Notas
NOTA DE INTERÉS


Fotos: Eduardo Fisicaro

03/02/2017

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RECORDAR


La brutal represión del gobierno nacional a la comunidad Cushamen de Chubut y la intención de los legisladores cordobeses de darle sanción a un proyecto de ley para terminar de destruir los montes nativos de Córdoba se metieron en la agenda de varios artistas de Cosquín y fueron materia de canciones pero también de pedidos de muchos cantantes, no sólo de aquellas regiones en donde ocurren esos hechos.  En el homenaje a Cuchi Leguizamón su hijo se hijo un espacio para dedicarle una canción a los 380 trabajadores gráficos despedidos de AGR, la gráfica que el Grupo Clarín cerró intempestivamente. Y aunque hubo referencias al tema del muro que el flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empezará a construir en México (Chango Spasiuk, Inti Illimani, Axel y Bruno Arias se refirieron al tema) de principio a fin del festival hubo dos ideas fuertes: el rechazo al desmonte y el repudio a la represión mapuche.  
 
 DESMONTE 
En la luna inaugural, Raly Barrionuevo llegaba precedido de un fuerte cruce con los sojeros agrupados en CARTEZ, una confederación que reúne a productores de varios puntos de Córdoba y de Jujuy y San Luis. Si bien es una entidad que tiene un rol menor, causó impacto que mandara a Raly a “hacer silencio”. El santiagueño les contestó en durísimos términos. Esos prolegómenos hacían pensar en una respuesta directa desde el escenario. No la hubo. Raly dejó que hablaran sus canciones.  

En la octava luna, el Dúo Coplanacu no le esquivó al diablo del desmonte, del que siempre hablan en sus canciones. “Queremos decir cantando pero también decir pensando que el desmonte nos empobrece a todos: a nosotros, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Una cosa es hablar de superficies productivas y otra cosa es hablar de la Pachamama, la madre tierra. Una cosa es sentirse hijo de la tierra y otra cosa es creerse dueño de la naturaleza para hacer de ella lo que se nos antoje. Basta de desmonte”, gritó Roberto Cantos.
El público aplaudió con todas las fuerzas. Y enseguida cantaron “Desmonte” esa de reza “que será de los veranos sin el árbol sin la sombra, sin coyuyos en la tarde...”  

Se sabía que Doña Jovita (el entrañable personaje de José Luis Serrano) iba a ir de frente contra el desmonte, tal como lo viene haciendo desde el escenario y desde las manifestaciones a la que asiste con el fin de repudiar el rol activo de los legisladores que buscan devastar el monte cordobés. Lo curioso fue que cuando dijo la palabra desmonte la TV Pública cortó de inmediato su discurso con una pausa larguísima a la vuelta de la cual el tema era otro. De todos modos, Doña Jovita cerró su participación dejando sentada su posición política -no partidaria sino política- y advirtió que los legisladores de Córdoba son los responsables del futuro desmonte.   

La Bruja Salguero, consagración del festival, dijo para preludiar “Chacarera del chilalo”: “Pobrecito el monte, está tan bien, dejenlo en paz en Córdoba, en La Rioja, en todos lados”. En la misma línea, su coterráneo Ramiro González también le cantó al monte nativo, lo mismo que Piñón Fijo, que tuvo la compleja tarea de saltar su barrera de tener un público infantil a quien explicarle el desmonte. Hubo otros artistas que le dieron lugar al tema, como Juan Iñaki, que en una extraña movida de último momento actuó más tarde de la hora prevista, pero igual encendió la defensa del monte desde la palabra y desde la remera con la frase “el bosque es vida”.  

José Luis Aguirre, como era de esperar, lanzó su prédica de defensa al monte en clave poética. Y hubo aplausos de reconocimiento y puños en alto para este cantor transerrano que sonaba como consagración de un festival que ya lo tiene fijo en su agenda.      
Paola Bernal dijo antes de su última canción: “Estemos despiertos por el monte, por el agua, por la vida, por nuestros hijos”, soltó la coscoína antes de una versión muy personal de “El arriero”, una de las joyas de Atahualpa Yupanqui.  

Roxana Carabajal le dedicó un importante espacio al desmonte y la manía santiagueña de quitarle la tierra a quienes toda la vida la han trabajado pero carecen de título de propiedad. Un video de las
topadoras y el audio de los perjudicados preludiaron “Monte sublime”, que Roxana cantó con el alma.
 
 MAPUCHES 
El caso más notable ocurrió con Rubén Patagonia -premio Camin a la trayectoria- en la segunda luna de Cosquín. Hombre del sur profundo, compartió escena con el jujeño Tomás Lipán, contó la historia de los Tehuelches y levantaron juntos la bandera de los pueblos originarios. El pico máximo de su actuación fue la llegada de Soraya, mujer mapuche de la comunidad Cushamen de Chubut, la agredida por Gendarmería. “Estamos viviendo una situación difícil desde hace 130 años, no desde hace dos semanas. Somos prexistentes a los estados, al chileno y al argentino. Traigo la fuerza de mis ancestros para decirles que tenemos que defender la tierra de los agrotóxicos, de la extranjerización, tenemos que dejarle un territorio sano a nuestros hijos. Estamos firmes, seguimos de pie porque tenemos fuerza. Fuera Benetton, fuera Tinelli, fuera Ginóbili”, dijo Soraya casi a los gritos y arrancó aplausos sinceros de una plaza sorprendida pero consciente, que levantó una pancarta que pedía “Basta de represión al pueblo mapuche”.

Los Che Joven también le cantaron a los pueblos originarios y le devolvieron a Rubén Patagonia la gentileza de haberlos invitado a cantar el año pasado. Los Coliqueo se quedaron afuera del horario televisivo pero se llevaron las palmas sinceras de la Próspero Molina.          

Milena Salamanca -que reúne excelsa calidad vocal con compromiso social- cerró su actuación con una canción compartida antes de la cual apareció el audio de Soraya, la mujer mapuche reprimida en la patagonia. Luego cantó “Jacha urú” en aymara, una canción que se anticipa al fracaso de las grandes potencias occidentales anunciando la llegada del “gran día” de la cultura latinoamericana.  No hizo falta que la joven dijera nada. Cantó, tocó el sikus y le puso cierre a una artista que encima de cantar afinadísima trae un mensaje.  

Mariana Carrizo dijo con la caja de coplera pero también con la voz. Defendió su género, le cantó a la Pachamama y habló de la represión a los mapuches. “Que el pueblo mapuche sienta este abrazo y este aplauso de pie en este Atahualpa Yupanqui, que también estaría de pie aplaudiendo como ustedes para darles fuerzas en este momento”, dijo. “Y a Córdoba que no baje los brazos, que pelee por el verde que tiene que nos da vida a todos. Abrazo a esa viejita que inició esta lucha, Doña Jovita”, disparó.  

El patagónico Yoel Hernández, destacado de los espectáculos callejeros del año pasado, cantó el “Loncomeo del amor mapuche”. El joven de El Maitén, que subió por primera vez a Cosquín, dejó un mensaje un tanto confuso: “Vengo de El Maitén, capital nacional del tren a vapor y a La Trochita la voy a defender a muerte. Todos tenemos derecho a reclamar pero lo único que quiere mi pueblo es la paz, paisano. Que el conflicto se resuelva a través de la reflexión”, dijo sin dejar en claro si va a defender a La Trochita del corte de vías que hicieron los mapuches o si está del lado de los mapuches de la represión policial. Después de eso cantó una chorrillera llamada “La bronca de Painefil” (de José Guajardo) para que el público lo despida con un aplauso consagratorio que mereció que los organizadores le dieran una canción más.  

Pachi Herrera tocó el charango junto con Juan Iñakli con una remera que eleva la lucha de los mapuches en el sur.   
 
 EL MONTE EN LAS CALLES DE COSQUÍN 
De una punta a la otra de la avenida San Martín, en Cosquín, marcharon unas 500 personas para decirle no al desmonte. Bailaron, gritaron, cantaron, hicieron ruido para hacer notar el tema, que quedó definitivamente instalado en la agenda del festival pero también en la conciencia de quienes se enteraron de la movida legislativa para legalizar la tala masiva de árboles en Córdoba.   

Extrañó la falta de pronunciamiento, en general, respecto del año que lleva presa sin sentencia Milagro Sala, situación denunciada como injusta por los especialistas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que considera a la dirigente social como una presa política. Los jujeños
que pasaron por Cosquín no la recordaron. Bruno Arias lanzó su decir de memoria, verdad y justicia respecto de “los 30.000 desaparecidos”; Los Tekis fueron fiesta y altos decibeles, Tomás Lipán pintó paisajes en su presentación compartida con Patagonia. Pero no hubo quien elevara el grito que Sala tiene atragantado desde hace un año. Se esperaba que lo hiciera Peteco, que había tenido algunas manifestaciones Sueltas al respecto, pero no hizo alusión al respecto en la presentación de su formación Riendas Libres -Homero Carabajal y Martin Ulrich- con quienes estrenó canciones de buena factura, zapateó y cantó en grupo El Olvidao, canción del Duende Garnica, que subió a escena para agitar una bandera argentina y decir “dejen de pegarle a los originarios, viva mi pueblo argentino”.  

Con una fuerte presencia de esos temas, Cosquín parece haber retomado su senda de decir más allá del hecho artístico, tal como dijo Chango Spasiuk: “Hay que diferenciar el espectáculo de la cultura, el entretenimiento de la verdadera intención que deberíamos tener con la música. Este no es un espacio de entretenimiento sino de construcción. Como decía Atahualpa la música es una antorcha que usan los pueblos para ver la belleza en el camino".


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