Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


23/09/2009

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RECORDAR


El sexteto que vierte sobre el escenario diversos lenguajes musicales presentó su primer trabajo discográfico en el Limbo -esta actuación se realizó el jueves en el Ultra Bar- con el objetivo de seguir difundiendo y apoyando la búsqueda y experimentación de artistas independientes.

La noche estaba preparada para disfrutarla a pesar de la lluvia incesante que reinaba en la calle, en el mundo real. En cambio, dentro,  en el mundo de Ultra, la noche sería una fiesta y qué mejor fiesta que el cuerpo bailando, sintiendo el ritmo sonando en su interior.

Doña María sería el grupo que nos llevaría por ese camino del baile, por rumbos desconocidos dentro del folklore, explorando con los instrumentos nuevos sonidos y ritmos, fusionando culturas y países como hermandades.

Más de 50 personas se encontraban ubicadas en sus sillas y mesas cuando subió al escenario Sergio García Marín, voz y contrabajo del grupo, para enseñarnos su música. Veíamos una faceta de él muy distinta a la que se presentaría a continuación con el contrabajo. Entre canciones propias con solo una guitarra, desplegó el lado sensible del ser humano.

Sin demoras, uno por uno fueron subiendo al escenario: María José Galliano (voz y caja), Juan Ignacio Serrano (guitarra y voz), Sergio García Marín (contrabajo y voz), Fernando Radl (voz, MC y percusión), Marcelo Von Schultz (percusión), Dj Raffa (scratch y sampler), conformando un sexteto acústico que nos presentaría su primer trabajo discográfico, producido independientemente.

Comenzaron tocando temas como “Ignatia”, “Los ejes”,  “Ya me voy”, hasta que llegó el esperado de la noche: “El pescador”, donde diversos instrumentos fueron tomando lugar llamando al cuerpo a bailar.

Doña María tiene una personalidad propia y marcada que toda persona que los ve en vivo inmediatamente percibe. Es ese cantar, esa forma de moverse, esa energía que tienen arriba del escenario lo que los hace viajar por rumbos diversos con total seguridad.

El grupo reinterpreta canciones del repertorio folklórico Latinoamericano con sonoridades y ritmos de otros géneros musicales como el rap, la cumbia, dub, el pop y elementos de la electrónica. Y el resultado es que verdaderamente los fusionan muy bien. Es en este encuentro entre el campo y la ciudad donde nos deja el grupo, entre una guitarra criolla y bandejas de vinilo donde, a veces, nos sentimos perdidos sino sabemos en donde buscar.

Sin embargo, los acordes de una chacarera llegaron y finalmente se pudo dilucidar una pareja entre diversos cuerpos marcando el zapateo y zarandeo.  Y en esa letra se escuchaba “la tierra adentro la hace bailar, la hace bailar”. Paralelamente teníamos a simple vista un gran cuadro colgado de una de las paredes, donde una mano gigante naciendo de la tierra agarraba un mate, demostrando que nuestras raíces están presentes en todo viaje que emprendamos.

Todos los sentidos siguieron de la mano del grupo acompañando temas como “Plantía”, “Clavelito” y “Beatriz”, hasta que disfrutamos de “Vidala del monte” de León Gieco pero con la marca de Doña María.

Fue llegando el final de la noche y María José, cantante del grupo, hizo un pedido: “nadie debería quedar sentado”. El pedido fue cumplido por todas las personas que asistimos al show y aquellas que nos quedamos después de éste, ya entrando la medianoche para no permitir que el cuerpo se duerma.


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