Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA

Una noche de peña, la presentación de un disco, la hermandad entre los artistas, el amor entre los “sentipensantes” y una crónica desde Córdoba.


20/08/2016

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RECORDAR


¿Cuándo alguien se da cuenta que una peña será especial? Cuando hasta los colegas del artista se preparan, se alistan para decir presente. Pero el término “colegas”, hasta parece un poco frío. Por eso, los amigos son quienes fueron a presenciar la presentación del disco Peñero de Ramiro González Trío. Y no es que Ramiro se dividió, que a veces parece que podría, sino que con sus compañeros de ruta, se completa: Emmanuel Albera en guitarra y Diego Galeassi en percusión. Más “Charro” Flores en flauta traversa, haciendo (un poco) más lindo todo.

Antes de ir hacia el lugar, Pablo y Marino Coliqueo de Che Jóven, se van a Unquillo, con “Mono” Banegas pero avisan: “Pasamos a saludar a Ramiro y volvemos después de que toquemos”. Mariano Luque se pone coqueto al igual que Lucrecia Rodrigo. Ellos saben lo que es presentar un disco nuevo, pero esta vez quieren vivirlo desde abajo del escenario. Por su parte, Manolo Salguero, yendo a Latitudes, trae las de sus tierras y la música que unifica todo, trae aires de Tucumán. Ya adentro, todo, todo sería fiesta.

  ESTOY DONDE DEBO ESTAR 
Afuera frío, no al lado del escenario, cuando las parejas se fueron dejando llegar para bailar. Mauro Ciavattini y Cañaveral, un proyecto de instrumentos andinos, comenzó la velada. En palabras de Albera se destacaron: “Fue mucho más lindo que en Cosquín, acá pudieron estar todos”. Y eso que en Casquín, en la presentación de Ramiro ya había sido precioso el sonido que nos llevó directo a pensar en la Pachamama. Más, cuando un cartel en las paredes sentenciaba: “Monsanto ite yendo” por parte del colectivo Tierra para la vida digna.

El disco “Peñero”, debía ser presentado en una Peña. Redundante necesidad, de que nada fuese librado al azar. Estoy donde debo estar, comenzó el recorrido del riojano por sus nuevos temas, al igual que en el disco, para seguir con la lista con Lucero Cantor y Por los barrios, para ya ir hablando de la Chaya.

Niña del vino y Pachamama, llegaron para confirmar el compromiso con la tierra y al final, Coplitas para copla, para que se pinte de cuerpo entero al cantar: “Coplitas para la copla, coplitas pa’ los amigos / coplitas pa’ los amores, coplitas que siento y digo”. Todo, para que nos quedáramos con ganas de más, pero más tarde volverían a subir.

El que si subió, fue Martín Mamonde al frente de La Cruza. Raramente de camisa, aunque ya explicamos que la ocasión lo ameritaba. Al cumplirse dos años de la muerte de su padre, pero festejando la llegada de sobrinos “el” Martín dijo: “Sentimos una energía muy grande en el momento de congeniar la escritura, la poesía y la canción. Donde dejamos todos para ser sinceros, para ser puros, para estar juntos. Para sentirnos vivos, para admirar al sol y a la luna, a los encuentros verdaderos, a la amistad verdadera, al amor que siempre tenemos al costado más sano”. Por todo eso se festejaba en la noche y en este encuentro, que cómo dijo, era el mejor. Y después todo se demostraría, con Paola Bernal como invitada, con la resistencia y el humor de poner la palabra “intrínseco” en las letras de González,  con la gente bailando, con Fede Flores, interviniendo de la mejor manera… con música.

  DE TAL PALO 
No solamente había gente “del palo”, sino el responsable de que Ramiro volviese a subir y a sonreír mucho mientras cantaba. “Pimpe” González, su padre, fue llamado a cantar con él.  Abuelita Lorenza (Pimpe González y Luis Chazarreta), De la infancia de mi casa (letra y música del invitado), Las Golondrinas (Jaime Dávalos y Eduardo Falú). Había que verlo a Ramiro, casi arrodillado escuchando y admirando a su padre. A su padre, mirándolo y siendo cómplices con la mirada. A los dos siendo canción, a la canción haciendo a los dos…

Y en esta cuestión de primordiales, “Pica” Juárez también apareció. Y subió, y cantó. Un gesto valiosísimo y valorado por el anfitrión y por todos, porque “tenía problemas e igual vino, sabía que llegaba tarde pero se vino igual” confesó Ramiro. El abrazo sincero y casi perpetuo, dejaba atrás a los temas que habían cantado. Con mirar a “Pica”, la gente se da cuenta que es La Rioja, cuando a él también, después de tanto sufrimiento se le dibuja una sonrisa.

Sombraitoro Chichaco Funk, llegó cuando la noche terminaba para que fuésemos un poco Intervento, y dejáramos al pueblo y al cuerpo bailar. Para compartir las pasiones, y seguir festejando en un día en que el país futbolizado grito desaforado por la gloria del básquet y del tenis. Fue el sábado en que, peñero(s) festejamos peñando con Ramiro González, haciéndonos eco, como en el deporte, de las alegrías de ellos. Por lo que supimos conseguir y por lo que están consiguiendo estos artistas, que nos apropiemos de sus logros y sus letras. Una gloria difícil de explicar.


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