Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


18/09/2009

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RECORDAR


Es inútil pensar su muerte. Ella está siempre acompañándonos en el camino junto a su maestro: Atahualpa Yupanqui. La poetisa autora de tres libros que contienen sus escritos, la guitarrista y la cantora…no murió. Sus poemas y músicas, son las flechas que ya están en el aire. No resucitó porque no murió. Nadie que la haya visto y escuchado, la cree muerta. Y la nueva aparición de un libro editado por Corregidor, que habla sobre su obra y donde ella, en formato de charla, define el universo pampeano en todas sus expresiones, reivindica su compromiso eterno, ese que nadie apagará.

En la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI), se llevó a cabo el pasado lunes 14 de setiembre, la presentación del libro de René Vargas Vera “Suma Paz. El canto de la llanura”, reedición de un libro anterior titulado “Suma Paz, por la huella luminosa de Yupanqui”, que el autor publicara en el año 1992, luego de comenzar las charlas con la filósofa en un invierno de 1990 en la ciudad de Ituzaingó al oeste de la provincia de Buenos Aires.

Una revisión de la primera edición, con una nueva introducción, releído con el paso de los años y donde se destaca entre otros apartados “Tributo de músicos”, donde dejan sus testimonios colegas de la santafesina, como Eduardo Falú, Carlos Martínez, José Ceña o Juan Falú y donde faltan sumar muchas más voces porque es injusto como todo criterio de selección. 

René Vargas Vera, a modo de introducción cuenta: “desde aquel columpio en que se hamacaba, niña todavía, vislumbró Suma Paz su destino en el canto. Era la hora de la siesta. Y ella solita, meciéndose en su rústico asiento, escudriñando, adivinando el misterio escondido entre el inmenso campo de sembradíos, bajo el sol ardiente. ´De pronto se levantó la pampa. Se me presentó´, confiesa Suma en este relato. Fue el momento mágico de la revelación. Suma Paz debía cantarle a esa llanura infinita. A su paisaje, a su gente. Debía recuperar y honrar el olvidado cancionero que los retrataba. Fue éste el tácito mandato intuido en una de aquellas inolvidables vacaciones, en la chacra que cuidaba su abuela, cerca de San Nicolás. Y ocurrió además que, entre la escena imborrable de aquella planicie de asombro y el designio, y los sabios consejos de su abuela ranquel, se sumó de pronto, furtivamente, en la cocina de los peones, la cadencia rumorosa de la milonga. Pampa y milonga juntas. Todo formaba parte de una predestinación. Años más tarde, a esa jovencita de 16 años, que terminaba el secundario, le fue dado descubrir a quien sería su maestro de toda la vida: Atahualpa. El que le marcaría ´los rumbos profundos, decisivos: rumbos definitivos´. Otra vez Suma había sido elegida. Ahora como depositaria de un legado: seguir la huella luminosa de Yupanqui. Y prolongarla. De allí nace esta historia, hecha de recuerdos, vivencias, reflexiones y verdades”.

Entre el público se encontraban Teresa Parodi, Jaime Torres, Leopoldo Federico, Susana Rinaldi, Atilio Stampone, Ramón Navarro, Manolo Juárez, Carlos Martínez, José Ceña, Federico de la Vega, entre otros, que disfrutaron de la presentación de este material imprescindible, en palabras de Vargas Vera y de la familia de Suma Paz, para conocer una gran parte de nuestro cancionero criollo y sumergirse en el misterio poético de la pampa.

Luego se proyectó un video donde aparecían muchas fotos de Suma Paz junto a amigos como Alberto Merlo, “el Indio” Urquiza y Atahualpa Yupanqui  sobre un fondo musical de milongas. El cierre musical, lejos del universo yupanquiano, estuvo a cargo del gran pianista y compositor Facundo Ramírez, acompañado por Fabián Leandro en guitarra.

De este modo se recordó una vez más a la mujer que le gustaba definirse como “una cantora, que a veces escribe poesía”.


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