Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


28/01/2017

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RECORDAR


La séptima luna comenzó con el último tramo del festival. La noche denominada Encuentros, fue la de los mismos entre el público y sus artistas favoritos.

El río de Cosquín hace música. No se sabe muy bien cuál, pero junto a los pájaros, cuando la gente duerme y la mañana comienza hace música. Luego los balnearios se llenaran. Entre piedras y la arena que se levanta al bailar, pero a la mañana el sonido ambiente es más lindo que con los micrófonos.



El agua va y no se detiene, no puede detenerse. ¿Cuántos y cuántas habrán estado sentados, mirando el gran espejo de agua buscando fuerzas y buenas vibras antes de subir al Atahualpa?
En la apertura el Maestro de Ceremonia decía que “Cosquín es la costumbre de verano de encontrarnos con nosotros mismos”. La palabra y el sentido más puro del encuentro. Como el de ir tierra adentro. Para eso, Mario Boffil era el indicado para abrir la noche con temas como Conjunto Pena y olvido.

 La luna 
Luego del ganador del Pre – Cosquín en Malambo, Gonzalo Pérez, el Ballet del Chúcaro regalaba un número hermoso. Era tiempo de Soledad.
Casi como una síntesis del comienzo de su historia, la “Sole” emergió del suelo del Atahualpa y comenzó con una fiesta, que parece que continúa desde el año pasado. En el encuentro constante con Cosquín, su lugar, volvió a regalar una noche llena de momentos hermosos.



La fiesta que le dio y recibió de su público, dieron la muestra clara de que siempre supo mantenerse y mantener esa relación con el mismo. Un mix de “clásicos” como los que en los ’90 la llevaron a ser consagrada por la Comisión y la gente. Como en aquellos tiempos donde acercó a los jóvenes a la música de raíz, de la misma manera lo hizo con los presentes que querían verla más de cerca. Sobre todo cuando sonaban “A Don Ata”, “Del Chucaro” y todo lo que ella ha sabido interpretar de la mejor manera.



“Creo en cada palabra que tiene música” cantó al lado de la luna, que lleva en la tapa de su disco aniversario. “Cosquín es la luna, la luna es mujer, es compañera, está en la mayoría de las canciones folklóricas, es vital en los ciclos de la vida…” dijo cuando le preguntaron por esa escenografía. Tal vez le faltó sumarse, porque en muchos momentos la luna fue ella.

 Tierras de canciones 
La noche continuó con Tierra de Canciones con Javi Caminos (La Plata), Seba Cayre (Carlos Pellegrini) y Fran Lanfre (Bariloche) que en un set corto pero contundente han demostrado calidad y el cuidado necesario en lo que hacen.



La delegación de Japón se encontró nuevamente con un Festival que le abre las puertas; Los Sacha con el escenario al que querían volver y en honor a su nombre cantaron Chacarera de las piedras; Marcelo Mitre regaló creaciones santiagueñas bajo el ala de su cualidad.



La Delegación de Santa Fe, regaló emoción y un reconocimiento necesario a Orlando Veracruz, a cuarenta años de su consagración. Con Soledad cantaron Punta Cayastá; con su hija, Emilia Pais, Costera mi costerita. Nélida Argentina Zenón, Gabriela Roldan y Efraín Colombo completaron el cuadro del homenaje al cantor de “cuerdas ardientes de la costa”.

 Reconocer el pasado, pero también el presente 
Luciano Pereyra mantuvo a la Plaza llena hasta altas horas de la noche. Pero además de los temas que siempre le dan buenos resultados, regaló junto a Soledad uno de los momentos más importantes de esta edición. Horacio Guarany parecía en el horizonte próximo del show, cuando llegó con su “vestido rojo” la representante de Arequito.



Luego de una especie de stand up -que a ambos los preparó mejor para cantarle a su Padrino/amigo/modelo/referente- se dieron fuerzas mutuamente y cantaron No quisiera quererte y Salteñita de los Valles. La emoción ya había invadido a todos los rincones de Cosquín, cuando se abrazaron con fotos con el “Potro” de fondo. Instantes hermosos, para alguien que –pese a lo que nos quieren hacer creer- vivirá siempre.



Paola Bernal y junto a los artistas con quienes hace su peña El Sol del Sur estuvieron a la altura de las circunstancias. La representante local -junto a La Cruza, Mery Murúa, Rufo Cruz, Julieta Rivarola y su banda- entendió el compromiso que debía desperdigar por la Próspero Molina.



​Estar “despiertos por el agua, los montes, nuestros hijos, por la vida” se convirtió en el claro mensaje, no solo por lo dicho sino por lo cantado. Así sonaron Famatina (Joel Costas), Agua de Flores (de su autoría), Primer Tiempo (Martín Mamonde), Sudaca (Rufo Cruz) y El Arriero, en una versión diferente y comprometida.



El repertorio respondió a algo puntual, que la coscoina se encargó de resumir al comentar: “Estamos en este escenario para poder, a través de nuestra voz, hablar por los que no acceden a un micrófono. Estamos en contra del envenenamiento, del desmonte, de todo lo que nos hace daño. A favor de la vida, del monte, del agua, de nuestros hijos, de la vida. Es por todos, acá no pasa por un color u otro”.



Compartir una pequeña parte de lo que pasa en la escena cordobesa, fue la idea de las invitaciones. Compartir con la gente, la magia del encuentro hecho música y de la música para satisfacer la necesidad encontrarse, de mirarse, de sentir al otro. Para luchar desde el arte, arriba y debajo del escenario. Luchar por la memoria que vive y la vida, para que no se olvide que lo es.


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