Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


Fotos: Diego Nucera

02/02/2019

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RECORDAR


No fue una luna más. Es cierto que cada una tiene lo suyo, pero la noche del viernes fue especial porque se pareció a las que le dieron a Cosquín su mística. Esta crónica tratará de reflejar el porqué, según Raly, se fue a dormir con una sensación diferente en el pecho…


 El mejor comienzo 
“Abre mundos y resonancias de un juglar que vuelve a la Plaza” fueron las palabras que lo presentaron. Y no eran descabelladas, porque cuando Pedro Azar canta, podemos visitar otros universos. Así lo fue demostrando desde el comienzo cuando Que he sacado con quererte de Violeta Parra y Deja la vida volar Víctor Jara. Dos imprescindibles, para que empezáramos a sospechar cómo se iría desarrollando la velada.

Y lo fuimos confirmando cuando Pedro no sólo nos conquistó con la voz, sino con el virtuosismo. Multii instrumental, multi sensaciones, fue manejando los momentos y los climas, como nunca. Tal vez eso también lo aprendió de Leda Valladares, de quien dijo que fue la causante de que entendiera la música de otra forma.


Relajado, disfrutando, agradecido. Como la gente que quedó impactada con Zamba de Carnaval, no solo por su voz sino por su bajo, y con Romance de la luna tucumana, para compartir a Atahualpa a través del tiempo y la distancia. Mientes lo tuvo a Charly García en la pantalla, y en la ovación del público. Contraluz y Quebrado, de su autoría también formaron parte del repertorio de Pedro Aznar, que al comenzar dijo que era un placer estar ahí. Pero el verdadero placer fue nuestro. Aplaudirlo de pie, fue la prueba.


 Estirpe de mujer

"Vamos a homenajear a Mercedes Sosa y esas canciones que llevo por todo el mundo", dijo Charo. A dúo con la “Negra” en los audios, esta mujer que canta y cuenta. Esta mujer que conmueve, que tiene un estilo propio, que es algo diferente, que cantó La maza (Silvio Rodríguez), Razón de vivir (Víctor Heredia) y con Celador de sueños, mientras Mercedes volvía -una vez más- a la Plaza. Fue la única mujer en la programación (falencia del Cosquín de este año, que ojala se cambie), que comentó al bajar del escenario: “Los estamentos se mueven como elefantes. Son cambios lentos, por eso hay que ser persistentes”. "Cosquín no puede hacer caso omiso al cambio de paradigma que estamos viviendo”, confesó, para que se tome esto. Para que haya más Charos en el escenario, que respetan y engrandecen el Atahualpa.

Luego de la formoseña, llegaron Los Piantao, agrupación inclusiva de jóvenes y mayores, que tuvieron su espacio artístico. La multiplicidad de disciplinas, 
fueron una. Al igual que todas las emociones y la seguridad de quererlos así “piantaos”, viendo que va la luna rodando por sus lados.

 Amante de remolinos

Una de las presencias que más entusiasmo generaba era la de Nano Stern. El chileno –que toma la posta de un legado exquisito de la música chilena-, hizo su debut en Cosquín. “Buenas noches me presento bajo tu luna Cosquín, soy el Nano y pienso lanzo mis versos al viento” comenzó en una copla improvisada, para dar un show que fue todo lo contrario. Porque eligió bien a quienes lo acompañaron, el mensaje y el repertorio.

Comenzó con Mil 500 vueltas, La ventolera, junto con Manu Sija y Lo único que tengo de Víctor Jara, bien cerca del público. En este tema recordó a Santiago Maldonado y Camilo Catrillanca, porque “su lucha es nuestra lucha de ambos lados de la cordillera” y porque como dijo después: “Una fiesta como esta no puede ser tal si nos hacemos cargo de lo que está pasando. En nuestros países se está matando gente inocente. Sentí la necesidad de homenajearlo, con una canción de Víctor Jara. Porque si estuviera él, diría que no podemos estar acá sin acordarnos de ellos, sin ellos no estamos nosotros. Sin esa conciencia no podemos tener una fiesta. Ahora que la tenemos disfrutemos, pero no olvidemos”.


En conferencia diría que “la esencia de la música, es generar comunión, para encontrarnos. No hay nada más lindo que cantar a dos voces, o todos en una”. Por eso cantó Festejo del color con Pedro Aznar y con Bruno Arias hizo Carnavalito del ciempiés. Con ellos se fue abrazando antes del show, para quitarse los miedos, que parecían no haber estado por cómo se entregó al público, que pidió más canciones. Nano hizo honor al concepto de Violeta Parra, sobre la música. No se olvidó que la música es un pájaro que odia las líneas rectas y ama los remolinos.


 Confesiones del viento

La noche se fue desarrollando a medida que el aire fresco llegaba. La brisa fue acompañando los diferentes números y se convirtió en viento con Yoel Hernández. Eso que aún no pudieron vender, que es una marca de la Patagonia, la misma que defiende con su canto y su bronca en el escenario. Le dedicó su actuación a Florencia Rupayán, “discriminada en una peña por hacer música patagónica”. La noche continuó trayendo postales de todas partes: Cerro Colorado, el norte cordobés con Los Duarte Pacheco; Buenos Aires con los ganadores del Pre Cosquín: Dúo Vocal Barrón Tevez y Mauro Dellac en malambo individual; con las postales cuyanas de Mendoza y de San Luis, que sortearon los contratiempos de su estadía coscoina, regalando una de las mejores representaciones de los últimos tiempos y los Presenta Trío, que desde la capital cordobesa, llevaron a la Plaza buena música, para darle un toque distinto a clásicos del repertorio. Rock fusión del bueno, con tonada.

Emoción, presente y -sobre todo- futuro Raly fue Raly una vez más. Y qué bueno que eso suceda. Raly levantó a la Plaza, nuevamente, sin necesidad de un número estridente. Y qué bueno que aún pase eso. Raly fue más allá de las raíces. Qué bueno que siga viniendo Raly.

“Ha sido un día de mucha emoción y de mucho presente. Bienvenides y a disfrutarlo”, saludó el cantautor, posicionándose de entrada, con el lenguaje inclusivo. Para luego defender sus argumentos, guitarra en mano. Que es su mejor arma.


Mi esfera de cristal, tema dedicado a su padre de su último disco, y De mi madre, fueron un comienzo familiar. Casi como si estuviese cantando con amigues en el fondo de su casa. Y fue así. Porque el público, fue cómplice ante cada canción, ante cada invitación musical, como Milena Salamanca para cantar Piedra y camino.


Luego se dio uno de los momentos de la noche y de Cosquín, ya que emulando a Cafrune, cuando hizo subir a una desconocida Mercedes Sosa, Raly invitó a Miloska. Esta cantora chilena, hace cinco años que venía con el sueño de tocar, que deambulaba en peñas, pero que unas horas antes había conocido a Barrionuevo quien la invitó para que cantara una chacarera feminista. Para continuar con esta manera de sentir la música y el festival, Nano Stern volvió a subir para hacer Torre de Sal, del chileno y El Cigarrito, de Jara, y para seguir “con algo histórico como es el encuentro”. Entonces ahí, Carlos Lucenti se preguntó si la Cordillera no podría pensarse como punto de unión, más que de separación.


Otra pregunta apareció en todo el show del nacido en Frías: ¿No puede considerarse ya entre la lista de los más importantes en la historia de nuestra música? A priori, lo que generó y lo que transmitió, inclinan la balanza para el “sí”. Por el canto comprometido recordando la importancia del agua; por la fiesta que logra cuando se lo propone; por la resistencia a la quema de libros de Paulo Freire, cantando A la Libertad; por abrir el corazón con Niña Luna; por acordarse de las muejres en Niña Fuego de la América Sangrada; por ser el portavoz de lo que se quiere en la noche de la piedra y el camino, ese que siempre tendrá las piedras, pero con la honestidad y la lucha como bandera, será más fructífero; porque en medio de la fiesta puede reflexionar y lo comparte; porque canta La pulpera de Santa Lucía a capela y entrega el alma y convive con el silencio, para que se escuche lo que tiene para decir; porque sabe quienes Somos Nosotros y cierra una noche inolvidable, de ese modo, con un tema suyo que ya es himno; porque su misión era que la gente se fuera mejor a sus casas después de escucharlo; porque entendió hace rato todo, siendo Trashumante; porque el arte es más arte si conmueve, porque lo que conmueve se logra mejor si es compartido, porque Raly fue humilde y muy grande en la séptima luna. Porque Raly entiende que el espacio siempre hay que militarlo y no faltarlo. Porque entiende el significado de este escenario, donde los (re) encuentros quedan para siempre.


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