Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA

Arrancó una nueva edición del Festival Nacional del Folklore. En una primera luna comprometida, emotiva y con baile, todo se dio para que no la olvidemos fácilmente.


Fotos: Diego Nucera

22/01/2017

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RECORDAR


A las 22:17, cuando explotaron los primeros fuegos en el aire, luego del Himno Nacional (que después de 30 años fue interpretada  por una banda local, la municipal Blas Parera), la Plaza no estaba tan llena. Pero sí los oídos y los sentidos, al escuchar al Maestro de Ceremonia, Claudio Juárez, decir que “enclavados en la serranía (…) los emblemáticos referentes de nuestra cultura estarán en esta plaza, para seguir marcando el rumbo por la guitarras. Y nueve lunas estarán fecundadas de pañuelos buscando el arresto apasionado en cada danza…”. Entonces acto seguido, el Ballet Camin –quién otro sino- debía comenzar con el acto de amor. Y al ritmo lo debía iniciar Dino Saluzzi. “Con su mixtura de sonidos escondidos en su fuelle viajero” recorrió un repertorio con temas propios como A Juana, mi madre; La Casa Paterna, La Alejada. También hubo tiempo para homenajear a Atahualpa Yupanqui y Arnedo Gallo, en su bandoneón.  

 CONSAGRACIONES TEMPRANAS 
Quienes siguieron en  la grilla, fueron los Orellana – Lucca. El dúo, Cosagración del año pasado y de este en Jesús María, demostró –como pasa habitualmente- porque dicho reconocimiento. Una puesta contundente, pese a que a algunos más grandes, no convenza. Pero sí a una plaza que vio cómo se levantaba la gente. 

Con ellos, Zamba Pa’ mi universo de Pica Juárez quedó versionada más que bien, como clásicos como Zamba del cantor enamorado o El Cosechero. Además de temas propios como Cantor de los tiempos, Cacería y La luna; uno de los momentos más fuertes, fue la primera vez que las voces se pronunciaron contra el desmonte, en la noche. Cuando invitaron al cantautor Enrique Marquetti, para hacer Abriendo venas del monte, en realidad invitaron a un público a pronunciarse a favor de este. Como lo hizo también en la bendición, el cura párroco Roberto “Chobi” Álvarez.

Luciana Jury, fue la gran sorpresa de la noche. En realidad, para quienes no la conocían y se vieron impactados y conmovidos, cuando la escucharon cantar. La sobrina de Leonardo Favio, abrió con Quisiera que salga un tigre y en cada tema que hizo, su voz hacía creer eso.  Intérprete como pocas, hace recordar por momentos a Liliana Herrero, pero con una voz más desgarradora. Quien la escucha no va a olvidarla, como cuando cantó Zambita del Caminante,  o Cuando el amor se aproxima de Jorge Zuhair Jury, porque genera mucho. Porque por algo la Fundación Konex le dio un diploma al Mérito como “Mejor cantante femenina de folclore”. Resulta raro que no haya estado antes en este lugar.
 
 SABOR A PATRIA  
“Han venido a ver el prodigio de la provincianía que se expresa en todas sus formas” se escuchaba cuando comenzó la bienvenida.  “Cada voz es la nuestra, que nos viene a la boca con un sabor a patria…” decían desde el escenario. Y eso pasó con la pareja de baile tradicional Cáceres Gorosito, ganadores del Pre-Cosquín, de Crespo, Entre Ríos. Lo mismo con Los Trovadores, que le cantaron al poncho coscoino y sus 50 años de existencia. Con su color blanco “para ser más fresco” y su guarda respetando a los primeros habitantes de estas tierras.

“Cómo no amarte San Juan...” era lo que sonaba de fondo. Es lo que toda la gente se preguntaba, se decía, después de semejantes Postales de la Provincia. Era lo que transmitía en latidos, esa mujer sanjuanina que vive en Córdoba. Que está donde vive el folklore, pero no olvidándose de su pago. Que lo baila, que lo siente, que lo lleva. En la tonada, en la cueca, en la danza, en el respeto… Hubo tiempo para Jachal, de Caucete, la Difunta Correa; para el homenaje a Eduardo Troncoso quien se encargó de contar al mundo, sobre estas tierras.

Y también, como la primera Luna fue la “Apertura para bailar”, se llevó a cabo el primer homenaje a bailarines en toda la historia del Festival. Eso fue, a "los reyes de la cueca cuyana", Mary Bazán y Ramón Flores, que volvieron a bailar después de mucho tiempo. Como si nunca lo hubiesen dejado.  
 
 RECONSTRUIR LA CULTURA, RECONSTRUIR LA VIDA 
Horacio Banegas, generó la primera gran reacción de la noche. Con su guitarra negra, (a la que le sacó lustre no por el brillo, sino por lo que toca) mostró cual es “El color de la chacarera”. En un show, donde regaló éxitos propios y ajenos, la gente le pidió un bis que fue Hermano Kakuy. Antes había tocado Corazón salavinero, Mi origen y mi lugar, Mensaje de chacarera y Canción del Quenero de Jacinto Piedra, entre otros. “Cuando hay folk-rock bien hecho, me la vuela” decía Carlos por allí. Y Horacio lo hizo con todos. 

Luego del Ballet Folklórico Nacional, llegó “el” momento de esta noche. Y fue con alguien que no necesita de flashes, de acciones rimbombantes, sino de alguien que entiende que ser consecuente con la idea y con el arte, es más respetable y digno: José Luis Aguirre. Luego de hacer que la Plaza escuche con atención Milonga del Cerro Negro, cantó Pancho y Huaynavalito. En Río, explicó que “no hay mejor revolución, que ponerse en cuero ajeno”. Así, sin violencia solo con poesía con palabras, él protesta. Es la mejor lucha, la mejor resistencia. Hablando desde lo que sabe, desde el haber nacido entre el verde. Desde la vida. Ni más y ni mucho menos. Todo eso se resumía en un cartel al lado de su micrófono que decía: “En este lugar estamos a favor del Monte”. 

En Tranquilo pero con fiesta, cuando el presentador pensaba que terminaba su número y lo quiso despedir, José Luís “le metió el pecho” en pos de los trovadores independientes. Semejante recitado “para cambiar el paradigma” lo ameritaba. “No hay cosa más bella que si juntos caminamos”, esperando que la “madre tierra despierte el corazón”.

Necesitamos una muestra de humanidad, como las que da “el” José. Como lo hicieron los abuelos, que entendieron que “Monte es libertad”. Todo el público lo entendió. Y las lágrimas, fueron muestra de ello. “Siempre hay una nueva manera de hacer” que no significa dejar de respetar lo que fue.  y Los amigos del Chango lo entendieron y eso fue lo que regalaron. Una orquesta popular, que como Farías Gómez, respeta y enaltece al género. Calificarla de muy buena es poco.

Al final, Raly Barrionuevo regalo un repertorio, con el que siempre se “compra” a la gente. Chacareras, zambas y la invitación de TOCH (un acierto), para que canten Famatina, en homenaje a los que pelean contra la minería a cielo abierto fueron cerrando la noche. Sabiendo que no iba a ser televisado, por el horario, se mostró relajado y compartiendo íntimamente con el público. Como cuando cantó Luna cautiva, por más que no estuvo cerca como él quería, aunque sabía que podría generar ese ambiente.  Con él, cantando así en el Atahualpa Yupanqui, se cumplía lo que Don Ata cantó en Zamba del Pajuerano: “Me vine hasta aquí, para escuchar una copla que me haga sentir…”.

Eso resume la primera noche, por lo que se vivió y se escuchó. Que se recordará en todo el festival, inclusive cuando parezca lejana, cuando se acerque el final.


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