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NOTA DE INTERÉS


05/11/2018

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RECORDAR


Y una vez, el malambo tuvo su festival exclusivo para mujeres. Lo que, prejuicios mediante, parecía imposible, se convirtió en una realidad el 13 de octubre pasado, en la misma Córdoba en la que nació el festival que cada año elige al mejor malambista hombre del país y deja afuera a las mujeres, que decidieron ponerse las botas para mostrar sus mudanzas y sus destrezas en la danza que para algunos es la más masculina de todas.

José Luis Báez, reconocido profesor de danzas, fue uno de los cerebros del festival. Preparador de malambistas campeones en Laborde junto con su hermano, contó que la idea de “darle la apertura a las mujeres que encontramos en muchas competencias con mucho entusiasmo y haciéndolo muy bien. Queríamos darle el espacio necesario”, dijo Báez.

“Durante muchos años ha sido relegada la mujer, en los deportes como el fútbol y el boxeo, por ejemplo, y también en el malambo vienen pechando, les guste o no a los hombres, con una gran cantidad de malambistas que practican esta danza apasionante”, dijo el organizador de esta primera e histórica edición, que consagró a malambistas de alto vuelo y de distintos puntos del país.

La subcampeona nacional de malambo femenino Florencia Álvarez, representó a la provincia de Mendoza, pero vive en Guernica, al sur del conurbano bonaerense. Ella también se dio el lujo de que una alumna suya se consagre como la mejor entre los juveniles.

“El malambo femenino es una expresión nueva, una creación artística diferente que no tiene nada que ver con el malambo masculino. Coreográficamente es totalmente distinto al malambo del varón y es una creación que está en formación pero se practica desde hace muchos años en todo el país y por eso merecía un festival propio”, dijo Báez, formador de profesores de danzas y especialista en malambo.

“No se trata de zapatear como hombres, sino de no perder la femineidad teniendo la técnica de los movimientos de acuerdo al malambo que se quiera mostrar. Y uno de los jurados es una mujer que le aplicó una mirada femenina”, resumió Báez.  

En Villa Carlos Paz presentaron además una nueva categoría: dúo de malambo mixto. “La idea es coordinar dos géneros. No es un contrapunto, es un dúo y el desafío es poder coordinar coreográficamente sin que uno se ponga por encima del otro. Todo lo hicimos con respeto a nuestra danza tradicional”.

  Las primeras campeonas 
“Estoy feliz de poder lograr mi sueño con sacrificio y dedicación en este arte que es tan hermoso”, declaró Maira, la mejor entre 11 participantes de la categoría mayor. “Es un espacio muy bueno para todas las mujeres. El malambo femenino ha evolucionado de una manera increíble”, valorizó la primera campeona.

Maira impactó con un malambo “bien tucumano” según ella misma lo definió; elegancia en las mudanzas y golpe de bota fuerte, la marca registrada de su provincia. La joven zapatea desde los cinco años y ahora a los 24 y siendo profesora de malambo le llegó el momento. “Solo había competido en contrapunto de malambo femenino, pero este es el logro más grande que he conseguido”, dijo.

Maira se dejó un párrafo para hablar sobre la importancia del premio. “Sentirse viva de lo que uno ama. Disfrutar y sentirse plena en el escenario, eso es lo importante, el resto, el premio es un accidente”, dijo la campeona.

Sofía Gómez, oriunda de Burzaco, se consagró como campeona solista menor de malambo femenino. Tiene 8 años, zapatea frente al espejo de su casa desde los 4 años y hace apenas cinco meses tomó sus primeras clases con un profesor que al preparó en el Centro Enrique Santos Discepolo de Burzaco.

“Lo que siempre le gustó más allá de la danza folklórica fue el malambo, pero no le enseñaban porque era una nena o porque era chica. Fue aprendiendo sola hasta que hace unos meses empezó un taller junto con sus profesores, Ezequiel Maya y Florencia Álvarez”, le cuenta a FolkloreCLUB Luis, el padre de Sofía.

“En poco tiempo los profesores la fueron preparando. Ella tiene facilidad y habilidad para el malambo, algo que hasta nosotros mismos nos sorprendió”, cuenta su padre. Sofía fue a un concurso en el club San Martín de Burzaco en agosto pasado, compitió en malambo femenino, pero como no existía su categoría bailó con las más grandes y ganó el premio revelación, ante la mirada azorada del jurado.

Sofía ejecutó el malambo surero, delicado, exacto, sin la estridencia de las botas fuertes del norte argentino; el típico baile del gaucho de la ancha pampa, ejecutado con botas de potro.

La cordobesa Cielo Ochoa también entró en la historia: se consagró campeona juvenil de malambo femenino. Baila malambo desde los ocho años. “No me esperaba ser la campeona”, se sinceró Ochoa. “Cada vez se largan más chicas a bailar malambo”, dijo la joven, que accedió a una propuesta de su padre de empezar a desarrollar el malambo. Y nunca más paró.  

Cuatro elegantes niñas de Monte Quemado, Santiago del Estero, se consagraron como las primeras campeonas nacionales de malambo combinado femenino categoría menor.

Cuando pasen los años, a todas ellas las recordarán por ser las primeras campeonas nacionales, las representantes femeninas de una danza que demuestra que no hay género cuando se ama lo que se hace, desde la cabeza hasta los pies.


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