Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


23/11/2018

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RECORDAR


Se llevó a cabo una nueva Peña Trashumante, pero no cualquiera. El pasado viernes se festejaron los 20 años de este movimiento que no es de nadie y es de todos. La crónica de un lugar al que hay que volver siempre, para no perderse…

Dentro del Club Atenas, de la ciudad de Córdoba, hay un cielo de banderines de colores. En el patio una especie de tejido multicolor, que se forma por las personas que se han ido, las memorias de quienes nos guían. Luego de una marcha de bombos, integrantes de la Universidad Trashumante, bailarines y músicos regalaron la primera gran emoción de la noche, que se sumaba a otros espacios dedicados a las mujeres y a la tierra. Todo, absolutamente todo, regalaba una postal sin igual.

Entonces el cuerpo y el alma se fueron preparando, entonces, para lo que se venía. La Peña comenzó con Raly Barrionuevo, Jorge Fandermole y el iniciador de semejante proyecto, Roberto “Tato” Iglesias. Él mismo leyó un documento que podía ser una síntesis de tantos años y sobre el porqué estábamos todos esa noche: “Aquí estamos dispuesto a celebrar la vida, siempre, aún rodeados de un contexto de muerte.  Aquí estamos dispuestos a celebrar nuestra identidad, para saber quiénes somos, de dónde venimos, seguir aprendiendo. (...) Reconocer luchas de héroes anónimos Los que dieron vidas por una causa. A referentes que construyeron rebeldía en los pueblos como Galeano, Freire, Silvio, Mercedes Sosa, León Gieco...”.

El documento que explicaba que este proyecto se basa en “autonomía, horizontalidad, autogestión como forma de construcción, en el abrazo hermano, el colectivo abrazo caracol formando un nosotros”, y que reafirmaba que “la memoria abre una puerta del pasado, pero abriendo al futuro. Hay que tener nostalgia del futuro que vamos a construir. Amamos luchar para transformar, estar en movimiento reflexivo, coherente, justo, del arte transformador”, daba a entender una de las frases más lindas del “Tato” y que se iba a notar, una vez más, en la noche: “Somos energía que camina”.

  No hay que estar calladitos 
El primer artista que subió fue “Pachi” Herrera, quien trae a Jujuy en las manos y en su boca. Con su charango “Amaranto”, empezó a regalar motivos para decirle a alguien “He venido a la fiesta otra vez a bailar con usted”. Se conozca o no, porque la Peña también es eso. Es estar en la misma sintonía, sin necesidad de más presentaciones.  Entonces sí. La risa que invade y no se va. Otra de las características de estos encuentros, es justamente eso: reírnos, pese a todo.

El carnavalito jujeño le dejó la pista encendida a El Mayllín, que con una ráfaga de chacareras dio la primera dosis de “santigueñidad”, para demostrar que es una banda en ascenso y que no pueden decir que no, cuando se les pide una copla. Mientras que lo local fue representado con Los del Unquillo, esa banda que comenzó entre juntadas y que se destacó en la gran reunión anual que, entre banda y banda, continuaba con la música y el ritmo de la mano de la DJ Cande Lirio.

 Resistir 
Cuando Duratierra subió al escenario, quienes estaban en el patio entraron y quien estaba charlando se calló. Hay que escuchar y dejarse llevar por una de las mejores bandas de la actualidad, que tiene en Micaela Vita un imán. Por como se mueve, por como canta, por como transmite. Como buena noche de amigos, los invitados se repetían y se acomodaron bien en cada tema. Como los Toch, como el mismo Barrionuevo o como Mery Murúa y Milena Salamanca. Sin duda en uno de los instantes de la noche, después de cantar Marzo. En ese momento todo fue perfecto. Ese tema que es un tango contemporáneo, la poesía que guarda, la nostalgia del “futuro que vamos a construir” y que nos daba ganas de armarnos una choza en la Trashumante. Para resistir… y resistir.

Micaela se pronunció desde el feminismo, en favor de la Ley por el Aborto legal seguro y gratuito y la Ley de cupo femenino por más mujeres músicas en los escenarios (proyecto para que el 30% en festivales y shows lo sean); en contra del fascismo de la región y a favor de que el amo reconstruya este mundo, de la forma que sea, con quien sea. Porque “el amor es un quilombo y que lindo que sea así”. Micaela cantó con una banda que hace arte de adentro hacia afuera, con canciones nuevísimas, pero llenas de canciones viejas… ¡Saravá!

 Condenando versos para sobrevivir 
Ya había pasado Milena Salamanca con sus “destellos de colores” que surgen del bombo, cuando subió nuevamente Fandermole. Ya había demostrado su alegría notoria de estar ahí, alegrando a la gente y había regalado una versión hermosa de Piedra y Camino con Raly, cuando “Fander” recogió con su guitarra los aplausos que le dejó ella.

“Tan débil soy que cantar es mi mano alzada” se escuchó del trovador, que no sabe más que cantar. Pero decirlo así es demasiado obvio. Porque Jorge es el abrazo hecho canción, que excede cualquier generación. Así lo demostró el coro que se armó con Sueñero y Cuando, así es siempre cuando se lo escucha. Así fue cuando regaló junto a Raly y a Peteco Carabajal, el momento más alto de la noche tal vez. Los tres entonaron Oración del Remanso ante un público que escuchó con atención hasta emocionarse. Hasta agradecer ese rato inolvidable.

Cuando Peteco quedó solo con Benicio, su hijo bombisto, desató nuevamente el baile. Y lo hizo con canciones que parecían ser guiños a la Peña. “Soy la chispa de un sueño de amor” se oyó en A mis viejos; o gritando que no sirve quedarse quieto y quejarse, para mostrar los ideales del alma y dar muestra de lo reflexivo de este movimiento.
Y dicho movimiento continuó con Toch y el saber que mirándolos cada uno decía “aquí es donde sentir, aquí es donde escuchar, aquí es donde creer, aquí es donde encontrar, es donde aprender a dar”. Entonces, en plena madrugada, nos volvimos a encender con ellos. Con cada tema, en cada parte de Atenas. Ese lugar, donde terminó cantando Raly Barrionuevo, quien fue regalando una tras otra sus mejores canciones y su cercanía con un público, que está a la par, no debajo. Que lo quiere y agradece que trashumante sea su destino. Que ande así con esta copla que lo lleva descalzo por los caminos. Que sea el mejor anfitrión de esta movida...

Porque hay que cantar en esta tierra incendiada. Porque hay que estar de pie. Por eso cantamos todos en ese coro peñero. Porque no sabemos qué hacer más que cantar y contar. Contar y cantar. Contar que estamos vivos, llenos de humanidad, con palabras habitadas de sentidos, de luchas, de significados, de historias, de memorias. Por eso cantamos y canta la trashumante, con Raly y con quienes lo acompañan. Para contar del mejor modo lo dicho y sentido. Porque como dijo “Tato”: “Solo en la lucha se espera con esperanza”. Y así estaremos, esperanzados, caminantes y avanzando. Haciéndolo con arte y amor, que -como dijo “Tato” Iglesias, al comenzar la velada- “son fundamentales para la revolución”.


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