Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


10/02/2005

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RECORDAR


Hay que vivirlo para poderlo contar. No hay otra forma. Lo que se rescata, lo que se atestigua, lo que se aprende del momento, cobra sentido viviéndolo. Haciéndolo práctico en la vida de uno de ahora en más. No hay otra forma. ¿Cómo imaginar que a sólo cuarenta cuadras del Obelisco se ofrende a la Pachamama y se le organice una fiesta en su honor? ¿Cómo imaginar que se mantienen costumbres y tradiciones ancestrales, casi intactas, en el centro geográfico de la ciudad de Buenos Aires? ¿Cómo?

Un busto de Güemes, permanece inmóvil en el jardín observando la escena. Está bordeado por el poncho rojo y negro, la insignia de la más pura tradición salteña. Una pintura enorme vuelve a reflejar al general, pero ya acompañado de los cerros, de copleras y de hombres de sol. Una pirca se levanta en el medio del patio, entre pastos bajos. Algunas máscaras se ocultan entre maderas y restos de esculturas. Botellas de vino, de las más bellas, están condenadas a vaciarse ni bien termine la ceremonia. Serpentinas que cuelgan de una planta. Mucho papel picado. Porciones de alimentos, ofrendas para la Pachamama. Cereales. Legumbres. Galletitas. Cerveza. Cigarrillos. Vino.
 
Designación del cacique
Los notables tomaron asiento. Julio Arroz fue el maestro de ceremonia. Todo fue en silencio, tal cual como lo había pedido Don Andrés Gauna. “La verdad es que estoy muy contento, orgulloso. Realmente no lo esperaba que me nombraran cacique. Realmente me sorprendió eso de que me dieran el bastón de cacique. Es un juramento que uno hace y uno mismo lo tiene que sentir. Tiene que sentir el ser comparsero, el ser del interior como soy yo. Hace muchos años que estoy en Buenos Aires, pero no pierdo ni mi tonada ni los sentimientos de ser comparsero”, expresaba Ignacio Juárez, momentos después de ser elegido cacique y de tomar la posta de la defensa de los valores morales y culturales de la tradición de los antiguos. Se lo nota muy contento. Sabe, que por tradición, no puede ni prestar ni regalar el bastón que fue confeccionado por Andrés Gauna, un brillante artista plástico. Juárez refleja en sus ojos el paisaje de Salta y comenta acerca de su residencia en Buenos Aires: “a veces cuesta un poco, porque yo también me visto de gaucho, bailo y todas esas cosas. Y una vez, estuvimos en Palermo, en una feria de comunidades, que nos habían designado a nosotros y fuimos, y resulta que fui a comprar tapas de empanadas a un supermercado y resulta que fui de gaucho y la gente me miraba como diciendo: -De donde salió este!. Pero yo lo siento y me molesta. Yo me siento uno del interior, me siento un argentino. Pienso que la ropa no hace a la persona. Sentimos la ropa, la vestimos y la defendemos con orgullo”.

Juárez es secretario del Centro de Residentes Salteños de la zona oeste del gran Buenos Aires. Al respecto del Centro comenta: “es una institución sin fines de lucro. Es una institución que hace ayuda a las distintas escuelas de la provincia de Salta en zona de frontera, en zonas desfavorables, en lo cual ya estuvimos colaborando hace un tiempo con heladeras y con ropa. En estos últimos tiempos no estuvimos mandando porque estuvimos un poco más ocupados en la construcción de la institución, es así que pensamos que este año, terminando un poco con el tema de la construcción vamos a volver a colaborar con estas entidades que mucho lo necesitan. Otra de las actividades que tiene el Centro, es que tiene una escuela de danzas a la cual van muchos chicos. Alrededor de sesenta alumnos, entre chicos y grandes más o menos debemos andar en las ochenta personas. Yo me baso más bien en los chicos, porque la función del centro es sacar a los chicos de la calle, para que vayan a aprender. Nosotros prácticamente pagamos a las profesoras y ellos pagan un plus chico, mínimo, para que puedan aprender el folklore, que realmente es la tradición de los salteños, como la zamba, la chacarera, el gato, el escondido, una cueca, que eso es lo que se baila en el norte argentino. Y después, estamos con eventos permanentes. Ahora estamos con los carnavales. Tenemos nueve domingos de carnaval y tenemos distintos nombres los domingos. Ahora tenemos el entierro del carnaval, luego tenemos la elección de la reina y así sucesivamente. Tenemos los domingos copados. Para los salteños este Centro anda muy bien. No es porque yo sea el secretario, pero la institución tiene unos baños que realmente ninguna peña los tiene como nosotros los estamos ubicando, la cocina lo mismo. Estamos dándole a la gente que viene todo lo necesario para sentirse cómoda”.

Verborrágico y feliz por contar de su casa, Juárez aclara: “no recibimos apoyo de ningún lado. Nosotros nos mantenemos. El apoyo, viene prácticamente de los socios que trabajan ad honorem. No se llevan prácticamente nada. Todo lo que entra vuelve en obras”.

“En nuestro Centro estuvo presente el Chaqueño Palavecino, mucha gente así importante de Salta que estuvieron actuando en nuestro predio. Después vienen permanentemente a nuestros festivales. Nosotros tratamos de darles oportunidad o trabajo, porque le pagamos a la gente que viene, muchachos salteños que toquen el fuelle, que se muestren como folkloristas, y los tenemos adentro de la carpa”, destaca el flamante cacique.

Imparable, Ignacio comenta: “Yo formé la comparsa del Centro de Residentes Salteños en Buenos Aires hace tres años. Año a año la voy mejorando, y le voy tratando de darle lo mejor posible. Este año la tengo bien armadita. La comparsa es algo nuevo para la gente acá de Buenos Aires. En la Feria de Mataderos, me di cuenta de que me hacen subir al escenario con cinco muchachos, cuando estaba tocando un conjunto y la gente en vez de mirar a los que bailaban se daban vuelta para mirarnos a nosotros arriba. Y lo que hacíamos. Nosotros estábamos parados. Cuando el fuellista deja de tocar y nos pide que hagamos un canto, en lo cual lo hicimos, la gente se copó con nosotros y eso les llamó mucho la atención. Es una lástima que no nos dejen demostrar todo lo que nosotros hacemos, porque la gente se amontona. La comparsa es algo que se describe o que se puede sentir, aquel que lo siente como yo lo siento, al son de las cajas y de los silbatos, la gente sola. Porque es un ritmo que es pegadizo y te invita a seguir bailando el ritmo que viene llevando la comparsa. Allá en Salta cada barrio tiene su comparsa. Hay muchos. Hay buena convivencia entre todas. Hoy se trata de competir con los otros barrios y con las otras villas, no son villas miserias, como las denominan acá, sino que son barrios con casas donde la gente puede vivir. Yo soy nacido en la Villa Belgrano. Hay mucha gente que se confunde. Tratamos de demostrar que con nuestros cantos, con nuestras vestimentas, con nuestros accesorios, podemos sobresalir de las otras comparsas. De ahora en más, donde me inviten voy a llevar la comparsa para que vean lo que es y para defender a Salta”.
 
El entorno
Miradas que por primera vez eran testigos de la más pura tradición. Participaban de la ceremonia, siguiendo los consejos del dueño de casa, don Gauna, un verdadero héroe y defensor de la cultura salteña. El pozo en la tierra estaba hecho, los alimentos y las ofrendas al costado esperaban a los participantes de la ceremonia. Los participantes más pequeños se asombraban con las guirnaldas. Los mayores, en silencio, contemplaban el paso de cada uno de los hombres y de las mujeres, a la ofrenda.

“Me parece impresionante lo que está sucediendo esta noche, es una cosa que no vivo desde hace varios años desde que estoy en Buenos Aires. Voy siempre a Salta, pero realmente es una cosa muy linda. Emocionante. Y realmente no me lo esperaba”, decía Litín Ovejero, un compositor y músico oriundo de la ciudad de Metán, en la provincia de Salta. Acerca de sus experiencias pasadas, Ovejero comenta: “yo viví esto cuando era muy chico, y hasta los veinti pico de años, cuando me vine a vivir a Buenos Aires. Donde me vine realmente a cantar


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