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NOTA DE INTERÉS

Folklore en el Subte de Buenos Aires


07/10/2004

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RECORDAR


Ésta es una experiencia que sólo se puede vivir en la ciudad de Buenos Aires. En las primeras horas de la mañana, tal vez cuando en el campo se empiezan a ordeñar las vacas o a cuidar los cultivos, en la Capital Federal de la República Argentina una experiencia recomendable sucede. Son días hábiles y arduos. Esos donde viajar sobre rieles y bajo tierra en de Buenos Aires no es lo más placentero que nos puede ocurrir. Vagones llenos, o semi llenos, que no dejan estar cómodos a los apurados viajeros. Escribo esto casi naturalmente, pero no tomo conciencia de que somos la única ciudad del país que tenemos un medio de transporte como éste: el subterráneo. Un transporte que se ha transformado en un paseo inevitable para los turistas nacionales o internacionales que nos visitan, donde recorren las formaciones con cámaras de fotos y filmadoras en mano. Cada vez son más. Es un verdadero mundo bajo tierra que tiene años de historia y muchas historias.
 
Los pasajeros, sentados en los extensos “sillones” colorados o simplemente agarrados del pasamanos no viajan más de veinticinco minutos desde los suburbios de la Capital Federal hasta el centro mismo de la ciudad autónoma de Buenos Aires. Todo para llegar hasta el corazón de la actividad administrativa, económica y financiera país. Donde todo parece ponerse en marcha.
 
De pronto, se escucha una guitarra, un charango, una quena. Rápidamente uno busca la fuente de esos sonidos particulares, las cabezas giran hacia una dirección y el asombro se hace casi general. Dos personas, de vagón en vagón, hacen música folklórica argentina y de países limítrofes.

 
Los contemplo. Presto atención durante los pocos minutos que pasan cantando por mi vagón. Casi al mismo instante, con toda mi curiosidad por saber de ellos, bajo del subte y me acerco para conocerlos. Mi primera pregunta fue, ¿por qué eligen el folklore para tocar en el subte?. “Por una cuestión de familia, hace años, de chicos hemos mamado éstos ritmos y bueno, viene por ese lado digamos”, comenta Guillermo Ibañez acerca de sus primeros contactos con la música folklórica. Sobre el medio en el que trabajan sigue contando Ibañez: “tiene sus idas y vueltas. Hay días que se trabaja bastante tranquilo porque los subtes andan a horario digamos, y hay otros días que nos demoramos un poco más porque los subtes se retrasan un poquito, pero tranquilo, bastante tranquilo dentro de todo digamos”.

Sentados por unos instantes, como todo aquí bajo tierra, descansan mientras cuentan sus comienzos musicales y miran a las mareas humanas que pasan corriendo hacia las escaleras. Ahora es Luis Lamas el que nos cuentan que es lo que hacen de vagón en vagón: “El repertorio que tenemos abarca casi todo, desde la gama andina hasta Santiago del Estero, porque hacemos chacareras o hacemos partes del litoral, chamamés, o hacemos cosas de Mendoza, cuyanas. Y ahora vamos a ver si podemos incursionar un poquito en la música del sur, algunos loncomeos y cosas así, tan tradicionales de nuestro país. La gente lo acepta y les gusta. Tenemos muy buena aceptación dentro del subte, donde nosotros tratamos en lo posible de entretenerlos, de alguna manera, llevar un poco de alegría por como estamos viviendo en el país, creo que en general, es una forma de hacer cultura dentro del subte”.

Acerca de sus orígenes y su trayectoria, Lamas nos dice: “yo soy nacido y criado en la Quebrada de Humahuaca, en San Salvador de Jujuy. Todos éstos instrumentos y la mayor parte, los he mamado desde muy chiquito y he tenido oportunidades de andar por el país y he armado grupos. En el ´77, he tenido la oportunidad de estar en Cosquín, ganar un Camín Cosquín con un grupo que se llamaba “Los Shelkas”, haber hecho una gira con Los Plateros y una vez que nos disolvimos con el grupo, en el ´80, me fui a vivir a Rosario y de ahí de Rosario me fui a vivir a Bariloche y ahí armé otro grupo que se llamaba “Ecos Andinos” y con ese grupo vinimos a Buenos Aires y anduvimos trabajando con el ya desaparecido, Chúcaro y también con Norma Viola, con el ballet (Folklórico Nacional), haciendo distintos lugares del país con el ballet, por intermedio de cultura. Y después trabajando en otros lugares hasta que como la mayoría de todos los músicos cuando tenés un lugar y por ahí, de una parte de la gente cuando ya no tenés posibilidades de trabajo, empezás a buscar por otros lugares, hasta donde se dio de poder hacer cultura en el subte y que bueno, tenés tus contras, como decía Guillermo, y también tenés tus cosas a favor y estamos en eso. Tratamos de hacerlo lo mejor posible”.

Guillermo también hace lo propio: “yo soy de Santa Fe capital. Yo empecé a cantar de muy chico, a los ocho años y ahí gané un concurso que organizaba la subsecretaría de cultura y ahí empecé a cantar folklore, en distintos escenarios de la provincia, en la Radio Nacional de Santa Fe, obviamente y después estuve por el rock en la época de la adolescencia, hasta que a los dieciocho años más o menos, volví al folklore y actualmente estoy presentándome en los centros culturales de aquí, en Buenos Aires y hace cuatro años que estoy. Edité mi primer disco en Santa Fe, en el año ´99, donde tocaron todos músicos de allá de la ciudad y compuse muchos temas de ese disco y canto muchos autores de allá de Santa Fe, de toda la provincia y ahora estoy por presentar mi segundo disco con mi grupo que tengo acá, que se llama “Guillermo Ibañez y Tren de almas”, y bueno, haciendo eso. Haciendo canciones mías, incursionando en el folklore, en ese género de la canción. Estamos haciendo distintos ritmos latinoamericanos, candombes, guajiras. Tal vez no estoy muy cerrado a nivel nacional y estamos yéndonos un poquito para Latinoamérica también”.
 
Usted se preguntará, ¿cómo hago para conocerlos? ¿cómo hago para escucharlos aunque sea unos pocos minutos entre estación y estación? Bueno, tienen varias opciones: la primera de ellas, la más accesible, pero no la más simple, es viajar una mañana cualquiera, siempre en días hábiles, en la línea B de subterráneos , la que va desde Leandro N. Além hasta la estación Los Incas. Viajar, viajar y viajar hasta que suene cerca suyo una chacarera, un bailecito o un chamamé. La segunda la cuentan ellos: “a parte del subte, nos pueden escuchar en algunos lugares más donde nos puedan llegar a contratar, o cosas así porque cada uno tenemos diferentes actividades afuera del subte, musicalmente hablando”.
 
Con sus instrumentos sobre el hombro y con un amplificador, se los ve contentos. Mientras hicimos ésta breve nota – como todo en el subte, compruébelo- han pasado casi diez trenes. Estamos en una de las estaciones más concurridas de la red de subtes: la estación Carlos Pellegrini donde se juntan las líneas B, C y D. Sobre rieles y bajo tierra, también nos cruzamos con el folklore.


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