Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


13/07/2013

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RECORDAR


Cosquín en julio es particular. Todos ven a todos. Todo tiene contacto con todo. La gente con los artistas. Los artistas con sus raíces. Las raíces con la historia. La historia con el futuro.

Fernanda acompaña y guía. Dicen que es la encargada de prensa –léase “la prensa no es nada sin ella”-, pero es una coscoína más. Y una más de nosotros. Entonces sabe, mejor que nadie, donde están los mejores lugares.

Puerta de Sol se llama la esquina que se erige como peña. El nombre parece buscado en algún libro, en alguna leyenda urbana. O simplemente un paisaje, o un deseo. Parece un hotel, un lugar donde la gente se detiene a descansar. Pero no. los que se frenan allí, en esta ruta peñera, son los artistas. Allí, quien se queda quieto demuestra que no tiene sangre. Que no tiene la vibración que se siente en un lugar así.

El momento justo

Sentarse en el momento justo es realmente muy bueno. Un par de mesas sin nadie, son el pretexto para el “¿nos quedamos?”. Hubiese sido un grave error decir que no.

La previa se va dando con el apoyo de los comensales. No son una multitud, pero son los necesarios para que la fiesta se desate. El baile y el canto no permiten gente inhibida. Y nadie, como debería pasar en todos lados, se preocupa por si baila bien, o si canta bien. Todos llevan alegría en los movimientos, en los pensares. Y eso es lo que realmente importa.

El escenario que parece chico, se agranda con algunos artistas. Los primeros que llaman la atención, no llegan a los veinte años. Pero van, un poco con miedo, pero mucha confianza. Salen a comerse la cancha, como quien dice. Pero para llegar a Primera, tienen que pasar por estas divisiones inferiores.

La Mechase hacen llamar. Folklore instrumental del bueno, y del nuevo. Batería, bajo, guitarra y flauta traversa son protagonistas. Aunque más, los que utilizan ese instrumento como medio de lo que quieren hacer.

Cuando la música quema

Y otro medio es el violín. Ese delicado y romántico instrumento que cuando es tocado con genialidad, lo único que provoca es admiración. Eso fue lo que pasó con Leandro Lovato en la Puerta de Sol y en cada una de las peñas a las que fue. Alguien consagrado que vuelve a su primer amor. Sin pedir nada a cambio, sólo apoyar a los que no siempre son apoyados. Alentar el espacio a quienes no siempre lo tienen.

A él los focos de luz le daban calor. Y le “quemaban”. Él lo lograba con su violín y su forma que la zamba y la chacarera, quemara a los sentados. Los levantara y los hiciera bailar. Un lujo en una esquina que no fue la misma. Que en el día a día es un hospedaje, pero en julio, la magia peñera la transforma en un lugar al que le sobran las palabras. Porque en Cosquín el lugar de siempre, nunca es el mismo lugar.


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