Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA

Como en Cosquín, pero en Buenos Aires


21/09/2007

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No es un recital. El Dúo Coplanacu dispara con fuerza desde el escenario un listado de zambas y chacareras, mientras que se percibe un murmullo, los pasos de una moza que levanta las copas vacías y otra que pone sobre una de las mesas un plato con empanadas. Todo, pero todo el público invade la pista con la danza y pareciera que nadie escucha a los Copla. En realidad, los jóvenes, y no tan jóvenes, encontraron en la propuesta de Julio Paz y Roberto Cantos una forma de expresarse con la música, y que no es otra cosa que bailar los ritmos argentinos. El dúo alienta cada zapateo y zarandeo, sea improvisado o profesional, y se muestra feliz al ver tanta participación. Este es el clima que se vive en la Peña de los Copla, una mítica ceremonia que se repite desde hace diez años en paralelo al festival de Cosquín y que se ha convertido en uno de los lugares más atrayentes del circuito alternativo al escenario mayor. Ahí, donde privilegian las propuestas de los músicos menos mediáticos aunque con elevadas condiciones artísticas. Algunos la llaman el “contrafestival” y esa denominación da cuenta de su dimensión. Al igual que en Santiago del Estero, su provincia, Tucumán y Córdoba, donde residen y se formaron, trajeron a Buenos Aires, al barrio de Pompeya, este encuentro itinerante por una única noche para compartir con su gente y lograr que nadie se quede sentado. Así fue que pasadas las tres de la madrugada se instalaron por casi dos horas. Abrieron con la chacarera “Inti Sumaj”, un tema que grabaron en su último disco en forma de denuncia por la devastación del monte, para continuar con “La penadora” y “Rubia moreno”. Zamba o chacarera, chacarera o zamba, sea cual fuere el orden, en ningún momento los bailarines atinan a tomar un descanso. Van y vienen de un lado hacia el otro de la pista, alzan sus pañuelos o servilletas de papel y gritan a coro las letras de las canciones acariciadas por Julio y Roberto. Con una comunicación instantánea hacia la gente, el Dúo fue repasando su extenso repertorio de clásicos, donde no faltaron los himnos “Peregrinos”, “Mientras Bailas”, “Retiro al norte” y “El escondido”, entre otros. Pero antes de su llegada, el ambiente ya había sido calentado por una importante participación de artistas. Entre ellos aparecieron en segundo lugar los jujeños Inti Huayra, quienes consiguieron la mayor atención invaluable de los presentes. Es que parecían jugar sutilmente con los contrapuntos instrumentales: sicus, quenas, charango, guitarra y percusión acompañaron a su estilo andino y el grito de un erque de gran tamaño sobrevoló en lo alto para la admiración de todos. Estos jóvenes jujeños adelantaron la presentación de su segundo disco Almas, que en el mes de octubre traerán a un teatro de Capital. De esa producción se desprendieron “Verde verdecito”, “El diablo de Humahuaca” y “Doña Ubenza”. Luego de un necesario descanso llegó desde la Rioja Emiliano Zerbini y su voz firme para cantar mayormente temas de su creación. “Para el milagro”, “Sombrita de ramada”, “La perfumada”, “El Mikilo”, se mezclaron con una lograda versión de “Aleluya”, de León Gieco, y un final bien chayero con el pogo en “Carnaval en la Rioja”. Gustavo Chazarreta tuvo la difícil tarea de inaugurar el escenario. Tal vez por eso no logró sobresalir con su propuesta aunque fue una buena oportunidad para mostrar su música en Buenos Aires. Oriundo de Córdoba, repasó las canciones de su primer disco Tierra de soles, en donde participan como invitados Los Tekis y Raly Barrionuevo, y temas de su segundo trabajo Refugio del alma, en el que plasmaron sus voces los propios Copla y Peteco Carabajal. Entre temas propios y clásicos del cancionero argentino, como “Cuando me abandone el alma”, “Criollita santiagueña”, y “La Ñaupa Ñaupa", Chazarreta brindo un modesto espectáculo. Sin dudas que los seguidores de Coplanacu son particulares, y lejos de idolatrar a sus artistas, prefieren cantar, bailar o en la previa compartir uno que otro vino, siempre y cuando Julio o Roberto se acerquen a sus mesas. Valió la pena creer que el Dúo Coplanacu sería capaz de montar su peña en Buenos Aires con las mismas características de Cosquín y escenografía. Prometieron traerla y lo cumplieron. Y la gente también cumplió, bailando toda la noche sin parar.


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