Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA

¡Incansable!


07/10/2006

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RECORDAR


Finalmente Soledad Pastorutti volvió el sábado al teatro Gran Rex para despedir Diez años de Soledad, un disco doble que representó una gran apuesta en el centro de los adversos tiempos que sufre el comercio discográfico. Y ahí estuvo La Sole, estática sólo en la inmortalidad de las fotos, y en el escenario, moviéndose de un lado hacia el otro y llevándose por delante absolutamente todo. Seguramente que a esta noche la atesorará para siempre, cada vez que la memoria la traslade a una de sus presentaciones sobresalientes. Es que cumplió el sueño de cantar, gracias a la tecnología del video, con la inigualable Mercedes Sosa, además de abrazarse en zambas con Facundo Saravia, de invitar en un contrapunto a Luciano Pereyra, y brindar junto al productor Afo Verde. Pero del otro lado también estuvo bien acompañada por su gente, esas mismas caras que la sigue desde hace años. Unos verdaderos amigos que se reencuentran cada vez que ella propone un lugar físico para cantar, sin importarles los kilómetros por recorrer ni las monedas que halla que juntar para conseguir una entrada. Total, todo se justifica cuando La Sole sale a escena y deja en cada estrofa su alma, corazón y vida. De espalda y con un sombrero rojo sobre su cabeza, Soledad dio medio giro y enfrentó a un público enardecido. A las 21:43 empezó el primer tramo del repertorio con “La fiesta”, el estreno “Me salgo de la vaina”, “Nunca me fui” -los tres anteriores de su autoría-, “Chacarera del milagro”, “Yo si quiero a mi país”, y “Entra a mi pago sin golpear”. La pronunciada madurez vocal para interpretar y su ascendente base artística apabullaron los viejos años de inocencia. Firme y segura, y sin meditar el próximo paso a dar, supo manejar a su antojo los desniveles rítmicos del show. Así fue que por medio segundo se quedó en silencio, agradeció a sus fans por haber agotado las localidades, y con misterio confesó: “...en todos estos años que pasaron no dejo de anhelar ciertas cosas, y estoy segura de que hoy algo va a pasar...”. Inmediatamente en una pantalla gigante con forma de luna llena apareció sentada uno de los estandartes máximos del folklore: Mercedes Sosa. La magia de la grabación digital le regaló a Soledad un dueto con “La Negra” en “Canción del jangadero”. Las plateas contemplaron esas imágenes sin dejar escapar el más mínimo de los detalles. Más tarde, en “Amutuy - Soledad” invitó a Luciano Pereyra, presentado como un amigo que cosechó durante su carrera. “Es un gusto estar acá porque ella es un referente para todos”, disparó Pereyra mientras recibía una ovación unánime. Aunque quedó el sabor a poco, porque la gente aclamaba otro tema, pronto se podrá recrear la postal de escucharlos juntos, cuando Luciano edite su nuevo disco donde participa La Sole en una canción. Pero los grandes amigos seguían apareciendo. Facundo Saravia aguardó desde la platea, mezclado con la gente. Al llegar su turno, la escenografía ambiciosa lo elevó desde el suelo hacía donde se encontraba la anfitriona, para participar en una justa selección de zambas (La López Pereyra, Agitando pañuelos, No te puedo olvidar y La nochera). Como en aquel Cosquín del 96 –desde ahí cuenta Soledad los 10 años de carrera- su hermana Natalia también estuvo presente. Interpretó sola “Si supieras”, como lo hará posiblemente el próximo año cuando grabe un disco para la compañía Sony-BMG, mientras que La Sole se casa y se toma un descanso. Después, juntas recordaron que a “Señora del carnaval” la estrenaron en el Gran Rex en agosto del 98, cuando batieron record de funciones. También aparecieron una seguidilla de temas lentos, como: “El tiempo pasa”, “Otro día más”, “Mi verdad”, “Cantaré”, “Obsesión”, “Adonde vayas”, y en contrapartida, los más acelerados: “Lejos de ti”, “El Ballano”, “El humahuaqueño”, “Tren del cielo”, “Luces para mi”, y “Mal de amores”. Sobre el final, resumió con la letra de “Brindis” las vicisitudes y los logros que atravesó a lo largo de su vida artística. En esa canción fue guiada con el punteo de la guitarra del productor de su última placa, Afo Verde, y se despidió con los acordes de “Salud, dinero y amor”. Así se esfumaron dos horas de show, un tiempo que sólo algunos como La Sole son capaces de mantener en vilo. Es que estuvo como siempre explosiva, corrió, saltó, bailó, y lo más importante es que cantó prolijamente y tuvo la cintura entrenada para escapar a los cortos problemas de sonido.


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