Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


Fotos: Diego Nucera

27/01/2019

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RECORDAR


Comenzó Cosquín 2019 en una noche que quedará marcada a fuego en la memoria y por la memoria. Una velada que tuvo de todo, pero que frenó el tiempo en homenajes necesarios, en nombre del buen arte.

Reverdecen las gargantas, decía Claudio Juárez y era cierto.  “Con la mágica costumbre de sentirnos en casa, para abrazarnos en plena noche serrana” sentenciaba el Maestro de Ceremonia y no se equivocaba, después de la bendición de apertura, diferente, con el cura párroco y representantes de otros cultos como el evangélico,  islámico y el presbiteriano; y con la piel de pollo por el Ballet Camin, y la Banda Municipal Blas Parera junto al Coro Municipal interpretando el Himno Nacional. “Al filo de seis década uniendo las distancia, con la promesa del reencuentro” gritaba para dar comienzo a una nueva edición del Festival, y no era mentira. Y porque no es mentira y porque es necesario, había que reencontrarse una vez más (y todas las que sean necesarias) con el recuerdo de Mercedes Sosa.
 
 Madre raíz del canto
Es difícil escribir sobre el primer número de esta edición y no tentarse a decir que no habrá otro momento tan emotivo. Es hasta riesgoso tratar de poner en palabras, lo que se vivió, lo que se transmitió desde el escenario hasta abajo, en esas muestras de afecto, en esa necesidad de sentir el legado de la “Negra”.

Cantora, cantante, referente, artista, madre, compañera, luchadora, intelectual que sigue como “centinela de lo que significa la democracia” tal como la mostró un video inicial, hablando. No fue casualidad lo que dijo, no fue casualidad en este momento, no fue por azar que lo primero que sonó fue Yo vengo a ofrecer mi corazón. Porque con su recuerdo, nada está perdido.

Fueron más de 60 minutos donde la emoción estuvo a flor de piel. “Estamos los hijos de tu amor celebrándote” le dijo Víctor Heredia y era cierto. No hay mentiras, en el nombre de la “Mecha”.

León Gieco, Teresa Parodi, Julia Zenko, Peteco Carabajal, Liliana Herrero, Nadia Larcher, Mónica Abraham, “La Bruja” Salguero, Nahuel Pennisi, Bruno Arias y José Luis Aguirre, completaban el “dream team” que dirigió musicalmente “Popi” Spatocco.

Así cantaban que “estamos curtidos de soledad”, para recordar a la “hermana muy hermosa que se llama libertad”. Y así sonó Jorge Cafrune, cuando la presentó a Cosquín y al mundo, pese a que se armara bronca en aquel 1965. Gran gesto del “Turco” revolucionario cargado de amor. Tal como entendía las revoluciones Mercedes…


Fueron más de 140 músicos en escena, que le cantaban a las manos de esa madre cantora, que se sintió y se respiró en cada espacio de la Plaza. Para celebrarla a ella, que “como la tierra, es generosa, natural, total, bella y poderosa” en palabras de Peteco, antes de que sonara Como la Cigarra, con Teresa y León a la cabeza, y Esa musiquita, para devolverle vida…


Las pantallas se llenaban de imágenes de Mercedes, muchas desconocidas hasta ahora, junto con palabras claves y flores, mientras todo el mundo se emocionaba hasta las lágrimas. Para explicarla, para continuar el homenaje,  para asegurarle que nadie la olvidó, “porque es memoria viva su canción”; porque enseñó a las mujeres a “ser rebeldes y no tener miedo”; para agradecerles su generosidad de venir al mundo a regalarnos su tesoro; porque se canta para tener viva la llama de la bondad de la “Madre raíz del canto”, que enseñó este camino y el sacrificio de apoyar al pueblo.


Luego de temas como Alfonsina y el mar, Gracias a la vida y Solo le pido a Dios, esos himnos que cataron todos juntos, llegaron Inconsciente colectivo, para que Charly García estuviese también y Sube, para que el homenaje le llegara…


Mercedes Sosa una vez le contó a su biógrafo, Rodolfo Braceli, que a lo que más le temía era al color gris. Una nube muy grande que le podía ganar, de la que sólo se salvaba cantando. A partir de esto se puede resumir el homenaje del primer sábado. Sus “hijos e hijas” que la cantaron, le ganaron al color gris. La homenajearon llenándola y nos llenando a la Plaza de colores. Y eso se agradece por siempre.


 Plaza festivalera 
Emiliano Zerbini, Consagración del 2018, con un guardapolvo blanco pidió por el folklore en las escuelas, en el popurrí de danzas tradicionales. En show corto pero intenso, el riojano fue in crescendo para hacer levantar de sus butacas a un público que al principio estaba aún conmovido por el homenaje. Tarea difícil actuar después de eso, aunque Emiliano sabe hacer notar.

El Cuarteto Karé, con su sello distintivo propio (como los presentaron), no tuvieron mucha suerte con el sonido, algo que pasó en varios momentos de la noche. De todos modos generaron el asombro de quienes no los conocían y de Bruno Arias, que los fue a ver desde el costado del escenario. Los Fuelles Correntinos, el grupo de los Hermanos Balestra, con sus acordeones y el chamamé llevaron más fiesta, para enfrentar al fresco que ya había llegado. Lo mismo Román Ramonda que con su piano y acordeón, puso mucho ritmo y Guido Encina, (Ganador Pre Cosquín Solista Vocal Masculino) que explicó el reconocimiento con su voz y su personalidad arriba del escenario.


 Santa Fe gringa y trovadora 
Dijo que cada vez que vuelve le hacen “probar el sabor de la vida”, festejó el cerrar la noche, para tener un show no tan estructurado, se rió y bailó, jugueteó con Pablo Cordero y su hermana Natalia. Fue Soledad, como siempre. Que ahora lo remarca con un tema que quiere volverse hit, a modo de autobiografía.  Así “La Sole” o “la Gringa de Santa Fe” regaló un show entretenido y a puro colorido.

Mimada por Cosquín, Soledad se siente como en casa cada vez que toca en la Próspero Molina, por eso parecen festejos más que shows, sus actuaciones. Sacándose selfies con la gente mientras cantaba, compartiendo un mate, haciendo chistes de su resfrío, pero también regalando los temas que le pidieron y hasta con sorpresas como Somos nosotros de Raly Barrionuevo y Malena, un tango que con su voz queda muy lindo. Se acordó de la gente que la está pasando mal con las inundaciones, luego de que su hermana cantara Pedro Canoero; rememoró viejos temas que fueron éxitos y revoleó el poncho como cuando empezó todo. De eso no hay cómo olvidarse.

Pero Santa Fe no sólo tuvo a la de Arequito como representante, sino que llegó en las postales de Provincia, en un show distinto e inolvidable. Los 35 años de la Trova Rosarina, eran -a priori- el segundo momento para alquilar balcones de la noche. Y fue tal cual.


El selecto grupo de este movimiento que nació en los ’80, a orillas de puerto de Rosario, estuvo compuesto por Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizo, Rubén Goldín y Fabián Gallardo, además del recuerdo imborrable de fallecido Lalo de Los Santos y Fito Páez. Todo estaba dado para que fuese inolvidable. Y lo fue.


Juan Carlos y Silvina, comenzaron con Era en abril, para que la emoción volviese a la Plaza y se quedara durante todo el show. La Trova que nació con el disco Tiempos Difíciles en 1982, 35 años después, estaba en el escenario para que sonara por segunda vez en la noche Yo vengo a ofrecer mi corazón.


Oración del Remanso de Fander, fue el aplauso de pie a uno de los mejores autores de nuestra música, y la continuación de clásicos que siguieron con La vida es una moneda, El témpano, Historia de Mate Cocido y La Trsitecita para homenajear a otro santafesino ilustre como Ariel Ramírez.


Canto versos, fue la postal de sus manos alzadas, que es cantar. ¿Qué más que hacer en esta tierra incendiada sino cantar? Dejarnos esos temas, para que no se pierdan las ganas de cantar. Para remarcar un repertorio, que se pensó con “las ideas poéticas de cada uno. Entablamos esos vínculos a partir de las diferentes visiones del mundo” como dijo Fanderole en conferencia. Canto versos  fue la demostración de eso que dijo el mismo Jorge, antes del show: “Para algunos la poesía es una forma, para nosotros modos en que la gente puede estar más atenta, lucida y crítica. Es la única forma de enfrentar momentos históricos, como el que estamos viviendo, donde hay que estar muy atentos y lúcidos”. O como dijo Goldín, que con estos temas “no cambiamos el mundo pero podemos hacer sentir algo”.


Ya se había ido el sábado, cuando Canto versos fue el recuerdo de una frase de “Vico”, que desde San Luis una vez dijo: “La trova rosarina es la seguridad de que nunca más, en un domingo cuando la escuches, vas a estar solo”.


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