Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


13/07/2013

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RECORDAR


Hay dos tipos de fuegos en Cosquín. Los de artificio y los comunes. Los primeros son lindos, coloridos, llenan de luz, pero son fugaces. Y para peor explotan en el cielo. Allá arriba, donde nadie los puede tocar. Usted dirá que le llega a los seres queridos que andan por ahí. Yo me atrevo a dudar.

Pero quería hablar más que nada de los otros fuegos. Los comunes. Los que se palpan, los que queman. Esos que iluminan toda la noche. Esos que por estar siempre, a veces no se los reconoce. Los fuegos que noche a noche se encienden en Cosquín. En un brasero, para calentar una casa, para encendernos.

Eduardo Galeano comenta que hay algunos fuegos que arden con tanas ganas la vida, y los que se acercan se encienden. Bueno. Ese es el punto. Eso es Cosquín.

Los primeros fuegos se ven más que nada en enero, durante nueve noches. Pero son de artificio. Son un show en un festival que se “espectaculariza”.

En julio Cosquín es diferente. Y su fuego también. Tranquilo, calmo que hasta parece que cuenta historias. Tan cercano que parece que abraza… Tan de la tierra, que es a quien se debieron todos los grandes folkloristas.

Es que en julio las peñas son más peñas que nunca. Los artistas son esos que no pagan a la televisión para un espacio. El espacio se lo ganan por andar y andar. Por golpear puertas, por soñar. Por el brillo que tienen en sus ojos al cantar, o al bailar. Ese fuego interno que les quema por dentro, tanto que tienen que hacer lo que saben.

Las noches que vienen

Es un festival diferente. Tanto que te permite estar tranquilo leyendo a De Moraes. El brasilero que dijo que la guitarra es una mujer. Eso es para entender más acerca de esa diosa con cuerdas que es protagonista en cada una de las peñas.

Pero volvamos a los fuegos. Al fuego. Ese que te quema. Que te ilumina. Que te hace saber que estas en Cosquín para conocer las raíces de la capital folklórica. Un festival que no vende tanto, pero enamora más. Y por eso es más folklórico. Porque revive su espíritu en cada noche. Porque busca en los duendes de los alrededores los consejos para no terminar nunca. Para que no se apague ese fuego.Para que nos encienda todas las veces cuando nos acerquemos, como si fuese la vez primera.


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