Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


26/07/2017

Vistas : 2003

RECORDAR


La comunicación es una de las artes más antiguas y misteriosas que existen, un arte que puede ser interferencia o puente. Y si se trata de transmitir la inmensidad del universo folklórico, tendemos a aquello que abre posibilidades en lugar de cerrarlas.

Probablemente con ese espíritu, entre el 21 y el 23 de julio, se desplegó en Cosquín, el segundo encuentro nacional de difusores.  Aunque no es el único en su tipo – en marzo se llevó a cabo la edición número 11 de una reunión similar en Coronel Arnold y en septiembre se desarrollará un tercer convite sobre el tema en San Isidro- sí lo es dentro de la capital nacional del folklore, y eso no es menor.

Desterrando algunas de las críticas que se suscitaron en 2016 para su primera edición, en 2017 se reflejó un crecimiento en la calidad del encuentro que apuntó a la capacitación y el debate. Y, como todo proyecto en sus grados iniciales, tiene cuestiones pendientes, pero -sobre todo- aporta reflexiones sobre la materia viva que es el folklore.

Víctor Luesma, Diego Vázquez Comisarenco y Claudio Juárez inauguraron la jornada del viernes, donde se encendió el fuego para cocer al saber colectivo, que se acrecentó con las palabras de todos los presentes. Expositores y periodistas,  debajo del escenario y sobre él,  supieron preguntar y repensarse.

En este contexto, el maestro Marcelo Simón, en un repaso por algunas de las obras que ha consultado en su extensa carrera, indicó: “En Argentina hay muchos folkloristas que no hubieran aceptado ser folkloristas, algunos que nos gustan políticamente y otros que no nos gusta. A mí no me gustaba políticamente Martínez Estrada, por ejemplo. Pero pocos libros hay que nos enseñen más sobre la historia argentina, los símbolos, la densidad y el corpus de nuestra historia que Radiografía de La Pampa, fuertemente antiperonista. Dicho sea de paso, les recomiendo que consigan el libro que más me han robado: un diccionario que escribió Perón, extraordinariamente bueno, sobre terminología araucana. Y esos personajes que han escrito sobre el folklore, sin saber que escribían sobre el folklore, son admirables”.

Asimismo, sobre la vinculación entre el folklore y la patria analizó: “Hay cosas muy gratas, todos tenemos una gran identidad y la patria, es decir la tierra de los padres, tiene un eco en nosotros: usamos terminología argentina, tenemos usos y costumbres que son propios de la patria. Lo que me asusta un poco es que para hacer un programa de folklore, se acuda tanto a los símbolos, esos símbolos tan intensos que terminan despersonalizando o quitándole valor a lo que todos tenemos. Todos somos de acá y queremos seguir siéndolo. Pero de ahí a proclamar en nombre de la chacarera o del bailecito que la patria es…no quiero descalificar, pero la patria es demasiado seria para confundirla con una vidala. Discutimos con los hermanos Ábalos qué quiere decir vidala, porque si patria viene de padre, vidala viene de vida. Y todos amamos más que a la patria, la vida. Eso no quiere decir que estemos todo el tiempo proclamándola como un bien extraordinario: hay que defenderla”.

Además, sobre la relevancia de ciertos vocablos y sus eufemismos, recalcó: “Otra vez reivindico el diccionario. Uno de los más grandes escritores  argentinos, profundamente antiperonista, que era Jorge Luis Borges, reivindicaba el uso de las enciclopedias, que es distinto del saber enciclopédico. No hay nada que sustituya a un diccionario. La palabra es aborigen. Ahora escuchas en la televisión que las personas que nos parten el corazón, que con estos fríos duermen en la calle. Se que son personas en situación de calle, pero son personas que viven en la calle. Y no hay otra manera de decirlo, porque es el idioma que hablamos todos y para que todos lo entendamos. Hablar de pueblos originarios no está mal, pero es un forzamiento, porque son aborígenes o –como decía Yupanqui- indios. Cuando decimos eso, todos entendemos de qué estamos hablando. Lo cual no quiere decir que tenga una carga peyorativa. Porque aborigen quiere decir eso: propio del lugar donde se encuentra”, concluyó.

Por su parte, y como voz de una necesaria revisión, Víctor Pintos cristalizó la relación entre el rock y el folklore, que incluye al tango  y detalló: “Lo importante es la esencia. Eso nos han enseñado grandes escritores, grandes poetas. Lo importante es empezar a preguntarnos continuamente dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.  El problema de fondo que tenemos quienes estamos en los medios, responsables de darle cosas a la gente es posiblemente la continua porfía por tratar de ser menos incultos. Algunos estamos preocupados por eso, otros no. Y ahí los tenemos en los medios: un montón de incultos que utilizan pocas palabras del idioma español que es tan rico y que exteriorizan sus emociones con una risotada estertórea. Entonces es interesante que nosotros sepamos un poco más para poder decirle algo interesante a la gente”.

En continuidad con el creador de Disco Pi, Marcelo Jara, hizo hincapié en un tríptico para el desarrollo profesional: Sensibilidad, compromiso y creatividad. Y relató: “Todos tenemos creatividad y es un elemento vital. Que la accionemos o no depende  de una sola cosa: que decidamos salir de la zona de confort o de los lugares comunes y echemos a andar eso. Alguna vez, hablando del Chango y los Huanca decía: estos tipos le saben poner mostaza al asado y sigue siendo asado. De modo que nosotros podemos hacer un programa al que le agreguemos un montón de cosas y siga siendo un programa. Eso sí: la audiencia, si hablamos en términos de mercado –que no me interesan demasiado-es la que consume lo que hacemos: que lo enriquezcamos con elementos que tienen que ver con la producción y el contenido, harán que estén más o menos ávidos de escucharnos. Esto depende de una búsqueda permanente, de no pensar que la tradición es un elemento estanco, de pensar que el folklore es todo y es absolutamente dinámico. No puedo quedarme solamente con los clásicos, tengo que estar atento permanentemente  a lo que está pasando y proponerlo, en ampliar los horizontes.  Y si no lo sabemos, preguntarle al de al lado. Somos los responsables de hacerle conocer eso a la gente: ir a la búsqueda de lo que está subyaciendo y mostrarlo”.

En esa búsqueda, Silvia Majul describió su experiencia en “el arte de comunicar” Leo Suárez de Terraviva se refirió al desafío de hacerlo en tiempos de crisis. Chito Guzmán, Rony Vargas, Andrés Bolleta, Sergio Antoniazzi, Nathalie Allende, Pedro Patzer y, por supuesto, el jefe comunal Gabriel Musso dejaron,  a su modo,  sembradas las semillas para que la palabra, esa herramienta fecunda, se vista de folklore y brote en cada enero con especial constancia,  y todo el año para fortalecer esa raíz que llamamos cultura y que convierte a los pueblos en invencibles.


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