Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA

El encuentro se realizó los días 8, 9, 10 / 15, 16, 17 / 22, 23, 24 de julio.


28/07/2016

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RECORDAR


Uno noche de invierno en Cosquín, enfrentar al frío puede ser lo más hermoso. Sobre todo, cuando sirve como un calmante esperando que llegue enero…

La ruta no estresa. El colectivo hace su recorrido en el horario que debe. Los autos no van a paso de hombre y los hombres y mujeres, no corren como autos. Las calles no están sobrepobladas, los negocios cerrados, la plaza vacía… Pero el alma se empieza a llenar. Es que estamos en el Cosquín de Peñas de invierno. Entonces el calor, nace desde adentro y explota. No en el cielo, como cuando se dice el grito sagrado. Pero es un fuego igual de importante.
Una serie de peñas, una grilla de lugares, una cantidad de artistas que rondarán por varias y los bailarines y escuchadores, que se pararán ante cada puerta y decidirán si entrar o no. Para esa altura, no solo por la calidad artística, sino del aroma de locro que invita…

Cosquín en invierno, es ideal para quien vuelve al folklore después de muchos años. O para aquellos que no se pierden ninguna edición. O para los que faltan de aprender mucho, pero saben que esta es la mejor escuela. En la primera clasificación, podemos mencionar una jachallera que fue a ver a Claudia Pirán o Los Surcos, pero que más allá de eso, llega para volver a emocionarse con “toda la gente que baila”. Los segundos, son los infaltables. Aquellos sabios populares que cuidan celosamente la posta de esta música que tanto nos gusta. Reidores, sonrientes, abrazadores sinceros que se convierten en esa gente “tan necesaria”. En el último grupo, aquellos que quieren cronicar, y en ese compromiso a veces no se dejan llevar. Hasta que el vino, la zamba, la chacarera se disfruta mucho más que antes. Porque lo único que hay que tomar en serio, es lo que transmite el artista, más allá de acordarse o no la canción. Escuchadores, respetuosos, admiradores…

  EL RECORRIDO 
En la calle Perón, no hay tantos autos. Solo vidrios empañados por lo que pasa adentro. Y adentro está Lucrecia Rodrigo, cantando hermosamente “Cuando me abandone el alma” (Raul Trullenque - Cuti Carabajal), “Corazón de lechiguana” (Ferreyra Marcelo - Onofre Paz), o una selección de zambas de algunos jugadores de toda la cancha. Dice ella de Atahualpa, Falú y Castilla. Suena en Puerta del Sol, y los canta a ellos que son nuestros soles.

En la Confitería Real, la realidad es la cara y los aplausos de la gente. Brisas del Norte mejora la cena y la bebida con huaynos, con el escenario improvisado. El lugar no es muy amplio, pero el corazón gigante.
 
En La Salamanca, las vasijas con locro o humita, son lo más buscado. Y Claudia Pirán, la más aplaudida antes de medianoche. Ella, que siempre vuelve y siempre conmueve, ríe y disfruta mientras canta y debajo los que comían hasta entonces se sueltan para una zamba. La acompañan “la mujer orquesta” Erica Golvas y el guitarrista Carlos Méndez. En la barra Milena Salamanca cobra unas empanadas. “Es buena moza”, dice un señor que pasa. Nunca sabremos si por el servicio o por el porte cuando canta, al cerrar la noche.

En una de las mesas del lugar, se ubica a Jane Fiorine, mujer de acento extranjero que más allá de su bandera, estudió y publicó un libro sobre “El duende musical y cultural de Cosquín, el Festival Nacional de Folklore argentino”, para que entendamos de la importancia. Para que recordemos que en otros fríos la conocimos y la vida o el destino, nos dice “segunda” para volver a cruzarnos.

Luego de Los Surcos, el camino está allanado para que suba Ramiro González con Diego Galeassi. Allí, Ramiro hace lo mejor que sabe. Canta, cuenta, habla, siente, comparte… Luego, La Cruza, de Villa El Libertador, hace homenaje a los iconos del canto, la lucha y la memoria que están en las esquinas de la Plaza Próspero Molina. Allí, sentados casi rígidos están Mercedes Sosa, Jorge Cafrune y Atahualpa Yupanqui. Decimos “casi”, porque todos sabemos que jamás podrán estar quietos del todo. Entonces Martín Mamonde grita, con el puño en alto: “Que Cosquín sea la poesía y la canción, y no la berretada que nos tiene acostumbrados”. Porque en este lugar, los cantores de pueblo, siempre serán más recordados que los cantantes oportunos. Entonces cruzábamos la noche frente al confort de los cómodos los de siempre, pero los de siempre somos nosotros que siempre, la pelearemos.

Al volver, uno pensaba cómo poder definir todo lo vivido. Los amigos, los colegas, el disfrute, la escuela, la lucha, el caminar en el frío, el bailar en pleno calor, Jane con su investigación y volver a verla, La “Piri” que regala sonrisas, Paola Bernal que regala belleza arriba y abajo del escenario, la emoción, el abrazo sincero, el sentir… Entonces fue la madrina del Cosquín de Invierno, quien nos hizo ver lo que pasaba. La magia, lo que pasa, al comentarle que era la segunda vez en un julio coscoíno y nuevamente con ella en la noche. Fue clara, sencilla y conmovedora Pirán: Todo es causalidad.


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