Notas
ENTREVISTA


06/09/2018

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RECORDAR


FolkloreCLUB habló con Abel Pintos, en el marco de la presentación de la gira La Familia Festeja Fuerte, en nuestro país. Fue en Córdoba -donde actuará los días 27, 28 y 29 de noviembre con dos funciones agotadas-. Hablar con Abel es hablar de música definitivamente, pero además de cuestiones que van más allá y él en palabras, las trae más acá...

Abel viene de una gira por varios países en donde “quería mostrar lo que se busca lograr con el público, como acá, más que la música”. El reencuentro con su gente, que llenó dos River es el motivo de las notas. Pero la predisposición con cada periodista es lo que obliga a quedarse mirándolo y analizándolo. Viendo si en algún momento deja de sonreír. Y no. Una vez dijo que componer era como reírse y en ese momento lo debe estar haciendo. Porque va eligiendo una tras otra palabra, para contestar. Abel, saluda, sonríe de nuevo, recuerda una entrevista previa de hace unos años demostrando que está en todo, festeja su memoria, responde que no hay problema si le sacamos varios minutos y comienza la charla…

El 2017 lo terminaste con dos River. Antes de esos shows dijiste que era una especie de “gloria musical”, por ser un escenario donde tocan bandas de renombre nacional e internacional.  Después de eso, ¿cómo sigue esto? ¿Cuál es la gloria ahora?
Leiva, músico y amigo de España que admiro mucho, me dijo ante la consulta de dónde tocar en Madrid, que debía hacerlo en Sala El Sol. Esa sala es mítica, sobre todo para las grandes bandas del rock de España. Luego de que él intervino para que tocáramos y que diéramos el show, se me acercó y me dijo: “Tocar acá es una medalla que tenías que colgarte en España. No todos pueden decir haber tocado en Sala Sol”.  Esa idea de una medalla que te colgas me quedó, entonces ahora entiendo todo no tanto con llegar a un lugar determinado, sino lugares para alcanzar y que uno se pone como objetivos. River fue eso: una medalla importante para mí y para el público también.

Que el público también se cuelgue una medalla, es porque Abel reconoció desde el escenario a varios que lo siguieron siempre, desde el comienzo cuando siendo muy joven cantaba en una pizzería de La Plata.
Y después de River él se quiere seguir colgando medallas: “Tengo muchísimas cosas para hacer, porque siempre querré vivir algo en particular y compartir con el público. Por ejemplo quiero sin músicos, yo solo. Pero tengo que ver cómo hacerlo, porque no soy virtuoso con los instrumentos”. Dirá que no es fácil que una persona lo escuche a él sólo, con la guitarra. Por eso quiere construir “tan de a poco ese espectáculo” como lo viene haciendo, para poderse colgar la medalla de “ser un tipo capaz de hacer un show de dos horas sin ser virtuoso con los instrumentos”.

 Una caricia al viento y se calma 
Abel habla con las mismas ilusiones y el mismo ímpetu con que lo hizo siempre. Si alguien lo escucha ahora o hace un tiempo entiende que habla con la calma y la seguridad, de alguien que no para de cosechar.
No me sale de otra manera. Las veces que intenté hacer jugadas que tengan un efecto inmediato, no han sucedido y tampoco me hicieron sentirme cómodo en el proceso, por eso prefiero hacerlo de esa forma.

¿Podrías hacer este show solitario en Cosquín? De hecho en enero cuando festejaste los 20 años, no había pantallas ni efectos rimbombantes… Y de paso te consulto sobre ese show, porque conmoviste a propios y ajenos. ¿Cómo lo viviste?
Así como lo decís. Fue muy conmovedor. Para mi era un reencuentro cantar Fuego de Animaná, después de 18 años de no cantarla. Y era un desafío artístico, porque quería homenajear y conectar con el Abel que había cantado en aquel Cosquín de 1998. Pero no quería ser ese Abel.

 Es que ya no lo sos… 
Claramente. Pero no quería ni intentar llegar a serlo. Fue muy fuerte auto homenajearme de alguna forma, versionarme a mi mismo. Por ejemplo cuando canté El Antigal hace unos años, en el escenario pensaba en que estaba homenajeando a Daniel Toro, a quien admiro. Pero este año, hacía lo mismo autoversionándome, encima no al “mí” de hoy, sino al niño que fuiste y eso emocionalmente es muy fuerte. Entonces me subí al escenario, dije que sea lo que tenga que ser y cuando el público recibió con tanto cariño algo tan personal fue muy conmovedor. Eso me hizo entender realmente que esto tiene un tratamiento familiar. Yo venía de dos River y la gente no esperaba que replicara lo mismo. Sino que diera lo que quisiera dar y eso brinda una libertad creativa e interpretativa, que valoro muchísimo, por sobre todas las cosas.

 Gratitud 
Abel deja ver un tatuaje en su cuello, que resume mucho su carrera, su vida y estas valoraciones que tiene para con su público. El tatuaje dice “Gratitud” y eso es lo que hace Abel en cada gesto y en cada felicitaciones por lo que está logrando. Como si no lo creyera, como si siguiera siendo ese niño, que fue creciendo a la par de su gente. Una vez Víctor Heredia le dijo que leyera, para poder decir las cosas cuando no existieran palabras. Y él, siempre las fue encontrando.

Ya que hablaste de la “familia”, quiero destacar cómo fuiste llamando al público: Primero “peregrinos”, después “cómplices” y ahora Familia. ¿cómo llegas a esa palabra tan importante, con tanto peso y profundidad?
Es lo que va sucediendo. Tengo la posibilidad de poner adjetivos a situaciones. Yo en 2009 empecé a ver cómo la gente empezaba a viajar a mis conciertos. Caía 20 combis dos colectivos y yo decía: ¿qué es todo esto?. De ahí compuse Peregrinos, porque los veía peregrinar literalmente a los conciertos.

Luego de Sueño Dorado, que fue un disco demasiado conceptual, ya tenía pensado hacer Abel, el disco más Pop hasta ese momento. Muchos me decían que era una jugada arriesgada, porque venía de hacer un disco con mucha raíz y mística”, pero era lo que quería hacer. Y cuando salió el disco, la gente agotaba y agotaba funciones en el Luna Parrk… ¡Y ni habían escuchado el disco! Pero con eso me decían: “Loco, el tema es que estás ahí arriba y vamos a ver qué haces ahí. No importa qué hagas”. De ahí salió lo de cómplices, porque lo son ante cualquier acto al que me arroje a hacer en lo artístico.

Y con lo de la Familia pasa lo mismo. No me pongo a crear conceptos de una forma canchera, marketinera u oportuna. Es lo que pasa. Si vas a un concierto y ves una familia entera, no hay que pensarlo mucho.

Pasa lo mismo con los nombres de los discos. Reevolución fue justamente el quiebre para crecer, Sueño Dorado te llevó a ganar el primer Gardel de Oro, Abel fue el que más te representó, ahí estabas vos…
A los discos me gusta llamarlos por lo que representan en una etapa en particular. Tengo la posibilidad de mencionar las cosas. Y explico lo de ‘posibilidad’: Es muy significativo para mí poder mencionar una etapa con una palabra y que después, mucha gente identifique una parte de su vida con eso. Pero lo hago realmente desde lo que siento. No lo intelectualizo.

Volvamos a la Familia, entonces. ¿En esta familia quién serías? ¿El hermano mayor al que todos admiran?
(Risas). No, no…

Piensa, se toca la frente como buscando la mejor definición, la palabra adecuada. Vuelve a sonreír y dice: “Mi rol en la familia es hacer el asado. No sé quién hace el asado en cada familia, pero acá lo hago yo. Todos vienen al encuentro”.
Panza llena, corazón contento.

 El músico  
Abel quiere seguir yendo despacio, pero firme. Ya quedó atrás hacer música tradicionalista, pero si va en camino a ser tradicional. Hace un tiempo que le dijo a este periodista, que quiere afianzar un “idioma, estética y personalidad” dentro de la música, para sentirse consagrado cuando pueda crear algo suyo. Eso comenzó con el disco Abel y hoy en día continúa. Sabe que “de a momentos es medio amorfo” pero lo disfruta. Habla de su obra y dice que le está dando martillazos con cincel, que cada martillazo es lo que quiere y necesita darle, más allá del efecto que provoque.

Y seguro habla de efectos, porque nunca pasó desapercibido. Ni siquiera cuando comenzó hace 20 años, con el disco Para cantar he nacido.

Lo primero que escuchamos de vos, fue “Para cantar he nacido soy copla que el viento lleva”.  Pareciera ser que te estabas presentando desde el vamos, que ibas a ser esa copla. ¿Estoy muy errado?
Cuando yo era un niño, más que ahora, sabía que quería emprender un viaje en este país de mucha gente que hace muy bien la música. De chico no quería destacarme como músico, pero sí hacer música. Después me fui destacando de alguna u otra manera, pero no era el objetivo fundamental.

Lo explicará mejor cuando diga que “tenía que ver con que cantar era como sumar una voz más, o largar una copla más”. Jamás quiso ser “el viento que lleva la copla” y entiende que si cantaba “aquello era que había una conexión con lo que estaba diciendo, porque lo veía así”. Ese ”dejar algo más, ofrecer algo más a la música” hoy lo sigue sosteniendo: “Hoy en día tampoco me pienso como un constructor de bases fundamentales de la música futura, sino más como un aportador”.
 
 La vida 
Abel habla de forma de vida. Y en la suya cuida las formas. Como dijo alguna vez en una entrevista, trata de evitar conflictos. La pregunta entonces es, si por eso no se ha manifestado públicamente sobre algunos temas o debates sobre derechos de género, feminismo, etc...
“En órdenes generales, no suelo dar opiniones. Suelo más bien actuar, de frente a cómo puedo hacerlo y con que puedo hacerlo, respecto de mis convicciones”. Hace una pausa, se rasca la cabeza para poder decir algo si ofender a nadie y dice: “Me resulta curioso, porque muchas veces me hablan de actos solidarios y qué se yo… Yo hago un montón de cosas de las que nadie se entera porque no me interesa que se enteren. Porque si lo hago es porque quiero hacerlo y tengo una convicción de hacerlo. Y hago lo que siento que puedo hacer.

Yo lo preguntaba puntualmente, por si el evitar el conflicto también era no recibir algún comentario negativo, por alguna opinión.
No en absoluto. Es en relación a que si alguien me dice algo de mi o de mi música, que no sea un halago, no lo tomo como un ataque. Lo que vos pienses esta buenísimo. Ojo, no generar conflicto tampoco es correrme de las cosas, sino que actúo de acuerdo a mis convicciones... No necesito hablar de aquello. Estoy seguro de lo que pienso y como pienso, y actúo de acuerdo a eso.

Cuenta la historia que cuando era chico, entró a una disquería y se emocionó hasta las lágrimas por lo que escuchó. “Cuando ya me empiece a quedar” solo de Charly García, en la voz de Mercedes fue lo que lo conmovió. Hace unos meses se sacó a la venta el libro de fotos de sus shows en River, y el mismo Abel escribió: “Como un idioma. Como de ciencia ficción: cada uno desde su planeta abre los canales del alma y utiliza la misma canción que los demás para decir lo suyo –agrega–. Esa voz y esa forma pertenecen a un ser en el que estamos todos y en el que somos todos. Eso es lo que experimento en el escenario; no sólo estoy frente de las personas a quienes canto, también me encuentro dentro de cada uno y lo encuentro dentro mío. Suena místico, así lo siento”.

Al final, por todo esto que escribiste y porque supiste conseguir una familia muy compañera, no vas a ser como el tipo de la canción. ¿O sí?
Vos fijate lo que dice la canción. Primero planeta una escena sombría, muy solitaria y termina diciendo y un montón de voces que me gritan y un montón de manos que me aplauden. O sea que toda esa situación sombría se desarrolló durante eso. Yo no aseguraría que eso no vaya a suceder. Hay que ver cómo llego a mi vejez. Cuando esté viejito, tal vez sienta que me empecé a quedar solo. Lo que veo de belleza en esa canción… Es que al final… Es como eso que dicen no hay kiosco en el cementerio. ¿Qué te querés llevar, no? Yo lo veo desde este lugar, cuando me empiece a alejar de la vida, no importa cuanta gente haya en el concierto. Porque cuando me vaya me iré solo, es como amigarse con eso. No temerle. Porque al final no es una escena horrible. Es un tipo con una radio gato, unos libros… ¿Qué tiene de feo eso? Esa es la genialidad de la canción. Como un libro…


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