años a Jaime Torres comenzó a transitar una función donde los protagonistas fueron el maestro y el instrumento aymará de cuerdas dobles que exportó, como insignia andina, al mundo entero. La "Ofrenda musical a Jaime Torres" fue el llamado.

Coya Ruiz, el primer invitado de la noche, interpretó Nacimiento del Charango, la pieza que Ariel Ramírez y Torres grabaran juntos para el documental Argentinísima II, en 1973. Así, la primer impresión del homenaje orquestado por Rubén “Mono” Izaurralde desplegó una propuesta eficaz alrededor de una obra infinita. La agudeza de charangos, voces y mixturas plasmadas en un formato de duetos, dinámicos y versátiles, estuvieron en sintonía, cada uno, con un legado directo del maestro de la música andina, y se volvieron abrazo.

En orden, Coya Ruíz al charango y Susana Moncayo, en la voz, fueron el primero de los duetos sobre el escenario, acompañados por la banda. Interpretaron una versión sublime de Gloria, la segunda pieza de La Misa Criolla. La siguiente versión, “Taquiña”, grabada por Jaime Torres en su disco “Altipamba”, en 1969, fue interpretada por Adriana Lubiz, al charango, y Melania Pérez, en la voz. La incorporación de un acordeón para ese tema daría matices litoraleños a la versión.

Jaime Dávalos dijo presente en el homenaje mediante un poema, escrito a Jaime Torres, que se proyectó en un video sobre el escenario. Fue la antesala de la interpretación de Bruno Arias, junto a Florencia Dávalos, en Zamba de los Mineros. La dulzura de ella y los altos de él harían una de las versiones más delicadas y aplaudidas por el público.

“Ñanito mío”, la canción de Arsenio Aguirre dedicada a Jaime Torres, fue la pieza que interpretaron, juntas, la hija del compositor, Perla Aguirre, junto a Carolina Peleritti. Seguido al dúo de mujeres, subió al escenario el “Tata” Cedrón y dijo antes de tocar: “Cómo le gustaba esta huellita.

Cómo amaba a la gente popular de pueblo”. Sentado, antes de cantar “La partida” con el charango de Jaime de fondo, continuó el recuerdo de su amigo Torres: “Me llevaba a comer cosas picantes a la villa 31 de Retiro con gente que él amaba. Mi hijo era chiquito
y tocaba el violín y él le decía: ‘toca bajito. Si los otros tocan fuerte, vos toca bajito’”.

“Una vez, me dijo algo para siempre: ‘sorprendeme’. Su música era así: no la pensaba, sorprendía siempre”, cerró el “Tata” y dio lugar a Jairo para una versión única de “Piedra y Camino”, el poema hecho canción de Atahualpa Yupanqui que el cantautor grabó con Jaime Torres. “Decía alguien, abajo,
 que él andaba por ahí, como un duende. Tuvimos la suerte de ahondar en las cosas de la música y la vida. Por supuesto, voy a hacer de cuenta que está aquí a mi lado”, dijo Jairo.

La banda sonora, que regresó para acompañar a Jairo, salió del libreto para poner en palabras la sensación de lo que ocurría: “Compartimos 20 años del camino, juntos. Jaime, más que hacer amigos, hacía hermanos”, señaló uno de sus músicos antes de otro aplauso que se suspendió en el teatro lleno.

Fue el turno de Juan Cruz, el único hijo varón de Jaime Torres, quién subió al escenario para interpretar “Chisi” en charango. Un set que continuó con “Si llega a ser tucumana” y que incluyó al director del homenaje, “Mono” Izarrualde. La atención estuvo sobre la otra hija de Torres, Manuela, quien danzó en una coreografía sobre el tema que sonaba. Juan Cruz presentó, luego, a Charo Bogarín, de vestido claro, típico de su repertorio vestuarial de confecciones ancestrales, para interpretar “Barro y altura”.

A esa altura del concierto, los hijos de Jaime Torres tomaron la posta de un homenaje sensorial y dieron lugar a Tute, el hijo de Caloi y artista del mismo tenor, junto a su hermana Aldana Loiseau. La hija cineasta y animadora del dibujante sería la encargada de una proyección realizada íntegra en barro para acompañar “Sabana Esperanzada”. El tema había sido versionado por “la Charo” junto a Ricardo Mollo en el disco Canciones Dibujadas de Tute, pero esta vez, interpretada por Manuela, en voz, y Juan Cruz, al charango.

“Ellos tenían un amor muy grande por la Pachamama y por la Patria Grande”, dijo Aldana en relación a su padre Caloi y a Jaime Torres.

Sobre el escenario, continuaron los duetos. Tute invitaría a Gustavo Cordera, el ex lider de Bersuit Vergarabat, para interpretar “Un Pacto”, el tema que haría honores en el rock nacional al legado de Jaime Torrres. “Siempre te llevaré conmigo, Jaime, cuando haga esta canción”, expresó un Cordera emocionado.

Bruno Arias volvería a subir al escenario para la recta final con una versión de“Toro mata” sobre una base de cajón peruano y charango de Juan Cruz. “Agradezco a toda la familia, a todos estos artistas y a ustedes que vinieron a apoyar una ofrenda musical a un grande como Jaime Torres”, se despidió Arias.

El cierre estaría a cargo de los grandes compañeros y amigos de Jaime Torres, Tukuta Gordillo y Fortunato Juárez. “El día que supe la noticia pude escribir esto que dice cacharpaya, que significa despedida: El tintinear de un charango, es el sendero de un amigo que se va yendo por los cerros despacio, despacio”, recitó Juárez. “No se si voy a poder con esto”, dijo Gordillo, también emocionado. Junto a Coya Ruíz y Juan Cruz en charango, harían “Chimba chica”.

El final incluyó al ballet de danzas típicas norteñas “Los Morenitos” más una cuerda de alrededor de 30 sikus que llenaron de color la despedida de un homenaje, a esa altura, completo. Casi todos los músicos y cantantes en escena, terminaron la ofrenda musical carnavaleando. Las palabras finales fueron del gestor de la cruzada musical, Izarrualde: “Nosotros nos vamos, pero el maestro se queda”.


Por :

Jero Galarza

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