Notas
ENTREVISTA


30/01/2010

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RECORDAR


Mercedes Sosa y Teresa Parodi han grabado sus obras. El instrumentista reflexiona sobre su carrera y sobre la tarea docente. Asegura que “el compromiso del profesor es más importante que la técnica”.

Te has volcado a la música instrumental ¿cómo tomaste esa decisión en su momento y cómo vivís hoy tus experiencias con el canto?

-Son dos cosas que se juntaron, en realidad lo mío es lo instrumental: yo soy pianista, pero también soy compositor. Compuse canciones que, la verdad, tuvieron más repercusión de la que hubiese imaginado. El hecho de que Mercedes Sosa hubiera grabado una canciones mías es algo que nunca hubiera soñado, entonces me obligué a estudiar canto para poder ser un cantautor también y poder mezclar con mi piano mis canciones. La verdad es que el canto también es un viaje maravilloso. Nunca voy a ser un cantante, pero soy un cantautor y un pianista.

De todas tus canciones grabadas por Mercedes Sosa o Teresa Parodi ¿Cuál te representa mejor?

-Como siempre, uno tiene que caer en ese frase que escuchó tantas veces, que “uno a todas las canciones las adora”. A veces hay algunas que viajan más, como “Lapachos en primavera” que es la que grabó Mercedes o “Sacame Chacarera” que son chacareras que ella grabó. Pero uno las quiere a todas y las siente a todas como una prolongación, sobre todo porque trata de no mentir nunca y componer realmente desde el ser de uno.

Este año Cosquín tuvo más acogida hacia los instrumentistas (Joel Tortul, Franco Luciani o Mariana Cayón, por ejemplo) ¿Cómo evaluás esto? ¿te gustaría volver al escenario Mayor?

-Sí, he vuelto como invitado de Juan Carlos Cambas que también ha estado como pianista. Tuve la alegría de tocar de vuelta con Teresa cuando gané Cosquín en el año ´88 y sí, claro que me imagino, sueño con volver. Creo que Cosquín tiene muchas cosas para mejorar, pero que uno no se tiene que correr, tiene que estar aunque sea repartiendo sus compact en la plaza, hasta para cuidar el alma de Cosquín. Y sí, mi sueño el año que viene sería volver a tocar ese piano y brindar mi música en Cosquín.

¿Cuáles son las influencias que confluyen en tu música?

-Yo soy santiagueño, entonces llevo la chacarera, la zamba y la vidala en el alma. Creo que están impregnando toda mi música, tengo la impronta de Adolfo Ábalos que fue un pianista que nos marcó a todos y que a su vez sintetizó a otros grandes pianistas. Me gusta mucho Egiberto Gismonti, Béla Bartók, Federico Chopin y como autor Yupanqui. La concepción que tenía Yupanqui del sonido es la que trato de aprender porque el lenguaje cambia, pero el espíritu es el mismo. Y yo hace un tiempo tuve la posibilidad de charlar con él una mañana y me marcó porque me dijo: “Una cosa es ser famoso –para eso hay que hacer tres o cuatro cosas y se logra- y otra cosa es ser un artista. Si usted quiere ser un artista, el camino es largo” Y ése es el camino que estoy tratando de recorrer.

¿Has tenido la oportunidad de ser docente, de formar a otros pianistas?

-Sí, yo tengo una vocación igual de fuerte que es la de enseñar. Tengo muchos alumnos de piano y de canto y ya muchos están tocando. Están recién apareciendo y yo trato de que cada uno tenga su sonido, tenga su estilo y se vincule con el piano desde la espontaneidad y desde el corazón.

¿Qué recordás de tus experiencias como alumno?

-Tuve grandes profesores en Santiago del Estero, que fueron los primeros que me pusieron las manos en el piano. Después estudié en la Universidad de Córdoba con el maestro Humberto Catania que fue durante años pianista de la sinfónica y aprendí que más allá de la técnica lo mejor que puede dar un maestro es el compromiso con el alumno y creer en lo que el alumno cree. Ese compromiso vale mucho más que muchísimas cosas técnicas   

¿Qué te aporta, a nivel personal, la docencia, el hecho del intercambio con otros músicos?

-Siempre digo que si me pasa algo en la mano y no puedo tocar, voy a ser muy feliz enseñando. Creo que el intercambio afectivo, la nobleza del vínculo que tienen el profesor y el alumno es algo muy difícil de repetir. Yo doy clases individuales y siempre soy tan enriquecido como el alumno. Por otro lado, en Buenos Aires que es donde vivo, mis alumnos son mi familia. Puedo haber tenido un alumno hace veinte años, lo encontrás y entre ese alumno y vos ha quedado un vínculo para siempre, es maravilloso.


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