Notas
ENTREVISTA


02/10/2018

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RECORDAR


El  próximo 6 de octubre,  a las 21, el Teatro Coliseo será el contexto de un evento único. Víctor y Teresa se encontrarán por primera vez  en un concierto pensado para interpretar la obra del otro. Teresa,  explora en el repertorio de Heredia y recoge un puñado de melodías, diamantes del cancionero popular Americano. Víctor elige postales de Teresa que lo conmueven y las hace propias. La emoción, sin dudas, será el factor común de esta reunión cumbre. Dos artistas, dos poetas, que han representado el sentir del continente en las últimas décadas con una coherencia inquebrantable.  Antes de subir al escenario, conversaron con FolkloreCLUB.

¿Cómo surgió la idea de este concierto de a dos?
Teresa Parodi: Nosotros tuvimos primero la idea de poner muchas canciones del otro, pero después nos dimos cuenta de que iba a ser un concierto eterno. Así que empezamos a bajar los decibeles….

Víctor Heredia: era una locura, porque nos dimos cuenta de que si a eso le agregábamos las que teníamos que hacer solos, iba a ser un concierto de tres horas.

TP: No tenía sentido. Entonces, bajamos la cantidad de canciones que hacíamos del otro, unas cinco; después hacemos juntos unas seis, y después por separado, una canción propia cada uno.
No llegamos a terminar de componer lo que habíamos empezado antes de que este concierto saliera, porque el hecho de hacerlo de esta manera distinta, nos obligó a tener ensayos muy diversificados.  Si yo tengo que cantar mis canciones sola, no necesito tanto ensayo y Víctor tampoco, pero acá es distinto porque vamos a cantar con mucho respeto, admiración y cuidado las canciones del otro. No tuvimos tiempo de terminar de redondear las canciones que veníamos esbozando, así que quedaron para un poco más adelante.

Ambos tienen una extensa discografía. ¿Cómo seleccionaron solo cinco canciones del otro?
VH: Lo difícil fue dejar todas las otras. Yo elegía La abuela Emilia y la tuve que dejar afuera. Sencillamente quedaron las que por elección pensamos que podían quedarnos mejor para nuestras voces. Tuvimos que modificar algunas tesituras y estudiar las melodías. A mí me daba mucho pudor por ejemplo cantar Canción para Verónica y equivocarme en la melodía. Pero bueno, la tenía a Teresa, que además de ser paciente y maestra, es una gran amiga; así que me disculpó y hasta me dijo que algunos cambios quedaban lindos.

TP: Tenemos mucho camino andado, mucha profesión y enseguida sabemos dónde podemos hacerle un aporte a la canción del otro, con todo respeto y amor y que sabemos que el otro la va a recibir como no puede ser de otra manera.

VH: Yo le cantaba Tarumba y le consultaba si estaba bien la melodía por algunas modificaciones. Y me decía “me gusta tanto lo que cambiaste que lo voy a hacer yo también”

Un poco como sucede en el jazz…
TP: Es una improvisación de algún modo, sobre algo que le gusta a él y lo remarca con su estilo, y esa impronta que le da me hace ver mi canción desde otro lugar. Él las trajo hacía él a las canciones. Desde él las canta; y eso mismo hice yo con su repertorio, y creo que es el trabajo que nos debemos el uno al otro; que es no dejar de ser nosotros mismos.

En el momento en que uno escribe las canciones, hay un punto de vista femenino y uno masculino, por así decirlo. En estos tiempos de redefiniciones,  ¿Cómo fue esta cuestión de “cruzar de género” poéticamente?
TP: Yo creo que hay temas que no tienen género.

VH: Eso es algo que descubrimos hoy, en relación a esto que estás diciendo. Nos dimos cuenta ahora, charlando hoy porque no lo habíamos pensado. Teresa por ejemplo canta Dulce Daniela, y yo canto Canción para Verónica, y pensamos cruzarlas porque vamos a hablar un poco de ese momento en donde nosotros encaramos escribirle a nuestros hijos y las razones por las cuales lo hicimos. Y ahí nos dimos cuenta de que no solo yo le voy a cantar a la hija de ella, y ella le va a cantar a mi hija, sino que cuando yo le cantaba era desde la visión de un hombre,  y ella le va a cantar a una mujer. ¿Qué mirada puede tener ella? La de una mamá. En el caso de Verónica, le cantaba su mamá pero ahora le va a cantar un hombre; y cuando yo la encaro, la encaro como papá.

TP: En ese caso se da perfecto, que no tenés que cambiar ningún género. Solo interpretar quién es cada uno. Pero además hay temas que no tienen género. Que Víctor le escriba al viejo Matías, y yo le escriba a Tarumba…Me parece que esas canciones que están por encima del género. Quizás haya canciones que están escritas desde el amor de una pareja, puede que haya un poco esto que acabas de decir. Yo he abordado canciones de autores varones, como por ejemplo de Castilla o de Yupanqui, y no me pongo a pensar si lo voy a cantar como mujer.

VH: O pensar desde donde se canta Razón de vivir. Yo se la escribí a una mujer.

TP: Claro, pero en Razón de vivir, nunca aparece el género. Porque no dice “enamorado” o “enamorada”. Hay gente que es cierto que cambia el género porque no se anima a cantarlo desde el lugar original. Yo prefiero cantarlas como las escribió el autor.

VH: Hay una cosa que hoy  me llamó mucho la atención sobre este tema. Hoy mientras nos estábamos repartiendo las letras -porque todavía estamos ensayando- sugería cantar una canción que no fuera propia de ninguno de los dos, y entonces elegimos cantar La Cigarra. Y de golpe cuando nos estábamos repartiendo la letra, empezaron los músicos y la empecé a cantar, le cayó perfecta a Teresa la frase “Sola”. Me podría haber caído a mí, pero ahí en el reparto común que hicimos de la letra, ella cantó como una mujer y yo como un hombre, en una canción que además está escrita por una mujer.

TP: Me parece que es algo que depende de cada intérprete. Me parece que sobre vuela y va por encima de todo género, un pueblo.

VH: A mí me parece que la poesía no se puede limitar, sintetizar o cernir a una cuestión de género. Cuando vos decís un poema de Neruda, lo decís con toda la letra y no importa el género porque estás hablando del amor.

¿Y  por qué escriben?
TP: Para mí por una necesidad, desde chiquita. Mi primera canción fue a los 9 años y conté una historia. Porque yo empecé a tocar la guitarra y cantar canciones de otros, pero yo quería cantar las mías. Empecé a balbucear y mi primera canción se llamó “Las cuerdas de mi guitarra”: una zamba. Era horrible. Pero tenía esa cosa de necesidad de contar una historia. En este caso una historia contada por una niña de 9 años. Yo me inventé la historia de un tipo que estaba agonizando en una casita de un campo. Antes sucedía que por ahí los forasteros pasaban a caballo y paraban en la primera casa que encontraban para pedir agua y comida. Y el hombre de la historia estaba esperando a que pase un forastero que pase para pedirle la guitarra porque él estaba en la cama y no la podía alcanzar. Lo cierto es que yo me acuerdo del momento en que la escribí, porque yo veía lo que escribía. A partir de ahí,  yo siempre quise contar a través de las canciones y por eso las escribo. Tengo muy claro desde los 9 años por qué escribo canciones.

¿En tu caso Víctor?
VH: Mi primera canción fue con la que gané en Cosquín. Yo tenía quince años cuando la escribí. Había descubierto la finitud y escribí “Quiero volverme tiempo para no pasar nunca,  quiero volverme viento y llorar en tus montañas. Quisiera ser ceniza, blanca y sutil ceniza para cobrar altura” y estaba pensando ya en la cremación. Evidentemente lo que quería hacer era permanecer, en frente de un fracaso amoroso, que es de lo que habla la canción. Quería vivir el dolor inconmensurable de la eternidad porque había perdido a alguien.
Creo que uno escribe desde el descubrimiento, y para mí fue un momento muy especial porque yo empecé  a leer seriamente en ese momento. En ese entonces había leído Robinson Crusoe, o a Emilio Salgari, y mi papá me dijo “hay cosas más interesantes”. Y me tiró a Gorki y a Dostoyevski. Empecé a leer a Émile  Zola. Me empecé a dar cuenta de un montón de cosas que hasta ese momento no había visto.  Ceo que ahí comencé a poner en mis canciones una cosa más importante y literaria. No casualmente apareció El viejo Matías, que es una historia.

¿Es importante mirar alrededor?
VH: Claro. Y escribir  no solo desde la catarsis, también desde la observación desde el alrededor. Cuando era chico me tocó muy fuerte esa frase, que no sé si me la dijo mi viejo o un maestro, “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, de Tolstoi. Imaginate, como Pedro Canoero que habla de su entorno o El viejo Matías, que habla de un viejo que se iba a refugiar en las noches de lluvia, debajo de la estación de chapas del lugar donde yo vivía… ¿de qué otra cosa iba a hablar?
Hoy contaba y lo voy a repetir porque me parece genial la respuesta; sobre los fascistas que le preguntaron  enojados a Picasso, “¿usted hizo eso?” sobre el Guernica; y él responde “no. Lo hicieron ustedes”. Es tremenda esa frase.  Yo escribí Sobreviviendo,  pero en realidad la hizo la guerra en el mundo y  a Aquellos soldaditos de plomo la hizo la dictadura militar. Escribí lo que ellos hicieron. Creo que la canción pasa por ahí, por las realidades.


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