Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA

Con la música a otra parte


03/06/2006

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RECORDAR


Peteco Carabajal presentó su último disco doble Ckaynan Cunan los días 2 y 3 de junio en el Teatro Coliseo, pero sobre el final, impulsado por el clima festivo, desenchufó su violín y se cruzó con el público a una plaza para ponerle un broche de oro a su recital.

Si bien de entrada ya se sabía que el encuentro iba a tener condimentos especiales por la calidad artística y musical de Peteco, la propuesta de llevar al “Bailarín de los montes”, Juan Saavedra, para promover la danza santiagueña en varios tramos de la noche o por el disfrute del invitado especial con basta experiencia como Eddy Sierra -volvió a pisar un escenario luego de 10 años-, pero de ninguna manera estaba en el imaginario colectivo de la gente que el cierre se originaría al aire libre. En una plaza.

Luego de un poco más de dos horas, Peteco Carabajal anunció el final de las dos primeras fases del show, donde se encargó de interpretar los temas de las dos placas que componen Ckaynan Cunan. Ahí lo mejor recién estaba por empezar: “Lo que queríamos mostrar ya se lo hemos dado. Ahora esperamos una entrega de ustedes”, desafió a las plateas.

Con un “final de fiesta” -como él mismo llamó- , uno tras otro los repiques de chacareras vaciaron las butacas y más de 20 parejas se subieron al escenario para iniciar un verdadero baile popular. En “Vuelo enamorado”, “Cielo o infierno”, “Corazón verdugo” y “Déjame que me vaya”, no pudo disimular su felicidad por lograr una comunicación fluida con sus fans. Y luego, mientras cantaba “Añoranzas”, desprendió el cable del enchufe de su violín, abrió paso por el público y desembocó, tras esquivar los autos que transitaban por la calle Marcelo T. de Alvear, en la plaza que está al frente del teatro. Ahí improvisó una ronda y en el medio una guitarreada coronó a una noche que seguramente guardará consigo para siempre.

En el inicio Saavedra fue el primero en aparecer. Secundado por Carabajal iluminaron juntos el primer destello de danza, para luego darle lugar al cuerpo de baile “Raza”. La música empezó con el recorrido del disco 1, que curiosamente siguió el orden de los 15 temas: desde “Introducción – Ckaynan Cunan”, “Violín de Antes”, “Fortuna, fama y poder” , “Antes del fin”, “La luz de tu mirar”, con la que ganó Roxana Carabajal el Festival Internacional de Viña del Mar como mejor canción, “Voy de paso”, “Bailar y vivir”, “El color de la chacarera”, donde invitó a cantar a su autor Horacio Banegas, hasta “Los santiagueños”, uno de los temas más comprometidos de su repertorio actual, que se lo dedicó a todos sus coprovincianos presentes y pidió que su tierra natal se aleje definitivamente de la injusticia social.

Para que el principal protagonista descanse entre un bloque y otro, los integrantes del Grupo Raza desplegaron un set de percusión y un desfile de malambo, que recibió uno de los mayores aplausos de la velada. Así la danza tomó un ancho espacio en las dos funciones de la mano del “Bailarín de los montes”, que se alzó, como lo viene haciendo desde hace décadas, una merecida distinción popular.

Más adelante aparecieron las piezas “La simple”, “La estrella azul”, la increíble versión de “Digo la mazamorra”, entre otras. Todas acompañadas por los músicos Demi Carabajal en batería, guitarra y voces, Juan Antuz en guitarra eléctrica y Daniel Patanchón en percusión.

Peteco Carabajal y Juan Saavedra entregaron todo su folklore, pero sobretodo pusieron en nuestras manos arte en una combinación perfecta de danza y música sobre el escenario. Un espectáculo completo que duró casi tres horas y que fue sobresaliente de principio a fin.


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