Notas
CRÍTICA DE DISCOS

Calificación: Muy bueno


14/12/2016

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“El espanto seguro de estar mañana muerto”, canta, dice, siente Luis Mejía Godoy en “Lo Fatal”, tema que abre en poesía “Viva Vida” (B&M Registros de Cultura, 2016), trabajo que Mejía Godoy, nicaragüense, grabó junto con el argentino Adrián Goizueta. El disco abre, en rigor, con una obertura instrumental con la que uno se mete como si entreabriera una puerta y estuviera allí en el Auditorio Nacional de Costa Rica, la patria adoptiva del argentino y la patria colorida de Luis,  donde se registró en vivo este trabajo, que tiene -entre tantas cualidades- una distintiva: está cantado desde el sentimiento.

Ambos se entienden, pero no sólo desde la partitura, sino desde el pulso de la canción como rectora de todo aquello que tienen para decir. Por eso puede compartir el folklore argentino (“Añoranzas”, por caso) y el nicaragüense (“Palomita Guasiruca”).

Acaso sea un disco exacto para los tiempos de hoy: sosegado ante tanto bombardeo violento de los medios de (mala) información, firme en sus convicciones y con un mensaje para decir desde la poesía. “Qué tiene la música que siempre florece/qué tiene la música que nutre de vida la desesperanza”, canta Mejía Godoy, parte de una dinastía de trovadores, en “¿Qué tiene la música?”.

Mezclan las melodías de Nicaragua con la milonga yupanquiana (“Los ejes de mi carreta”), el tango de Gardel y Lepera (“Volver”) con las historias del país centroamericano, pequeño y grande en su lucha desde los años de Sandino, en los que Mejía Godoy participó activamente incluso desde antes como un símbolo de la Nueva Canción Costarricense.  

Aunque el decir esté en el norte del disco, la música es maravillosa. Los climas del piano y los solos de guitarra tejen la delicadeza en la que se apoyan las voces de ambos, la estertórea de Mejía Godoy, la voz trovadora de Goizueta. Hasta hay lugar para el coro del público en “Caña dulce”, tal vez la canción más bella del disco.

En “Epigrama” Mejía Godoy da cuenta de su honda capacidad para musicalizar poemas, en este caso de su coterráneo Ernesto Cardenal, aún activo a sus 91 años. Tres canciones: “Pobre la María”, hermosa historia de Mejía Godoy; “Nicargentinos”, que encierra cuatro canciones, dos de cada país, aunque parezcan una misma y hermosa canción y la sensible “Caña dulce”, los puntos más altos del disco.

El trabajo termina con ambos cantando el tema que nombra al disco. “Viva vida, sembrado canto y poesía, viva vida inaugurando batallas en el taller de los sueños”, dicen estos dos hombres que sueñan con prohibir la tristeza por ley y pretenden cambiar lágrimas por risas. Dos voces que le hablan a ese continente despierto que para ellos es, como soñó Simón Bolívar, uno sólo: Latinoamérica.


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