Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


16/02/2013

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RECORDAR


“A Jujuy siempre se vuelve”, cuenta la leyenda del “Río Engualichado”. Se lo entona, además, en las estrofas de la bellísima zamba de Hugo Chagra y Marcos Paz; como así también se vislumbra en cada cartel de bienvenida a los pintorescos pueblos que integran la mágica provincia del noroeste argentino.

La paleta de colores que pincela cada paisaje, la naturaleza viva alrededor de cada población albergando casi en sus brazos a cada habitante que se choca con majestuosas divinidades plasmadas en cerros, ríos, selvas y valles; y la paz inmaculada que inunda el alma invitan a disfrutar de este lugar.

La fecha por excelencia para visitar las tierras jujeñas es en el mes de febrero cuando se celebra el carnaval. Los festejos varían según las cuatro regiones que conforman la provincia que son: la quebrada, la puna, los valles y las yungas. Por ser la región más estrechamente vinculada con la historia y la tradición, la Quebrada de Humahuaca ofrece la conmemoración más emocionante del carnaval, ligado al respeto por la madre tierra y a su ciclo de cosecha; ratificando el nombramiento de Patrimonio de la Humanidad, declarado por la UNESCO.

EL CARNAVAL DE LA QUEBRADA

Humahuaca, Uquía, Huacalera, Tilcara, Maimará, Purmamarca, Tumbaya y Volcán son distintas localidades que conforman la Quebrada de Humahuaca. Cada una de ellas conmemora el inicio del carnaval con sus respectivas comparsas y los festejos que se desatan con el desentierro del diablo. Aunque, previamente, se celebran el jueves de los ahijaditos (este año fue el 24 de enero), el jueves de compadres (31 de enero) en el que sólo los hombres salen de sus casas para compartir comidas típicas, bebidas, música y baile con sus pares; y el jueves de comadres (7 de febrero), exclusivo para las mujeres.

El desentierro del diablo del sábado 9 de febrero dio paso al comienzo del carnaval desatando la picardía que representa este ser emblemático y la fiesta total. La tradición consta en el desentierro de un diablo simbólico –de utilería- del mojón o apacheta (montículo de piedras colocadas por los lugareños a modo de agradecimiento a la Pachamama) en el que se ofrendan bebidas, maíz y coloridas flores a la madre tierra. Este diablo rondará por todos lados a lo largo de los días de juerga hasta ser enterrado marcando la culminación de los festejos.

Una vez que el mismo es desenterrado, los diablos disfrazados con coloridos trajes decorados con espejos y cascabeles comienzan a descender desde la cumbre de los cerros representando la llegada a los pueblos para bailar junto a todos en la chayada alrededor del mojón con los más alegres ritmos típicos andinos como los carnavalitos, las sayas y los tinkus. De esta manera se declara oficialmente el inicio del carnaval.

El característico olor a albahaca impregna las calles, innumerables banderas de los pueblos originarios y de las distintas comparsas flamean por todas partes. Los ruidos de los cascabeles, las risas, los cantos y los bailes pregonan la alegría que cada visitante o lugareño atraviesan. En cada rincón de Jujuy se escucha al unísono el infaltable cántico: “Por fin llegaste carnaval lleno de flores, echando polvo y misturas de mis amores”.

Todos lucen sus caras y vestimentas cubiertas con talco, espuma y pintura. Los solteros adornan con un ramito de albahaca su oreja izquierda y los casados, la derecha. El deseo de compartir aflora en cada uno y el sentimiento de hermandad se propaga en cada lugar visitado.

Dentro de las celebraciones disponibles las más destacadas son el desentierro del diablo de la Comparsa Pocos pero Locos a orillas del Río Huasamayo, en Tilcara con la presencia de Los Tekis al igual que la peña organizada por este conjunto en el Tinglado Municipal de la localidad (ver “Los Tekis, grandes difusores del carnaval jujeño”); y el desentierro de la Comparsa de la Unión Obrera, en Maimará.

DESENTIERRO EN MAIMARÁ

La tradicional Comparsa de la Unión Obrera, fundada por Francisco Maurin en 1954 en Maimará, abrió sus puertas a la peña organizada por sus miembros para compartir un almuerzo el domingo 10 de febrero en el salón decorado con banderines, serpentinas y grandes banderas policromáticas.

Algunas coplas nativas de las coyas entonadas por Doña Josefina Vilte, socia de la comparsa desde hace años, ofrecieron la antesala para que todos los presentes desfilaran en caravana, siguiendo las melodías de los instrumentos de viento y de los redoblantes, desde el salón hacia el cerro donde se encontraba el mojón en el que se produjo el desentierro del diablo.

Tras la ceremonia, todos volvieron al predio donde el baile (acompañado por la espuma, el talco y la harina) no paró hasta la madrugada del lunes al compás de la música en vivo de diversos conjuntos.

En días de carnaval todo es alegría en Jujuy. No obstante, este fin de semana llegará la hora del entierro del diablo derramando angustia y silencio porque el mismo deberá llegar a su fin. Pero, que la tristeza no se prolongue ni que atormente, ya que de todos modos “A Jujuy… siempre se vuelve”.


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