Notas
ENTREVISTA


12/04/2016

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RECORDAR


El folklore es materia viva y en contante crecimiento, se alimenta de la innovación de las nuevas generaciones, pero también sobre los cimientos que supieron edificar los grandes hombres y mujeres de nuestra música.


Ramón Ayala, está entre estos últimos. Es sin dudas, parte de la historia de nuestra cultura más profunda, padre de piezas como “El cosechero”, “El mensú” y “El jangadero”, su legado es tan inmenso como el de Atahualpa Yupanqui o Raúl Carnota.
Este viernes regresa a la escena porteña acompañado por los Hermanos Núñez en bandoneón y guitarra. Antes, dialogó profundamente con FolkloreCLUB.

¿Cuál es el mapa que viene preparando para este viernes, donde se reencontrará con su público en el ND Ateneo?
Cuando a uno lo tratan muy bien en una casa o en un país, tiene recuerdos muy gratos y quiere volver. A mí me trataron muy bien allí. Estuve dos horas y media cantando, hasta cuentos les hice, diciendo algún poema. Hasta bailamos un gualambao con una chica que subió al escenario.
Para mí fue una interacción entre el artista y el público. Es decir, yo disfruté tanto como ellos. Tal es así, que cuando volví a la tercera vez . Porque me fui y tuve que volver y cantar. Le dije: “Queridos amigos: les traigo un mensaje del director del teatro. Me ha dicho que le comunique a mi respetable público que este recital no es con cama. Hay que ir a dormir. Porque él, ustedes y yo necesitamos descansar. Hace dos horas y meda que estamos cantando. Les agradezco muchísimo este fervor, este encanto, que me lo llevo conmigo en el corazón. Quisiera decirles que los quiero, no les digo que los amo porque una vez lo dije en un escenario y me esperaron dos tipos afuera. Como no quiero que me ocurra lo mismo, les digo que los quiero y les digo también buenas noches amigos”
La mayor calidad de público era de muchachos jóvenes. No sé por qué yo atraigo a la juventud, será por mi alma que es un alma joven. Yo estoy siempre al lado del amor, de la canción, de las cosas bellas de la vida. Para eso ha nacido el hombre: para ser feliz, para transitar por la belleza, para crecer, para desarrollarse y morirse en paz, feliz de haber vivido. Ese es el secreto de la vida.


Usted atrae a la juventud, ¿qué artistas lo cautivaron a usted en su juventud, fuero señeros en su camino?
Uno de ellos fue Atahualpa Yupanqui, siempre. Por su profundidad. Hay gente en el mundo que dura y otros existen (como el perro, el caballo, el mosquito) y otros que viven. Los que viven son aquellos que están vivos, por única vez en los milenios. Como este momento que estamos viviendo y que no se repetirá jamás.


Yupanqui decía que quien canta cosas criollas no debería gritar, para poder conectarse con la tierra. ¿Cómo se vincula con su propia voz y con la técnica?
Yo creía que como tenía mi guitarra y tenía mi voz, ya era suficiente para decir cosas, pero resulta que mis canciones son importantes en cuanto a la melodía. Se necesita a alguien que maneje la voz. No es una milonga que tiene un tono bajo, son melodías fuertes. Entonces fui con un profesor amigo, Ricardo Catena, que me ha hecho mucho bien. Es un gran profesor y fue un gran barítono. Tiene más de 90 años y sigue cantando. He aprendido de él y me siento muy feliz porque subo al escenario con una gran seguridad. Y eso me avala para sacar ideas, imágenes filosóficas, andanzas, sabidurías del camino que voy contándole a la gente, porque ya tengo la voz detrás que me sostiene.


¿Qué otras cosas despiertan sus canciones?
Mis canciones son canciones que están en pro del hombre, de la libertad, de la bonanza, del buen vivir, que es lo mínimo que tiene que tener el ser humano. No ser esclavo de otro. Porque esta sociedad nuestra es esclavizante. Si vos no tenés 6 u 8 horas al servicio de otro, sos un tipo que no servís. Felizmente, nosotros los artistas tenemos este gran beneficio de poder ejercer tu vocación, tu canto, tu vida, tu deseo, tu desvelo y además te pagan… es una maravilla. Pero además soy varios tipos en 


¿Cómo es eso?
Ser un poeta es una vida. Poeta no se puede ser de aquí a mañana. Es una vida de desarrollo, de romper, de quedarse, de andar, de mirada detrás del horizonte. Hay que tener una mirada profunda y hasta filosófica.


Ser pintor es otro universo, otra vida, lo que es ser original en su obra, crear una escuela.
Ser cantante, cómo la voz de diafragma es una voz lirica. Yo he hecho canto con un profesor del Colón. Pedro Vargas, Ortiz Tirado, Frank Sinatra, todos los grandes cantores del mundo han estudiado y lo han empleado en la canción popular. Es muy difícil salirse del tranco y del rumbo de lo popular, lleno de defectos, de cantar de garganta, apretado. Por eso hay cantantes populares que se quedan afónicos. La voz es el instrumento más delicado del planeta tierra. Hay gente que habla mucho y se larga a cantar como si supiera y rompe su instrumento. Hay voces muy bellas, grandes voces que se han exterminado por el mal empleo. No se puede cantar sin conocer su voz, se está exponiendo el capital más maravilloso.


¿La perseverancia es fundamental en un artista?
Y la inteligencia, y la sabiduría. No ser ignorante, no se puede ser un transeúnte, un turista del arte. Las cosas tienen que hacerse en profundidad, conocer bien lo que está haciendo.


¿En su experiencia, qué cosas le ha enseñado la vida?
Tengo a veces una gran pena cuando veo personas que van por la vida sin darse cuenta de que están vivos. La maravilla que tenés de estar en este planeta que es inmenso y maravilloso. Cada instante de la vida es único, lleno de luz, de sol, de aire, de amor, de amigos, de cine, de lo que quieras. Darse cuenta de eso es importantísimo. Por eso tengo mucha pena cuando veo a la gente tan ausente de sí misma y ausente de la vida, de su propia existencia. Eso es lo peor que le puede pasar a alguien. No digo ser un perito de la vida, pero por lo menos darse cuenta que respira, que tiene todo para él, que es un dios. El hombre es un dios andando en el paisaje. El hombre es el ser más misterioso del planeta tierra.

EL DATO:
Viernes 15 de abril a las 21hs. en el ND Teatro, Paraguay 918. Entradas desde $200, en venta a través de www.plateanet.com, teléfono 5236 3000 o en boletería del teatro.


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