Notas
CRÍTICA DE DISCOS


07/03/2017

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RECORDAR


El cantautor riojano, junto a Emmanuel Albera y Diego Sánchez Galeassi, hace unos meses que está presentando y llevando por todos lados su nuevo material: Peñero.  Tercer disco de una “carrera discográfica” que comenzó en 2009 con Mojando La Vida y siguió en 2013 con El Ojo de la Tormenta 1 (Dele retumbar), Peñero viene a confirmar todo lo que se había pensado y escrito de Ramiro hasta ahora. No solo desde los ritmos tradicionales, sino por su lírica, que lo distingue en un presente cuya poesía no está extinta, ni mucho menos. 
 
Si bien este disco no tiene mucho que ver con el anterior, por ser “más movido”, no quiere decir que tenga menos contenido. Todo lo contrario. Hasta los colegas se dan cuenta de ello, como Martín Mamonde de La Cruza, que dijo cuándo se presentó: “El tipo te mete la palabra intrínseco en el primer tema”. Es una forma de resumir, desde el humor, la calidad.


El CD consta de catorce canciones. Doce de ellas tienen letra y música de Ramiro. Las otras dos son compartidas con otros autores y compositores: “Bailecito del Empeño” con el tucumano Dardo Solórzano y “Pachamama” con “Pachi” Herrera.


En palabras del mismo autor la idea fue “hacer un disco con canciones pensadas desde las peñas, que vinieran desde esa interacción con un público que siente la música desde lo corporal y lo manifiesta bailando”. Eso también era hablar de sus orígenes, ya que desde las peñas se puede explicar la música del riojano. No solo por su hermano tocando la guitarra acercándolo al “universo maravilloso” de la música, sino en todos los “recovecos” de las peñas.  Siendo artista, ayudante, organizador, público. Esto último, no es un dato menor…
 
 EL UNIVERSO EN LA PIEL..Y EN LA VOZ
El primer tema del disco es una saya, que se ha hecho famosa por sus características “hiteras”. “Estoy donde debo estar” es la mejor manera de abrir el disco, cuya existencia es para homenajear a grandes de la música como “Titi” Rivarola y el tiempo que nos toca vivir. Como le comentó alguna vez al periodista Andrés Fundunklian, la intención es “librarse de las pretensiones de perdurabilidad en el tiempo”. Eso para él. No para su(s) tema(s) que sin pretensiones, será(n) perdurable(s). 


“Lucero cantor” y “Por los Barrios” son dos chayas –la segunda saltada- que continúan la lista de temas. En el primero el recitado es por la fiesta “tan cabalmente riojana”, un festejo “(…)del pueblo, es la memoria sagrada, de un tiempo allá en el origen, que se reedita en las cajas”. Ramiro González podrá vivir en Córdoba, pero  es “riojaneidad” a cada paso que da, y en Lucero Cantor se demuestra cuando ya no es más “que este parche, que enciende pal carnaval”. Y en Por los Barrios, la alegría se adueña del tema y del recuerdo, de tantos y tantas imprescindibles para llevar a cabo la Chaya. Es una crónica perfecta de esos días, cuando está “tapadito de harina, el carnaval” y donde la reunión se festeja con un “vinito”, que no puede faltar. Ni hablar de “Zambita Vieja”, un homenaje sentido y necesario a la “chayita riojana, madre vidala del carnaval”. De la forma que suena y la interpreta, se entiende cuando le canta: “Tu corazón coplero aviva el fuego de mi cantar”. Agradecidos todos, entonces. 


Es un disco festivo, pero no por eso superficial. Es un disco simple, pero con la complejidad de letras que amerita, cuando se habla de él. Se demuestra con la primera chacarera que llega con “La Dueña”; se demuestra con los trazos sencillos y delicados de Sayi Paris Cavagnaro, que va dibujando y acompañando al disco, como al artista en sus presentaciones. Y se demuestra –que valga la redundancia- lo todo lo dicho antes, en la chacarera simple Más Bien prefiero callar, que lejos está de ello. Allí se escucha una máxima del arte y la carrera de González: “Andar por andar, andando / Amar, sin poder amar/ Cantar, por andar cantando, más bien prefiero callar”. 


 LA COPLA DEL HOMBRE

Antes de seguir con el bailecito, una zamba para escuchar y dedicar llega con “Entre tu amor y mi amor”. Para aclarar que también tiene letras comprometidas con el amor. Y cantarlo con Natalia Barrionuevo, para dar cuenta de que es uno de esos temas que sí o ´si deben cantarse de a dos, sobre todo cuando trata de un amor a la distancia. Lo mismo con “Serenata con rubor”, pero aquí la distancia es en el tiempo. Una pincelada hermosa de un amor de infancia, donde se va pero “tatuándonos el alma”.  


“Bailecito del empeño” es la seguridad de que no solo hace buenas letras, sino también melodías. Una forma de conquistar “carnavaleando” con el tema de Dardo Solórzano. Por su parte, este “ciudadano del país” se hace más cuyano que cualquiera al cantar la cueca “Niña del Vino”. Luego del hermoso tema “La Cosechera perdida” de su anterior disco, le quedan vestigios –menos mal- de aquel estilo musical. 


“Pachamama”, con música de “Pachi” Herrera es el décimo tema. Y algo así, como en una cancha que tenga ese número no es casualidad. Así se nota cuando el tema ha sido grabado por Juan Iñaki (recientemente sacó un video del tema), Bruno Arias, Inti Huayra, entre otros. Un carnavalito que resume la importancia de la Madre Tierra y lo que se le pide a ella y lo que es ella para esta generación de artistas: “Besa mis pies al andar, bajo la luna del sol /Recibe mi corazón, Pachamama”. 

Las despedidas no siempre son lindas, salvo que suenen como “La luz que me entregabas”. Una zamba para abrir “las alas de la libertad” con el dolor que eso conlleva. O en “Desnuda flor de la greda” una chacarera simple, en una especie de continuación de un viejo tema: “Vidala sobre Vidala”. Antes le cantaba a la “carne del más puro amor”. Ahora: “Como no he de extrañarte, madera de mi nostalgia, si el duende de tu recuerdo se prende de mi guitarra”. 


“Relato y Poema del Vidalero y Ermitaño” de “Pimpe” González, padre de Ramiro, es la explicación de porqué su hijo canta y escribe como lo hace y una buena decisión de haberlo incluido en el disco. 

El final es con la chacarera “Coplitas para la Copla”, para entender mejor la parte que dice: “Coplitas pa’ los amigos, coplitas pa los amores, coplitas que siento y digo”. Porque es un disco donde nadie queda afuera. Y cuyo resultado se explica por invitados y partícipes como Luís Chazarreta en Guitarra; La Pacota en Coros; Alejandro Salamanca y Jorge Castro en Batería; Juan Carlos Liendro  y Facundo Flores en Quenas, Flauta Traversa y Accesorios; Diseño Gráfico por Diego Sánchez Galeassi  y la logística de Guido Gironelli. 
 
 DISCO COHERENTE Y CONSECUENTE 
Existen dos detalles importantes en este disco. El primero es que se puede descargar de manera gratuita, porque ese es el espíritu del mismo y del cantautor, quien siempre dice que “la música es para compartir”. Por otro lado, en los temas Estoy donde debo estar, Serenata con Rubor, Niña del Vino y Zambita Vieja; se pueden ver la hora, el día y el lugar donde se escribieron. Queda preguntarse entones qué habrá pasado para semejantes temas, qué habrá pensado, que habrá visto.  Es otra manera de cumplir lo que escribió al principio, eso de que la gente esté. Porque así es más fácil sentirse parte de un disco, que ya no es solo de él. 


En todo momento del disco o en toda actuación en vivo, se recuerda y repite el estribillo que abre al disco: “Estoy donde debo estar”. Y eso es lo que pasa, eso es lo que logra Ramiro al escucharlo en cualquier lugar. Que se convierte en el que debe estar uno. 


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