Notas
CRÓNICA EXCLUSIVA


05/08/2009

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RECORDAR


Artistas con caja se reunieron el domingo en el Espacio Ecléctico para revivir en los cantos anónimos ancestrales las primeras expresiones del hombre. Bagualas, tonadas y vidalas en comparsa, solistas o dúos fueron los protagonistas de este ciclo que seguirá tomando fuerza los primeros domingos de cada mes.

Una sala oscura con 30 butacas y un círculo iluminado en el centro serían los testigos de este encuentro íntimo para personas que sienten en los cantos ancestrales junto a una caja una unión con la naturaleza, consigo mismo y con otros seres humanos.

El bagualazo es organizado por Miriam García para el encuentro de cantores con caja que quieran incursionar en este arte verbal y también para los que ya están familiarizados con este género.

La organizadora al entrar a la sala invitó a los participantes a formar una ronda y comenzar con los solistas y comparsas que se basan en la tradición oral, las personas escuchan y repiten lo que la solista canta, generándose una energía particular en el ambiente que te traslada a un nivel diferente del cotidiano, se siente una particular conexión con las personas, con los instrumentos y con el alma.

Las palabras que navegan por estas coplas son ligadas al campo, al calendario agrario, a la siembra, temas como la puesta y la salida del sol, la vida del campesino en su soledad y compañía con la naturaleza: “Las estrellitas del cielo forman corona imperial y sola en el medio del campo vidala quiero cantar”. Luego del término de una baguala le sigue el grito final, como explica Miriam: “El grito final es la idea de cierre y además es catártico, acá lo hacemos a tiempos urbanos pero cuando se cantan en las zonas regionales es un grito de descarga, el canto te carga y los gritos son para descargar la energía. El campesino está solo en la montaña trabajando la tierra y está acompañado por su caja y su canto”.

Luego del canto colectivo, cada uno volvió a su butaca para disfrutar del “micrófono abierto”, cada persona que quisiera podía cantar bagualas, tonadas, coplas y así lo inauguró Adriana con “Duraznito verde”, a la que le siguió Teresa de Salta que homenajeó a la madre tierra cantando “Pachamama te venimos a ofrendar, hojas verdes y sagradas, madre tierra te he venido a  agradecer”.

Rosalía, en cambio, trajo unas coplitas de su provincia de origen, Jujuy, e hizo sentir a los cerros de Humahuaca en el salón. Florencia también cantó una tonada de Jujuy expresando “Yo quiero hacer de mi vida nada más que un fogoncito, que no me hagan daño pero que sepan que existo”.

Y así, a medida que la tarde se alejaba, los cantores fueron presentando más y más coplitas hasta que llegaron los contrapuntos, en el cual un hombre canta  y la mujer responde a su propuesta de amor. También llegaron los dúos de la mano de una vidala santiagueña y una baguala salteña.

Miriam cuenta que cualquier persona puede participar de estos cursos ya que forman parte de la necesidad humana. “El cantar en las grandes ciudades está permitido para aquel que sabe cantar, para el que es afinado, hay un montón de requisitos en nuestra cultura que tiene que tener el que canta; en cambio estos son cantos puede hacerlo cualquiera, es una necesidad que está dentro de la naturaleza del ser humano. En otros países de Latinoamérica el canto es más cotidiano que aquí”.

Como cierre final volvimos al círculo propuesto en el medio del salón y cantamos y tocamos con nuestras cajas los cinco temas del inicio con uno nueva comparsa  propuesta, una vidala de Salta que habla del amanecer: “Es verde la albahaca, rosado el clavel, y verde el romero, morado el laurel. El amor y el mate van aflojando hay que cambiar la yerba de vez en cuando”.

Finalmente dejamos el salón satisfaciendo una necesidad humana, una necesidad de expresar lo que en nuestro interior está encerrado, atado u ocultado y poder expresarlo en grupo, junto a nuestros pares para revivir y hacer valer nuestras raíces populares.


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