Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


23/08/2017

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RECORDAR


Después de andar en los patios, lleno de tierra y bebiendo de los placeres todo el día, danzando hasta morir, uno vuelve al hotel, y no piensa más que una ducha caliente (el que puede dársela) y dormir una leve siesta para poder arrancar, lo más enterito a la noche. Un “sanguchito” a medio terminar o una pizza fría del mediodía, o porque no para el más organizado unos mates con tortilla que nos trajimos del patio amigo, para llenar la panza y poder arrancar de vuelta (y no nos alcance la macha), en este hermoso mundo de la música popular.


Después de poner el Gps en el auto y viajar desde la Santiago a la Banda y cruzar por el mitico Puente Carretero, cantando a los gritos, porque así debe ser, con la chacarera homónima, entrando en calor para lo que se viene.


El Club Olímpico con capacidad para 3900 espectadores, fue el epicentro de las noches bandenses y de toda la región por estas dos noches. Esta región donde por las tardes las familias se acercan a saludar a la Abuela Carabajal que hace años no esta, pero sigue aglutinando y llevándonos a festejar otro año, su cumpleaños, eterno amor que nos llena esta familia y nos cuenta cómo desde algo tan sencillo se vuelve un icono de la movida popular. Y el festejo, que se ha abierto en el corazón de todos, concluye en estos festivales, que reúnen a los prestigiosos musiqueros y cantores de este afamado ritmo musical que se ha metido en el corazón de todo el país, como es la chacarera.


En una especie de procesión, las multitudes se acercan al lugar, mezcladas entre el humo de las parrillas y el aroma de sus manjares. Sintiendo una temperatura no acorde a la época, uno no sabe que pensar, si echarle la culpa al cambio climático o al fervor de la energía, que se desparrama en un mismo lugar, elijo quedarme con esta última, al fin y al cabo uno no deja de ser parte y se deja atrapar por estas energías.


Una vez adentrado, después de una larga cola para adquirir la entrada, la escalerita te lleva a la platea o al campo. Uno no sabes que elegir, porque no cabe un alfiler y no se puede caminar. Explotan las luces y el sonido hace que tu pecho tiemble en cada parche de bombo. De a poquito vas a avanzando y la música ya te abraza, la chacarera te envuelve, la zamba te va acompañando. Todo se vuelve mágico. Una vez que te acomodaste el Dúo Heredero, Milena Salamanca, Los Carabajal, Orellana Lucca, Peteco Carabajal, el Dúo Coplanacu, Roxana Carabajal, entre otros grandes intérpretes te hacen brillar, cantar y bailar. Los coros ensordecen, las palmas explotan, uno no sabe cómo absorber tanta energía.


Corren los vasos de cerveza, de fernet o de gaseosas, que intentan calmar una sed que no es más que estas ganas fervientes de estallar en cantos, la temperatura asciende y ya estamos en un lugar donde nos permitimos que salga toda la alegría festivalera. Las canciones nos vuelven changuitos, o nos llevan a ese primer amor, a un lugar donde hemos estado antes y esa canción nos trasciende.


La noche se apaga, pero no el amor que le sentimos, volvemos pateando hasta donde dejamos el auto, escuchando adentro nuestro, recordando y mirando al compañero que a esta altura es un hermano y sonreímos en silencio recordando cada sensación y cada sonido.


Como no quererte Santiago, si las noches tienen tantas estrellas como guitarras.


Por :

Diego Nucera

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